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“ES ABSURDO ACEPTAR UN SOBORNO A TRAVES DE BOLETAS”

“ES ABSURDO ACEPTAR UN SOBORNO A TRAVES DE BOLETAS”

“ES ABSURDO ACEPTAR UN SOBORNO A TRAVES DE BOLETAS”

El ex subsecretario de Minería Pablo Wagner pasó 52 días preso tras ser formalizado por cohecho, lavado de activos y delito tributario. En su primera entrevista desde que está con arresto domiciliario explica por qué recibió pagos de Penta mientras era funcionario público, detalla su relación con Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín y cuenta cómo fue su paso por la cárcel.

Son cerca de las 2 de la tarde cuando de pronto suena el citófono de la casa de Pablo Wagner. Una carabinera lo saluda con amabilidad y le pasa una hoja en la que él estampa su firma. Se trata de uno de los cuatro chequeos policiales que tiene al día -algunos de ellos ocurren de madrugada- desde que el 6 de mayo la Corte de Apelaciones confirmó su arresto domiciliario.

Wagner fue formalizado a principios de marzo por delito tributario, cohecho y lavado de activos. El Ministerio Público le imputa haber recibido $ 42 millones del Grupo Penta, a través de pagos bimensuales por $ 3 millones, mientras era subsecretario de Minería del gobierno de Sebastián Piñera. El dinero lo recibía a través de la emisión de boletas de un tercero tipificadas como “ideológicamente falsas”: su cuñada María Carolina de la Cerda, quien a la vez emitió una boleta para la campaña senatorial de Joaquín Lavín.

También se le imputa haber realizado gestiones a favor de los controladores de Penta, Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín, holding en el que trabajó hasta que asumió como funcionario público.

Wagner abandonó la cárcel Capitán Yáber hace poco más de una semana. Estuvo detenido durante 52 días, donde compartió con Délano y Lavín, y unos pocos, pero tensos minutos, con Hugo Bravo, el ex gerente general de Penta y el hombre que lo involucró a él y a todos los demás en el caso.

-Cuando estalla el caso Penta ¿pensó que podría traer repercusiones para usted?

-Sí, pensé que esto iba a ser grave. Pensé en mi señora, en mis hijos, en mi cuñada que se iba a ver afectada. Esto podría haber provocado un quiebre importante y, por el contrario, ella ha sido un apoyo enorme, con una lealtad muy grande y un cariño casi de hermana.

-¿Cómo se entera de que es parte del caso Penta?

-Por llamados de periodistas, probablemente a raíz de la filtración de una declaración de Bravo donde me involucraba. En ese minuto se me vino el mundo encima, porque no pensé que ese finiquito voluntario comercial que habíamos desarrollado (con Penta) se iba a tomar de mala forma. Yo creo que Bravo lo diseñó desprolijamente y que yo cometí el error de aceptar ese diseño, cosa que no debí haber hecho nunca.

-¿No se cuestionó que lo normal era recibir el finiquito de una vez?

-Viéndolo hacia atrás, es evidente que debió hacerse de una vez. En el momento no pensé mucho en eso, porque cuando esto se empieza a ejecutar, que fue a partir de junio, yo ya estaba en el gobierno e involucrado en la tarea ministerial. No lo pensé mucho. Podría haber sido mucho más precavido, pero fue un diseño que establece Bravo y que, obviamente, como había relaciones de confianza desde hace muchos años, uno no lo duda.

-¿Pero no pensó que era incompatible ser funcionario público y a la vez recibir dinero de Penta?

-Es que más que la incompatibilidad, este era un pago de un finiquito comercial, un pago porque yo tuve relación comercial con ellos hasta marzo de 2010 y quedaban recursos pendientes. La forma debió haber sido distinta, pero el pago debió existir siempre como término de un finiquito voluntario comercial.

-Cuando se idea la fórmula de pagos a través de su cuñada, ¿quién diseña ese sistema y por qué usted lo acepta?

