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Francisco anima a los jóvenes a no tener miedo a casarse

Francisco anima a los jóvenes a no tener miedo a casarse

Francisco anima a los jóvenes a no tener miedo a casarse
octubre 01

Más que explicar una y otra vez los defectos de la época actual y los méritos del cristianismo, hay que invitar con franqueza a los jóvenes a que sean audaces y elijan el matrimonio y la familia”, dijo el pontífice a los prelados norteamericanos.

El Papa Francisco habló a los obispos de la crisis del matrimonio en el aspecto institucional: “Hasta hace poco –dijo– vivíamos en un contexto social donde la afinidad entre la institución civil y el sacramento cristiano era fuerte y compartida, coincidían sustancialmente y se sostenían mutuamente. Ya no es así”.

Una consecuencia es el miedo de los jóvenes a casarse: “Nos equivocaríamos si pensáramos que esta ‘cultura’ del mundo actual sólo tiene aversión al matrimonio y a la familia, en términos de puro y simple egoísmo. ¿Acaso todos los jóvenes de nuestra época se han vuelto irremediablemente tímidos, débiles, inconsistentes? No caigamos en la trampa. Muchos jóvenes, en medio de esta cultura disuasiva, han interiorizado una especie de miedo inconsciente, y no siguen los impulsos más hermosos, más altos y también más necesarios. Hay muchos que retrasan el matrimonio en espera de unas condiciones de bienestar ideales. Mientras tanto la vida se consume sin sabor. Porque la sabiduría del verdadero sabor de la vida llega con el tiempo, fruto de una generosa inversión de pasión, de inteligencia y de entusiasmo”.

Que los jóvenes aspiren al ideal de la familia

El Papa pidió a los obispos que sepan ilusionar a los jóvenes con el ideal de formar una familia: “Como pastores, los obispos estamos llamados a aunar fuerzas y relanzar el entusiasmo para que se formen familias que, de acuerdo con su vocación, correspondan más plenamente a la bendición de Dios. Tenemos que emplear nuestras energías, no tanto en explicar una y otra vez los defectos de la época actual y los méritos del cristianismo, sino en invitar con franqueza a los jóvenes a que sean audaces y elijan el matrimonio y la familia”.

El pastor, continuó el pontífice, “ha de mostrar que el ‘Evangelio de la familia’ es verdaderamente ‘buena noticia’ para un mundo en que la preocupación por uno mismo reina por encima de todo. No se trata de fantasía romántica: la tenacidad para formar una familia y sacarla adelante transforma el mundo y la historia. Son las familias las que transforman el mundo y la historia”.

La obra maestra de Dios

En su discurso, el Papa contó que una vez, “un chico me preguntó: ‘Padre, ¿qué hacía Dios antes de crear el mundo?’. Le dije lo que les digo ahora a ustedes: Antes de crear el mundo, Dios amaba porque Dios es amor, pero era tal el amor que tenía en sí mismo, ese amor entre el Padre y el Hijo, en el Espíritu Santo, era tan grande, tan desbordante (…) que tenía que salir de sí mismo para tener a quien amar fuera de sí Y ahí, Dios creó el mundo, Dios hizo esta maravilla en la que vivimos. Y que, como estamos un poquito mareados, la estamos destruyendo”.

Pero “lo más lindo que hizo Dios fue la familia”, añadió el Papa. “Creó al hombre y a la mujer; y les entregó todo; les entregó el mundo: ‘Crezcan, multiplíquense, cultiven la tierra, háganla producir, háganla crecer’. Todo el amor que hizo en esa Creación maravillosa se lo entregó a una familia (…) Todo el amor que Dios tiene en sí, toda la belleza que Dios tiene en sí, toda la verdad que Dios tiene en sí, la entrega a la familia. Y una familia es verdaderamente familia cuando es capaz de abrir los brazos y recibir todo ese amor. Por supuesto, que el paraíso terrenal no está más acá, que la vida tiene sus problemas, que los hombres, por la astucia del demonio, aprendieron a dividirse”.

Francisco continuó diciendo que después del pecado original, Dios no dejó solo al hombre, sino que le mandó su propio Hijo, y no lo envió “a un palacio, a una ciudad, a una empresa, sino a una familia”: “Cuando el hombre y su esposa se equivocaron y se alejaron de Dios, Dios no los dejó solos (…) empezó a caminar con la humanidad, empezó a caminar con su pueblo, hasta que llegó el momento maduro y le dio la muestra de amor más grande: su Hijo. ¿Y a Su Hijo dónde lo mandó? ¿A un palacio, a una ciudad, a hacer una empresa? Lo mandó a una familia. Dios entró al mundo en una familia. Y pudo hacerlo porque esa familia era una familia que tenía el corazón abierto al amor, que tenía las puertas abiertas”.

