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REMEDIOS EN CHILE: MUY CAROS

REMEDIOS EN CHILE: MUY CAROS

REMEDIOS EN CHILE: MUY CAROS

Lo que pagan los más pobres de Chile en fármacos y otros productos medicinales ya ha sido observado como una anomalía entre los países de la Ocde. Los adultos mayores más necesitados se hunden aún más en la pobreza y miles no pueden mantener sus tratamientos.

EN ESTOS días vuelve a estar en el centro de la mirada el alto costo de los remedios. Se suman, el fallo que absolvió penalmente a los ejecutivos que se coludieron para subir los precios de 220 medicamentos en 2007 y 2008; un reportaje del programa “Contacto” de Canal 13 donde se muestra que mientras Cenabast -como encargada de abastecer al sistema público de salud- compra a un precio módico, los mismos medicamentos o alimentos son vendidos al público a precios que son entre 15 y 20 veces superior (ejemplo $ 2.600 vs. $4 5.000 por un mismo inhalador); la inexplicable demora en promulgar los reglamentos que hagan efectiva la Ley de Fármacos; y que a pesar de las promesas, el público se sigue sintiendo engañado.

Lo que pagan los más pobres de Chile en fármacos y otros productos medicinales ya ha sido observado como una anomalía entre los países de la Ocde. Los adultos mayores más necesitados se hunden aún más en la pobreza y miles no pueden mantener sus tratamientos. El gasto en medicamentos es regresivo: un 57% del presupuesto familiar de los hogares de menores ingresos corresponde a fármacos. O sea, mientras menos se tiene, más se gasta proporcionalmente en recetas.

La Ley de Fármacos indica: 1) no se puede incentivar a los dependientes de farmacia o a quienes recetan para preferir determinados medicamentos. Se sigue haciendo con mínima fiscalización. 2) Las recetas deben incluir el nombre genérico del remedio. Nadie fiscaliza. 3) Los remedios deben venderse en forma fraccionada; sólo lo que la persona necesita. El reglamento propuesto relativiza esta norma. 4) Los remedios que no requieren receta deben obligatoriamente estar en las góndolas de todas las farmacias. El reglamento busca que sea opcional. 5) Cenabast puede importar fármacos en caso de escasez. Se han retirado los medicamentes genéricos bioequivalentes y desde hace dos años no se reemplazan por importaciones directas. 6) El Sernac debe informar sistemáticamente de las diferencias de precio en los remedios. No se hace. 7) Los servicios públicos pueden vender directamente remedios en centros de Salud en las comunas donde no hay farmacias. No se ha implementado. 8) No se puede hacer ningún tipo de propaganda al público de medicamentos que requieren receta médica. En la prensa aparecen sistemáticamente artimañas para violar esta restricción. 9) Se ingresó al Congreso el proyecto que crea la Agencia Nacional de Medicamentos, un ente autónomo que debe garantizar las políticas de fármacos y avanzar decididamente en la bioequivalencia. El trámite está paralizado. 10) Ninguna farmacia puede excusarse de no disponer medicamentos con bioequivalencia demostrada. Una burla.

Es atrayente el discurso “los medicamentos no son bienes de consumo”. Lo paradójico es que existiendo casi todos los instrumentos para que la gente gaste mucho menos en remedios, no se usan. Es letra muerta. Y es “casi”, porque sería un gran avance que los remedios que no requieren receta se vendieran en recintos distintos a la farmacia; y que los encargados de compra de medicamentos para hospitales y municipios estuvieran obligados, bajo sanción administrativa y pecuniaria, a comprar sólo a través de las licitaciones bianuales de Cenabast, salvo que demostraran que pueden adquirir a un precio menor.

La Ley Ricarte Soto promete un avance, por cuanto los medicamentos y dietas carísimas serán únicamente comprados por Cenabast y puestos a disposición de beneficiarios públicos o privados. ¿Qué falta? Un Reglamento… Sin él, es como que la ley no se hubiera promulgado.

Jaime Mañalich. La Tercera, 03-07-2015

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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