-Bravo. Él propone el diseño y yo lo acepto. La conversación duró tres minutos. Propuso que se hiciera con boletas de un tercero y a tres sociedades relacionadas con Penta.

-¿Y eso no le pareció irregular?

-En ese tiempo no lo pensé así, pero visto desde hoy día, por supuesto que es irregular.

-¿Pero no le causó ruido que un tercero hiciera boletas?

-En ese momento confié. Pero las decisiones se toman en ese tiempo y no cinco años después. Es evidente que no debí haberlo aceptado jamás.

-¿Cómo vivió el proceso de su formalización?

-Cuando nos confirmaron que la fiscalía iba a pedir prisión preventiva fue muy duro. Tuve que explicar eso a mis cinco hijos, de entre 9 y 17 años. Unos lloraban de rabia; los más chicos de pena y se abrazaban a mí. Uno de mis hijos me dijo: “Papá. Esto es inentendible. Hay papás que se mueren, papás que tienen enfermedades, papás que pierden el trabajo, pero no que se van presos, ¿por qué?” Eso impacta mucho. Es muy duro que un hijo te pregunte eso.

-Fue formalizado por cohecho, lavado de activos y delito tributario, ¿sintió vergüenza en algún momento?

-Uno siempre siente vergüenza por el daño que le pueda causar a otros o por cómo pueden sentirse los demás. Pero quiero dejar súper claro algo que hoy se ha ido aclarando aún más, porque lo ha dicho la magistrada del Octavo Juzgado de Garantía Alicia Rosende, quien fue bastante asertiva. Yo siempre he tenido claro que no cometí cohecho y menos lavado de activos.

-¿Por qué?

-En primer lugar, me entero del interés de la familia Délano de adquirir un proyecto minero mucho después de que estoy en el ministerio. De hecho, el proyecto (Dominga) es adquirido 10 meses después, a principios de 2011. Y yo me entero por la prensa que lo habían adquirido.

-Pero en los meses previos hubo un trabajo de sondeo del negocio.

-Ni antes, cuando yo estaba en Penta, ni antes de que empezaran los pagos, ni cuando asumo como subsecretario supe que había ni el más mínimo interés de la familia Délano de tener participación en la minería. Nunca tuvo participación en el negocio minero, por lo tanto, no se me podía pasar ni por la cabeza. De hecho, yo asumo en Minería con muchas ganas, pero también descarto otras áreas en las que había participado, como la financiera, salud o pensiones, justamente para no generar ningún posible conflicto de interés. Nunca tuve una intervención, porque era un proyecto en prospección. Es absurdo ser cohechado o aceptar un soborno a través de boletas.

-¿Aunque las boletas sean de terceros?

-Aunque sean de terceros, de cuartos. Es ridículo pensar “yo voy a hacer esto porque quiero tener un cohecho sofisticado”. Nunca se me pasó por la cabeza. Esto era un pago de un finiquito voluntario comercial que fue mal diseñado. Yo no lo debería haber aceptado, pero jamás me puse en el escenario de un cohecho.

-Dice que del proyecto Dominga se entera después. Sin embargo, sostuvo reuniones previas en la Subsecretaría, que la fiscalía usa en su contra.

-Tengo tres reuniones. Una es con un fondo de inversión, del que ellos participaban, y que era dueño de este proyecto. Esa vez hablamos del mercado de capitales minero, ni siquiera hablamos del proyecto. Después tengo otra reunión en que me dicen que tienen interés en un proyecto específico.

-Con Délano y su yerno Pedro Ducci.

-Y es una reunión pública, donde los recibo como a mucha gente más. Fue muy corta. Ellos me dicen que quieren informarme formalmente que tienen interés, y dicen que también se lo van a informar a otros ministros, y lo hacen. Les digo que es muy bueno que haya participación nacional en los capitales.

-¿Pero no vio una incompatibilidad en que Délano, dueño de Penta, estuviera interesado en proyectos mineros y le hiciera preguntas, tomando en cuenta que tenían pagos pendientes?

