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Un filme luminoso: “Francisco. El padre Jorge”

Un filme luminoso: “Francisco. El padre Jorge”

Un filme luminoso: “Francisco. El padre Jorge”

Una cinta grata y entretenida, que −sin alardes cinematográficos− cumple con creces el objetivo de acercar a jóvenes y mayores la amable figura del Papa Francisco

La primera película sobre el Papa Francisco, estrenada el pasado viernes 18 en más de 80 cines de Argentina, venía precedida de una comprensible expectación, porque siempre supone un riesgo realizar un biopic sobre un gran personaje que todavía vive. Beda Docampo Feijóo, el director, y las empresas productoras −Pampa Films y Gloriamundi− decidieron correrlo. El resultado es Francisco. El Padre Jorge, una cinta argentino-española que se mueve dentro de una acertada sencillez cinematográfica, muy acorde con la personalidad del biografiado.

El guion, del propio Beda Docampo, se inspira en el libro “Francisco. Vida y revolución” de la periodista argentino-italiana Elisabetta Piqué, que se ha convertido en una ferviente admiradora del Papa. No es la única periodista argentina que siente predilección por Francisco, porque también Alicia Barrios se considera gran amiga suya y ha escrito un libro sobre él: “Mi amigo el Padre Jorge”. Quizá por ese particular magnetismo que el Papa ejerce sobre los profesionales de los medios, Docampo ha diseñado un personaje de ficción que resulta clave en la estructura del film: la periodista Ana, muy bien encarnada por Silvia Abascal. Alrededor de ella se articulan diversos flashbacks −a modo de pinceladas−, que componen la trayectoria de Jorge Mario Bergoglio desde su juventud hasta su elección para ocupar la Cátedra de San Pedro.

Que Darío Grandinetti no se parece físicamente al Papa es tan evidente como, tal vez, intencionado. Sin embargo, su interpretación es tan natural y convincente que el espectador no duda del parecido moral con Francisco y reconoce su humanidad, su cercanía, su humildad, su firmeza, sus réplicas ingeniosas, sus bromas porteñas…: todo le recuerda al primer Pontífice sudamericano de la historia.

Una de las bazas fuertes de la película es la hermosa fotografía de Kiko de la Rica (Goya por Blancanieves, Pablo Berger, 2012), que aprovecha los luminosos exteriores bonaerenses y sabe crear atmósferas intimistas, familiares o −pocas veces− siniestras, cuando la trama lo pide. La música es de Federico Jusid, conocido sobre todo por su buen trabajo en El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009).

Desde luego, el título no engaña a nadie y quienes vayan a ver “Francisco. El Padre Jorge” buscando intrigas políticas o vaticanas se sentirán defraudados, porque es un film con vocación de agradar a todo tipo de público, a creyentes y a no creyentes. Una opción no sólo legítima sino, en mi opinión, atinada. Es verdad que se podría poner algún reparo a algún punto del guión y al desarrollo narrativo, pero Beda Docampo acierta al subrayar los rasgos más característicos de su vida espiritual y de lo que será su pontificado: su devoción a la Virgen −a la que gusta invocar como Virgen de los Nudos− y a San José, su debilidad por los pobres y los enfermos, su compromiso con la vida y con la justicia, su mirada misericordiosa ante el error…

Como epílogo se insertan, a modo de flashes, imágenes auténticas del Papa Francisco, que redondean una cinta grata y entretenida, que −sin alardes cinematográficos− cumple con creces el objetivo de acercar a jóvenes y mayores la amable figura del Papa Francisco. Como primer filme, merece nuestro más sincero aplauso.

Juan Jesús de Cózar. ALMUDI, 23-09-2015

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Humor

Durante un viaje en avión a Chicago, un amigo del multimillonario Philip Knight Wrigley (1894-1977) le preguntó que por qué seguía promocionando los chicles que fabricaba su empresa si esta ya era la más exitosa de todos los tiempos en todo el mundo. Wrigley le respondió:

—Por la misma razón que el piloto de este avión deja los motores en marcha cuando ya estamos en el aire.

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Al devolver un original no solicitado a un autor novel, el sabio estadounidense Samuel Johnson (1709-1784), sin más miramientos, le dijo:

—Su manuscrito es a la vez bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena.

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