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París multará con 68 Euros a quienes tiren una colilla en la calle

París multará con 68 Euros a quienes tiren una colilla en la calle

París multará con 68 Euros a quienes tiren una colilla en la calle
octubre 08

La alcaldía de la Ciudad Luz tomó esta decisión, que se aplicará a partir de este jueves.

Tirar una colilla en la calle puede resultar muy caro en París, cuya alcaldía decidió que ese gesto será castigado a partir de este jueves con una multa de 68 euros (75 dólares, o 45 mil pesos chilenos).

“Cada año se recogen 350 toneladas de colillas en París (…) Además de la contaminación visual, esas colillas representan una contaminación ecológica importante: contienen numerosos productos tóxicos que se propagan en los suelos y en el agua”, indicó la alcaldía en un comunicado.

La Tercera

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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