-Es que no hizo ninguna pregunta. Simplemente dijo: “Nosotros tenemos interés en este proyecto minero” y yo me di por enterado y punto. No hay ninguna pregunta de nada, simplemente me informan de algo. Por lo tanto, ¿qué conflicto puedo tener si me informan de algo? Simplemente escucho.

-En la última reunión se afirma que usted les dio tips para que su proyecto se aprobara.

-Fue una reunión en que, como muchas otras veces, me preguntaban: “Oye, vamos a tener una reunión con el ministro el lunes. ¿Qué te parece como viene la presentación? ¿Qué énfasis le pondrías?”. Una cosa absolutamente formal, como de hecho también reconoce la magistrada del Octavo de Garantía.

-Pero eso se interpreta como un consejo y una ayuda. Y usted era el subsecretario.

-No es ni un consejo ni una ayuda. Decenas de personas a mí me preguntaban cómo presentar algo mejor que esto. Y yo le dije solamente: “Dale más un contexto de cómo es el sector geográfico, económico, el impacto que puede tener, más allá de cómo es el procedimiento técnico, porque eso se conoce”. Por lo tanto, eso no tiene ninguna ayuda especial.

-Eso se tradujo en una imputación de delito.

-Eso quieren verlo como un delito. Pero no lo es. Acá tiene que haber un beneficio, una omisión específica de algo que nunca ha existido ¿Cómo es posible entender que una cosa de forma vaya a interpretarse como un beneficio específico cuando no lo es? No hay ninguna omisión a ese proyecto ni a ningún otro mientras que yo estuve de subsecretario de Minería.

-Otro punto en cuestión son los varios mails entre usted y Carlos Eugenio Lavín, donde junto con recordarle que hay pagos pendientes, se pone a su disposición. Lo escribió el mismo día que va a jurar como subsecretario.

-Ese me lo han sacado 100 veces. Primero, yo ahí me despido. Y lo hice en la noche porque no había alcanzado a hacerlo en el día. Entonces, al final de la noche le mandé el mail a él y también a Carlos Alberto, en los que me despido y comentamos el tema pendiente del finiquito voluntario. Pero no porque uno tenga una relación de confianza con alguien, va a tener un cohecho de por medio. Es absurdo pensarlo, es insano.

-Pero hay más mails.

-Eso dice que hay una trazabilidad respecto de un finiquito voluntario que está pendiente. Y eso yo lo dije en mi declaración: que nosotros habíamos hablado de que había un pago que no lo alcanzamos a hacer al 10 de marzo.

-Otro correo suyo a Lavín dice: “Cualquier ayuda será agradecida de por vida por mi familia. Demás está decirte que cuentes conmigo para lo que necesites”.

-Si se revisa cualquier mail mío, se verá que todos dicen “Cuenta conmigo, no te preocupes, estoy a tu servicio”. Son frases de cortesía y buena costumbre. No voy a estar a haciendo cohecho ni ninguna acción u omisión por ese correo. Y puede haber muchas otras personas de las cuales también me despedí así. Son frases de cortesía y buena crianza y no por eso uno va a suponer que es un cohecho. Eso ya es extremar las cosas.

-Usted era subsecretario ¿considera prudente recomendar a Carlos Eugenio Lavín, con quien tenía pagos pendientes, como director de Codelco?

-Eso lo hago mucho antes de eso (de ser subsecretario). Yo tuve una reunión el 25 de febrero, dos días antes del terremoto, que es pública, con el presidente Piñera y el ministro Golborne. Eran las primeras bilateras que hubo con todos. Y él, respecto de las empresas en las que el Ministerio de Minería tenía que nombrar directores, nos pide que juntemos nombres y que él decidirá. De hecho, al ministro Golborne le recomiendo dos. A don Fernando Porcile, que termina siendo director de Codelco, y a Carlos Eugenio Lavín. Uno tenía mucha experiencia minera. Y Carlos Eugenio una experiencia financiera de 30 ó 40 años. Eso fue a principios de marzo, ni siquiera habíamos asumido.

