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LAS CICLOVÍAS GUERRILLA

LAS CICLOVÍAS GUERRILLA

LAS CICLOVÍAS GUERRILLA

Implementar ciclovías puede generar confusión y situaciones peligrosas cuando no están contempladas en la norma.

Es muy alentador que algunos municipios distritales de Lima hayan empezado a fomentar el uso de la bicicleta como medio de transporte alternativo. Inclusive algunos, muy innovadores, han implementado ciclovías inspiradas en las que tienen países con más experiencia en el tema. Sin embargo, los símbolos y las marcas en el pavimento que usan no existen en las normas de tránsito del Perú. A nadie se le ha enseñado qué significan esas señales ni cómo debe comportarse uno cuando se topa con ellas. Implementar ciclovías, por más creativas e innovadoras que sean, puede generar confusión y situaciones peligrosas cuando no están contempladas en la norma. Esto último ya no es tan alentador.

Por ejemplo, en el Perú no existen reglas oficiales para conducir un vehículo motorizado sobre un carril con una ciclovía pintada en el lado derecho. Si un conductor quiere doblar a la derecha, ¿cómo hace? ¿Está permitido cruzar por encima de la ciclovía? ¿Debe ceder el paso a un ciclista que transita por ella? ¿Quién tiene preferencia, el auto o la bicicleta? Nadie lo sabe y nadie puede decirlo con autoridad porque no existen normas oficiales que nos lo indiquen. Esto pone al ciclista en una situación más peligrosa que si no hubiese ciclovía.

Las reglas de tránsito en los países donde se utilizan ciclovías con diseño y señalización similares a las que se han implementado en San Isidro indican que la forma correcta y más segura para que un conductor gire a la derecha es ingresar con precaución al carril de bicicletas varios metros antes de la esquina y hacer el giro mientras que el ciclista le cede el paso y lo sobrepasa por la izquierda. Sin embargo, en el Perú, un policía que observa esta maniobra podría decir que el conductor está transitando sobre la vía exclusiva para bicicletas, lo cual es una falta grave (G32), sancionable con una multa de 8% de la UIT, y una deducción de 20 puntos. Ahora, supongamos que el conductor evita transitar sobre el carril de bicicletas hasta llegar a la esquina. Allí cruza sobre el carril de bicicletas para doblar a la derecha y atropella a un ciclista que siguió de frente pensando que el conductor debía cederle el paso antes de girar. ¿Quién está en falta, el conductor o el ciclista?

Ya que el Manual de Dispositivos de Control de Tránsito del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) no considera esta señalización, en ambos casos, la ley tendría que ignorar la existencia del carril para ciclistas y concluir que el conductor no tenía cómo ni por qué conocer esa simbología. ¿Cómo ayuda esto al ciclista?

Aplaudimos la iniciativa de los municipios que se han informado sobre las instalaciones para ciclistas que existen en otros países e intentan implementarlas. Es una muestra del esfuerzo que hacen por ser inclusivos y promover otras alternativas de transporte. Sin embargo, incorporarlas directamente en sus calles no es la manera correcta de hacerlo. Lo que deben hacer es conseguir primero que esas señales y marcas en el pavimento sean adoptadas por el MTC para que finalmente formen parte de la norma y sean incluidas en los materiales de educación vial y en el Reglamento Nacional de Tránsito. De lo contrario, las ciclovías seguirán sin tener sustento normativo en el Perú y no se podrá multar a los conductores que no las respeten, ya que son, y serán siempre, ciclovías guerrilla.

David Fairlie, Consultor de la Asociación Cruzada Vial

El Comercio, Lima, 07-05-2015

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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