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Secuestrados en Siria

Secuestrados en Siria

Secuestrados en Siria
agosto 27

La guerra en Siria se ha extendido ya por cuatro años y medio. El Estado Islámico, ha llegado a controlar aproximadamente la mitad del territorio sirio. Hace unos días atrás se apoderó de otra localidad: Al Qaryatain, cercana a Homs, la ciudad donde comenzaron los primeros disturbios que derivaron en la guerra.

Al conquistar la ciudad, tomó como rehenes a varios habitantes, tanto cristianos como musulmanes. “No sabemos lo que el Estado Islámico pretende hacer con los rehenes”, declaró el religioso católico Padre Jihad Youssef a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre.

“¿Quiere el EI negociar y poner en libertad a esta gente o quiere matarla? Lo desconocemos. Normalmente, a los cristianos les ofrecen tres posibilidades: pagar la jizya –un altísimo impuesto–, convertirse al Islam o abandonar el lugar. Lo último no ha tenido lugar, pues entonces los cristianos ya se habrían ido”, señaló el P. Jihad.

El religioso señaló que no se sabe cuántos cristianos han sido capturados por el Estado Islámico. Se estima que serían unos 160. Otros treinta cristianos lograron huir”, dijo el P. Jihad. En la actualidad, los Obispos ortodoxo y católico de Homs intentan solucionar el problema.

El padre Jihad pertenece a la comunidad religiosa católica de Mar Musa, que en las cercanías de Al Qaryatain tienen el monasterio de Mar Elian, famoso como símbolo de entendimiento y cooperación entre cristianos y musulmanes, y que fue arrasado con retroexcavadora por los militantes del EI.

A finales de mayo, en Al Qaryatain, fueron secuestrados el padre Jacques Mourad y el diácono Boutros. “No tenemos ninguna información sobre el estado de ellos ni donde están”, explicó el P. Jihad. El padre Jacques fue secuestrado por impulsar el diálogo entre cristianos y musulmanes. “Llevaba muchos años tendiendo puentes entre las religiones”. El P. Jacques ayudaba en el monasterio de Mar Elian a la gente que padecía las consecuencias de la guerra siria. Se preocupaba especialmente de los proyectos de reconstrucción, para que la gente pudiera volver a habitar sus hogares destruidos, de asistencia psicológica a los habitantes y de otros tipos de ayuda humanitaria de emergencia. Ayuda a la Iglesia que Sufre llevaba largo tiempo financiado los proyectos del padre Jacques.

El P. Jihad señaló que, tras los secuestros, el miedo en Siria es muy grande. “Sobre todo los cristianos de las localidades vecinas de Al Qaryatain”.

Los invitamos a rezar por los sirios, especialmente por las personas recientemente secuestradas por el Estado Islámico y por sus familias.

María de los Ángeles Covarrubias para Radio María

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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