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En manos de la delincuencia, por Pedro Ortiz Bisso

En manos de la delincuencia, por Pedro Ortiz Bisso

En manos de la delincuencia, por Pedro Ortiz Bisso

En el Perú, la política de combate a la inseguridad ciudadana ha sido reactiva y oportunista.”

Llamar “terrorismo desideologizado” al uso de granadas y otro armamento de guerra por parte de extorsionadores, más que una reacción con algún grado de reflexión, suena a grito desesperado de un ministro del Interior desbordado por la inseguridad ciudadana.

Peor aun si, a las pocas horas, su colega de Justicia hace pública una posición diametralmente distinta, lo que confirma algo peor: en el interior del Gobierno no existe una idea clara de cómo enfrentar a la delincuencia de estos tiempos.

En estos cuatro años de gobierno han sobrado las buenas intenciones. La solvencia profesional del ministro Pérez Guadalupe y de otras personalidades que han pasado por el cargo son reconocidas; pero norte definido no ha habido. Todos los ministros han sido fagocitados por el apremio y la falta de reflejos. La derrota diaria que sufre la policía a manos de facinerosos de toda laya se debe a que siempre ha estado un paso atrás de ellos. Nunca pudo tomar la iniciativa.

La política de combate a la inseguridad ciudadana ha sido reactiva y oportunista. En lugar de enfrentar el problema cara a cara, desde un punto de vista que englobe a otros poderes e instancias, el Gobierno optó por lo más fácil: cambiar de rostros –Pérez Guadalupe es el séptimo de la lista– y patear el problema para adelante.

Añadió a ello desafortunados golpes de efecto, como aparatosas megaoperaciones o penosos ‘happenings’ –¿recuerdan la presentación de agentes disfrazados de locos y pordioseros?–, organizados en beneficio de la popularidad del ex ministro Daniel Urresti.

Lo peor, sin embargo, ha sido la manera como el presidente se ha desembarazado del problema, pese a su compromiso inicial de liderar esta lucha. Sus declaraciones tras la muerte de un agente al explosionarle una granada han sido decepcionantes, como ha señalado Juan Carlos Tafur.

Escucharlo culpar a la televisión por las imágenes que difunde, en lugar de adoptar una posición decidida, que devuelva la confianza a una población dispuesta a hacer justicia por mano propia con iniciativas como “Chapa tu choro y déjalo paralítico”, suena a alguien que vive en otro país o ve los problemas de soslayo.

Las alternativas planteadas de cambiar la legislación para enfrentar a los extorsionadores parecen, hasta ahora, salidas oportunistas. No solo porque las últimas granadas y trapos rojos aparecidos hieden a psicosocial barato, sino porque las leyes no sirven si no hay instituciones que las hagan cumplir.

Y ese es otro de los grandes pasivos de este gobierno: su nula labor para fortalecer a la policía o trabajar para que el Poder Judicial y el Ministerio Público sean instancias eficientes y confiables. Llámenles a los extorsionadores como quieran, inventen nuevos delitos. Si no hay cómo sancionar efectivamente a quien delinque, la historia será la misma. Y la guerra la seguiremos perdiendo.

Pedro Ortíz Bisso, periodista. El Comercio, Lima, 10-09-2015

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