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SEIS MESES SIN NISMAN

SEIS MESES SIN NISMAN

SEIS MESES SIN NISMAN

Marcha silenciosa en honor a Alberto Nisman en Buenos Aires, el pasado mes de febrero. REUTERS

La fiscalía que investiga la muerte del fiscal argentino aún no ha emitido el dictamen final. Persisten las dudas sobre si fue un suicidio o un asesinato

¿Cómo murió Alberto Nisman? ¿Se disparó en la cabeza frente al espejo de su baño con la pistola que apareció junto a su cadáver? ¿O lo mató alguien obligándolo a mantenerse rodilla en tierra delante de la bañera? ¿Murió el domingo 18 de enero como sostiene la autopsia oficial o la noche anterior, como afirman prestigiosos forenses independientes? ¿Usó Nisman su ordenador personal aquel domingo por la mañana y tecleó, misteriosamente, la palabra “psicodelia” en el buscador de Google, o el aparato fue manipulado por otra persona? Seis meses después de aquella extraña muerte que convulsionó a un país entero, las preguntas continúan sin respuesta. A la espera de los análisis informáticos, la fiscalía encargada de la investigación todavía no ha emitido el dictamen final sobre un caso que provocó la crisis institucional más grave de los últimos años en Argentina. El expediente acumula ya 6.400 hojas presididas por un apático rótulo: “muerte dudosa”.

Nisman había interrumpido sus vacaciones del verano austral para plantarse en Buenos Aires desde Europa y sacudir el tablero político con una denuncia gravísima. El fiscal que investigaba desde 2004 el ataque a la mutual judía AMIA acusaba ni más ni menos que a Cristina Fernández de Kirchner de haberle puesto el “sello presidencial” a una trama que negoció la impunidad de los acusados iraníes en el mayor atentado en la historia reciente de Argentina. Durante cuatro días frenéticos, Nisman recorrió los estudios de televisión, habló con decenas de periodistas y dirigentes políticos de la oposición y terminó recluyéndose en su coqueto apartamento de la torre Le Parc, en el exclusivo barrio porteño de Puerto Madero. Allí, frente al Río de La Plata, el fiscal preparaba afanosamente su intervención en el Congreso de los Diputados, prevista para el lunes, 19 de enero, donde expondría los detalles de su denuncia. Una comparecencia que nunca llegó a concretarse.

Aquella calurosa madrugada del 18 al 19 de enero sucedieron tantas cosas extrañas en el piso 13 de la torre Le Parc que hay quien piensa que todo fue enmarañado por los servicios de inteligencia para que nunca se pudiera llegar a saber la verdad. Un reciente vídeo divulgado en el programa de televisión del periodista Jorge Lanata confirmó lo que muchos se temían. El registro en el apartamento de Nisman fue un auténtico despropósito, con agentes tocando pruebas sin guantes, pisando los restos de sangre donde yacía el cadáver o limpiando con papel higiénico la pistola que causó la muerte del fiscal.

Viviana Fein, la fiscal encargada del caso, todavía no tiene preparado el dictamen final sobre un caso que a día de hoy permanece calificado como “muerte dudosa”. Investigar la muerte del fiscal que denunció a la presidenta de la nación no es tarea simple. Pero desde la parte querellante, encabezada por la ex pareja de Nisman, la jueza Sandra Arroyo, las críticas a la “lenta” actuación de la fiscalía han sido permanentes. Ante todo, Arroyo reprocha a Fein que se haya centrado en la hipótesis del suicidio, descartando los informes presentados por los expertos contratados por la ex mujer del fiscal y que apuntan a que Nisman fue asesinado. Esos expertos independientes no comparten la tesis oficial sobre la hora de la muerte del fiscal (según la autopsia, el domingo por la mañana) y creen que Nisman falleció el sábado por la noche, poco después de que en su apartamento estuviera uno de los personajes clave en esta historia de novela negra: Diego Lagomarsino, el técnico informático que trabajaba con Nisman y que le dejó la pistola Bersa Thunder calibre .22 que acabó con la vida del fiscal.

Para Fein, sin embargo, todas las posibilidades están abiertas. Desde su fiscalía insisten en que trabajan sobre varias hipótesis y que un caso como el que tienen entre manos lleva tiempo. Desde hace algunas semanas, ya cuentan con los informes finales de la junta médica y del equipo de expertos en criminalística. Pero los técnicos informáticos todavía no han concluido los análisis sobre los ordenadores y teléfonos móviles del fiscal, datos esenciales para la investigación.

¿Suicidio u homicidio? Tal vez no haya un dictamen oficial al respecto hasta octubre. Si es así, el caso podría quedar cerrado (en el supuesto de que prevalezca la tesis del suicidio) coincidiendo con las elecciones presidenciales del 25 de octubre. La muerte de Nisman afectó a la imagen de Kirchner durante el primer mes de la crisis. Su impacto y el de la denuncia del fiscal, desestimada más tarde, se fue difuminando con el paso del tiempo y Kirchner recuperó y vio aumentado el respaldo popular en las encuestas.

Alberto Nisman, recordado ayer por su hija Iara en el 21º aniversario del atentado a la AMIA, en el que murieron 85 personas, va camino del olvido. Todo lo que ha ocurrido alrededor del caso contiene ese inquietante término que rotula el voluminoso expediente de la fiscalía: “dudoso”.

César Calero, Buenos Aires, especial para El Mundo, España, 18-07-2015

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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