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AUDREY HEPBURN VUELVE A ORANGE STREET

AUDREY HEPBURN VUELVE A ORANGE STREET

AUDREY HEPBURN VUELVE A ORANGE STREET
julio 09

La National Portrait Gallery de Londres acoge Audrey Hepburn. Portraits of an Icon, una muestra de 65 fotografías que recorren la vida de la actriz

Puede que la película Vacaciones en Roma fuera el gran trampolín para Audrey Hepburn, pero antes de llegar a ese nuevo punto de salida la actriz vivió dos golpes. El primero fue antes de cumplir los diez años cuando su padre la abandonó junto a su madre. El segundo golpe fue la guerra. Uno de sus hermanos se perdió, el otro fue destinado a un campo de concentración y un primo y su tío fueron fusilados. Una infancia complicada que hizo de ella una mujer comprometida que magnetizó la gran pantalla. “Haz en la medida de lo que esperas conseguir”, diría alguna vez y llegó a ser una de las mayores leyendas de la época dorada de Hollywood.

Tras el divorcio de sus padres Hepburn y su madre se trasladaron a la capital británica donde comenzó a estudiar danza y arte dramático con Marie Lambert. Su carrera arrancó con papeles pequeños y como corista en el West End londinense. Actuó en el local de noche Ciro en 1949 en la producción Petit Sauce Tartare y en 1950 en Summer Nights. Hace 65 años de sus apariciones en este local situado en la calle Orange donde ahora se encuentra el archivo de la National Portrait Gallery. Con motivo de dicha efeméride la pinacoteca acoge una selección de imágenes de la actriz que recorren su trayectoria. Audrey Hepburn. Portraits of an Icon transita sus años de bailarina pasando por sus primeros pasos como actriz hasta llegar a ser la gran estrella de Hollywood merecedora de un Oscar por Vacaciones en Roma de William Wyler junto a Gregory Peck. Su dinamismo, su magia, su todo. 35 de esas fotografías pertenecen a la colección familiar que los hijos han cedido con motivo de la muestra.

Entre ellas destacan instantáneas de la actriz durante un recital de danza en 1942 cuando tan solo tenía 13 años o imágenes raramente vistas por el público que fueron tomadas por Leo Fuch en África durante el rodaje de Historia de una monja en 1958. También caben campañas publicitarias de la musa vistiendo de Edith Head en los camerinos de su actuación en Sabrina de 1954 o ejerciendo de modelo para el anuncio de crema de manos Crookes Lacto-Calmine para la que fue retratada por McBean en el año 1950. Un breve repaso desde 1938 cuando tan solo tenía nueve años hasta la imagen más reciente de Steven Meisel de 1991.

El objetivo de fotógrafos como Richard Avedon, Cecil Beaton, Angus McBean, Irving Penn y Norman Parkinson decoran y retratan a la mujer que culminó su vida dedicada al trabajo filantrópico y unida a Unicef. Una faceta que ya mostró cuando dijo aquello de “con el tiempo y la madurez te darás cuenta de que tienes dos manos; una para ayudarte a ti misma y la otra para ayudar a los demás”.

Por otro lado, están las instantáneas tomadas en Broadway cuando rodaba Gigi en 1951, las del making off de Guerra y Paz de Philippe Halsman y George Daniell, las imágenes publicitarias de Funny Face y las de Terry O’Neill tomadas en el set de rodaje de Cómo robar un millón y Dos en la carretera. A través de ellas se ve la transformación de la actriz en los años 50. También añaden un punto pictórico los reportajes vintage de revistas de la época desde Picturegoer de 1961 hasta la conocida portada de Life en la que Audrey Hepburn vestida de Givenchy es Holly Golightly en Desayuno con diamantes y posters originales de las películas de una de las mujeres más retratadas del mundo.

Nicholas Cullinan, director de la National Portrait Gallery, ha comentado que “es un honor contar con imágenes rara vez vistas que contribuyen a celebrar a este icono del siglo XX”. El subdirector, Pim Baxter, por su parte, se ha mostrado “maravillado” con la exposición. “Es particularmente apropiado que la muestra se encuentre tan cerca del lugar donde actuó en los inicios de su carrera”.

“Mi vida no es teorías y fórmulas. Es instinto y sentido común”, dijo. Y el sentido común la ha llevado de vuelta cerca de la calle Orange de Londres, el lugar donde empezó.

 

Saioa Camarzana. El Cultural, España, 01-07-2015

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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