En la obediencia de amor de esta mujer, María, y de este hombre, José, se da una familia en la que viene Dios. Dios siempre golpea las puertas de los corazones. Le gusta hacerlo. Le sale de adentro. ¿Pero saben qué es lo que más le gusta? Golpear las puertas de las familias. Y encontrar las familias unidas, encontrar las familias que se quieren, encontrar las familias que hacen crecer a sus hijos y los educan, y que los llevan adelante, y que crean una sociedad de bondad, de verdad y de belleza”.

Dificultades y esperanza

La familia, afirmó el pontífice, “tiene carta de ciudadanía divina. La carta de ciudadanía que tiene la familia se la dio Dios, para que en su seno creciera cada vez más la verdad, el amor y la belleza”, aunque se sabe que en la familia hay dificultades. “En las familias discutimos. En las familias a veces vuelan los platos. En las familias los hijos traen dolores de cabeza. No voy a hablar de las suegras. Pero en las familias siempre, siempre, hay cruz; siempre. Porque el amor de Dios, el Hijo de Dios, nos abrió también ese camino. Pero en las familias también, después de la cruz, hay resurrección, porque el Hijo de Dios nos abrió ese camino. Por eso la familia es –perdónenme la palabra– una fábrica de esperanza, de esperanza de vida y resurrección, pues Dios fue el que abrió ese camino. Y los hijos. Los hijos dan trabajo. Nosotros como hijos dimos trabajo. A veces, en casa veo algunos de mis colaboradores que vienen a trabajar con ojeras. Tienen un bebé de un mes, dos meses. Y les pregunto: ‘¿No dormiste?’. Y él: ‘No, lloró toda la noche’. En la familia hay dificultades, pero esas dificultades se superan con amor. El odio no supera ninguna dificultad. La división de los corazones no supera ninguna dificultad. Solamente el amor es capaz de superar la dificultad. El amor es fiesta, el amor es gozo, el amor es seguir adelante”.

El pontífice terminó subrayando dos puntos en que poner especial cuidado: los niños y los abuelos. “Los niños y los jóvenes son el futuro, son la fuerza, los que llevan adelante. Son aquellos en los que ponemos esperanza. Los abuelos son la memoria de la familia. Son los que nos dieron la fe, nos transmitieron la fe. Cuidar a los abuelos y cuidar a los niños es la muestra de amor más promisoria de la familia, porque promete el futuro. Un pueblo que no saber cuidar a los niños y un pueblo que no sabe cuidar a los abuelos, es un pueblo sin futuro, porque no tiene la fuerza y no tiene la memoria que lo lleve adelante. La familia es bella, pero cuesta, trae problemas. En la familia a veces hay enemistades. El marido se pelea con la mujer, o se miran mal, o los hijos con el padre. Les sugiero un consejo: Nunca terminen el día sin hacer la paz en la familia. En una familia no se puede terminar el día en guerra. Que Dios los bendiga. Que Dios les dé fuerzas. Que Dios los anime a seguir adelante. Cuidemos la familia. Defendamos la familia porque ahí se juega nuestro futuro. Gracias. Que Dios los bendiga y recen por mí, por favor”.

No hay “divorcio católico”

En el avión de regreso a Roma, Francisco habló de la reciente reforma de los procesos de nulidad y del próximo Sínodo, en respuesta a preguntas de los periodistas.

En la reforma de los procesos –dijo, según la transcripción de Andrea Tornelli– he cerrado la puerta a la vía administrativa, que era la vía por la cual podía entrar el divorcio. Y se puede decir que aquellos que piensan en el divorcio católico se equivocan”. Sobre el motivo de la reforma señaló que “la habían pedido la mayoría de los padres sinodales en las reuniones del año pasado”. “Hacía falta reducir los procesos. Había procesos que duraban diez, quince años. Una sentencia, y luego otra sentencia, y una apelación y otra apelación y no se terminaba nunca. La doble sentencia fue introducida por Benedicto XIV [en 1741], porque en Centroeuropa, no digo el país, había algunos abusos, y para pararlos él introdujo la doble sentencia. Pero no es una cosa esencial al proceso. Los procesos cambian y la jurisprudencia cambia y se mejora siempre”.

Luego volvió a subrayar: “El divorcio católico no existe. Se reconoce la nulidad si no hubo matrimonio. Pero si hubo, es indisoluble”.

A la pregunta sobre los divorciados que contraen nuevo matrimonio civil, contestó: “Lean el Instrumentum laboris, el documento que se presenta a debate en el Sínodo. Me parece un poco simplista decir que para esas personas la solución sea la posibilidad de comulgar. No es la única solución; el Instrumentum propone muchas cosas. Y no son solo los divorciados casados de nuevo; está además el problema de las nuevas uniones”. Y mencionó otros problemas que examinará el Sínodo: el de los jóvenes que no quieren casarse, el de la madurez afectiva, el de la preparación al matrimonio.

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