-Pero se interpreta como que usted lo recomienda en circunstancias que le están haciendo los pagos.

-No. Lo recomiendo mucho antes. Los pagos son en junio y yo lo recomiendo a principios de marzo. Ni siquiera habíamos asumido.

-Reconoce errores tributarios, ¿de qué otros errores se hace cargo?

-La facilitación de boletas es un error que no se debería haber producido. Lo hemos reconocido siempre. Pero no reconocemos haber tratado de conseguir alguna ventaja desde el punto de vista de devolución de impuestos. O sea, haber aceptado este pago diseñado por Bravo es un error que trae como consecuencia cometer otro error, que es pedir esas boletas y tener que ejecutar ese procedimiento, que era equivocado.

-¿Y reconoce algún delito?

-Respecto de los temas de delitos, hay que dejárselo al proceso. No me voy a pronunciar sobre esos temas.

-Una de las boletas de su cuñada fue a la campaña de Joaquín Lavín y abrió el caso SQM. ¿Usted sabía que iban a la campaña?

-Eso sale en mi declaración.

-¿Cómo se gesta eso?

-Ernesto Silva (padre) pide un nombre. Luego se contactan directamente con ella y le piden que haga una boleta de tal monto y que el cheque se deposite a tres personas. Yo no me acordaba de eso. Sólo cuando revisamos todas las boletas supimos que había una del 2009. Y al pedir la apertura de cuentas corrientes -de hecho entregamos una fotocopia de los cheques a la fiscalía- supimos que iban a tres personas relacionadas con Lavín.

-¿Y cómo Ernesto Silva Bafalluy llegó a su cuñada?

-Cuando me piden un nombre, yo le doy un nombre.

LOS 52 DÍAS EN LA CÁRCEL

El paso por la cárcel marcó a Wagner en varios aspectos. También le trajo sorpresas. Una de ellas fue la acogida de los otros internos, entre ellos Luis Miguel Casado, ex dueño de Shopping Group acusado de estafa, y Jorge Tocornal, condenado por abuso sexual. También, el ex médico de Gendarmería Luis Reyes, quien en junio pasado asesinó a su pareja.

-Nos saludamos y nos presentamos. Aunque ellos ya nos conocían de memoria, sabían todo de nosotros. Incluso habían hecho una polla sobre quiénes quedaban detenidos.

-¿Y en la polla estaba usted?

-Obvio, si era el funcionario público.

Wagner dice que cuando el sábado 7 de marzo llegó al último día de audiencia de formalización, que todos los involucrados, entre ellos los controladores de Penta, sabían que había grandes posibilidades de quedar en prisión preventiva. Por eso, él guardaba desde el comienzo un bolso con ropa en el auto de sus abogados.

Cuenta que lo más fuerte lo vivió la noche anterior en su casa.

-Lo más duro fue hablar con mi esposa. Fue una conversación muy importante. Me dijo: “Tú vas a hacer un viaje, pero un viaje distinto. Primero, no tienes muchas ganas de ir. Segundo, no vas a sacar fotos ni traer recuerdos. Tampoco tendrás diversiones. Pero no preguntes por qué, sino para qué vas a hacer esto, en qué te va a ayudar, cómo vas a cambiar tu visión de la vida y tus prioridades y cómo vas a analizarte a ti mismo porque vas a tener la oportunidad de estar contigo mismo. Y vas a poder revisar qué has hecho bien y qué mal”.

-¿Cómo fue la llegada a la cárcel?

-Fue súper doloroso. Uno se pregunta ¿por qué estoy aquí? Pero también viene un sentimiento de fortaleza importante: “Esto yo lo voy a enfrentar con hombría, con humildad, pero voy a dar los pasos hacia adelante”.

-¿Qué ocurrió cuando llegaron a Capitán Yáber?

