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UN BECKETT BROMISTA Y ÁGIL

UN BECKETT BROMISTA Y ÁGIL

UN BECKETT BROMISTA Y ÁGIL
junio 04

Martin Page. Es novelista y ensayista.

Narrativa. El escritor francés Martin Page elige como centro de su novela al autor de “Esperando a Godot”, y lo pone a hablar de temas ajenos a su obra.

Martin Page, junto con David Foenkinos y Frederic Beigbeder, por nombrar sólo a las puntas de lanza del movimiento, es uno de los jóvenes escritores franceses que están rompiendo las librerías del mundo con libros que se traducen y se venden con verdadera velocidad. En general explotan con su primera novela; la de Martín Page, Cómo me convertí en un estúpido, salió en 2001 y Tusquets la tradujo a nuestro idioma. Ahora llega uno de sus libros más recientes, que tiene un título curioso: L a apicultura según Samuel Beckett.

La novela está estructurada bajo la forma de un diario, narrado en presente con entradas de dos o tres páginas, y cuenta las peripecias de un joven parisino que está buscando un trabajo y encuentra uno que llamaríamos peculiar: asistir a un ya consagrado Beckett en tareas de diversa índole, ya sea literarias como de la vida cotidiana. Lo que empieza siendo un puñado de tareas más o menos convencionales, deviene rápidamente en un juego sarcástico hacia la institución literaria, porque Beckett le pide ayuda para fraguar e inventar “notas personales”, borradores y versiones de sus libros para vender en universidades estadounidenses y darle así de comer papeles falsos a quienes investigan su obra. Un Beckett bromista, que se ríe de toda esa estructura satelital que gira en torno a la vaca sagrada de las letras y que encuentra conexiones y orígenes literarios en cualquier tipo de papel que se encuentre entre los archivos del escritor. El acierto del libro está en hacer hablar a Beckett poco y de temas ajenos a sus libros: de abejas, de mujeres, de cosas del barrio. Así, sacándole trascendencia a una figura que, por sus libros y por su imagen pública siempre infundió una especie de respeto dramático, que pudo haber bordeado la solemnidad, Page arma un Beckett liviano y ágil. Además, siempre es arriesgado eso de hacer hablar a un personaje real en una ficción y que el verosímil no cruja. Dos ejemplos: el ya mencionado francés Foenkinos compuso una novela toda en primera persona narrada oralmente por John Lennon, y si bien al principio la propuesta hace un poco de ruido a medida que las páginas discurren esa voz es, de pronto, la voz de Lennon. El argentino Juan Alberto Badía intentó lo mismo pero sin fortuna en El día que John Lennon vino a la Argentina, en la que el propio Badía se junta con el líder Beatle en un bar a charlar; en fin. Quizás el desacierto del libro de Martin Page esté en las páginas iniciales, en las que un supuesto profesor dice que este diario fue hallado en unas cajas entre los papeles del escritor irlandés. Un recurso remanido, mil veces usado, que el texto no necesita. El resto es un libro legible y por momentos querible sobre Beckett, la vida cotidiana de un artista y la ciudad de París.

Mauro Libertella. Clarín, Buenos Aires, 29-05-2015

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