-Nos pusieron en una silla, en un pasillo. Estaba Carlos Alberto, Carlos Eugenio, Marcos Castro, y varias sillas más allá, Hugo Bravo. De ahí nos hicieron un chequeo médico y de datos personales. De pronto, un funcionario de Gendarmería pregunta: “¿Quién es el que se va a ir al Hospital Penitenciario?” Y Bravo dice “yo”.

-¿Qué sintieron cuando supieron que Bravo no estaría allí?

-Alivio. Era evidente que la convivencia iba a ser compleja.

En la cárcel, dice Wagner, el grupo vivió momentos buenos y malos. Encontraron dos ratones, fueron allanados, jugaron cacho y vieron películas. El clóset fue la favorita. También preparaban sus defensas y hacían ejercicios. Wagner y Lavín solían caminar en círculo durante una hora en la cancha de baby fútbol.

-¿Qué sintió al ver en su misma situación a Délano y Lavín?

-Una mezcla de pena e injusticia. No era una situación que merecieran, ni yo tampoco.

-¿Nunca se ha quebrado su relación con los Carlos?

-Nunca.

EL FUTURO

-¿Tiene miedo del futuro?

-Espero poder desarrollarme profesionalmente en lo que siempre he hecho: he sido ejecutivo, emprendedor y profesor universitario. Hoy para mí el éxito está mucho más focalizado en mi familia, en que a mis hijos les vaya bien, en sembrar cariño para que después uno coseche amor.

-¿Lo cambió la cárcel de algún modo?

-No digo que estoy cambiado. Uno está en un proceso de cambio. Diría que estoy en proceso de aprendizaje. Y en esos 52 días en la cárcel traté de mejorar interiormente y de ser una persona mucho más humilde, más sencilla y más empática.

-¿Alguna vez no lo fue?

-Probablemente… Porque cuando estás en cargos ejecutivos y de responsabilidad, a veces puedes no ser ni lo más empático ni completamente sencillo. O bien eres extremadamente práctico. Yo escribí un diario de vida con todas las cosas que me fueron pasando. Parte el sábado 7 de marzo con la medida cautelar (de prisión preventiva) y termina con la confirmación de la medida cautelar (el arresto domiciliario).

Dice el texto: “Sábado 21 de marzo. Sentí la necesidad de escribir de nostalgia, especialmente de mi esposa. Pensaba ¿me querrá más o menos ahora? La cierta dependencia ahora es más mía que de ella. ¿Cómo estarán jugando los niños? ¿Podré en el futuro ponerme de pie y ser un orgullo para ellos? ¿Podré ser el buen padre que he querido ser y no siempre lo he sido? Leí la entrevista a Carlos Cruz en la revista El Sábado. El tipo enfatizó sobre los Carlos, que no eran ningún peligro para la sociedad, y que él se había puesto de pie; que había dado un paso atrás, que no extrañaba haber dejado el Partido Socialista. Estoy de acuerdo en todo, salvo que dijo que volvería a ser ministro…Pero yo después de esto no pisaría un ministerio nunca más”.

-¿Nunca más volvería al sector público entonces?

-No. Ya tuve mi etapa, ya pagué mis costos y ya involucré a otros. El costo familiar ha sido fuerte. Uno puede ayudar a su país de múltiples maneras.

-¿Y qué mea culpa hace usted? Hasta ahora sólo asume un “error tributario”.

-Lo he dicho hasta el cansancio: respecto del cohecho y lavado de activos, no existe absolutamente nada. ¿Qué errores uno ha cometido? Obviamente uno procedimental, que tuvo otros errores asociados. Otro familiar, que no dimensioné. Hoy, con el paso del tiempo, tomo real conciencia del error que cometí: el no haber estado presente con mi familia en cuerpo y alma. Estaba mucho más dedicado al trabajo y hoy mi familia es el centro de la vida.

Ana María Sanhueza. QUÉ PASA, 14-05-2015

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