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UN PASO ATRÁS EN LA EDUCACIÓN

UN PASO ATRÁS EN LA EDUCACIÓN

UN PASO ATRÁS EN LA EDUCACIÓN
abril 30

Carlos Williamson B. :El proyecto de Carrera Docente elimina el artículo 46 g) de la actual Ley General de Educación, que permite que profesionales de cualquier disciplina puedan hacer clases en colegios municipales.

Se trata, sin duda, de un paso atrás en el objetivo de elevar la calidad de la formación escolar. Más aún, se prevé que las mayores exigencias sobre las carreras de pedagogía bajen por un buen tiempo el número de alumnos y egresados, por lo cual contar con el apoyo de otros profesionales es un imperativo.

La tesis de que la vocación docente solo se encuentra en las carreras de pedagogía ha sido superada por la evidencia en Chile y en el extranjero. Se comprueba que un sistema riguroso de selección, que convoca a jóvenes con habilidades innatas para enseñar, aun cuando no hayan cursado dicha carrera, es un camino fecundo para ampliar la base de profesionales de la educación.

En nuestro país, el programa “Enseña-Chile” se ha transformado en una exitosa alternativa al modelo tradicional. Desde el 2009 selecciona a graduados universitarios con vocación de servicio, conocimientos sólidos en sus respectivas disciplinas y liderazgo educativo. Se les capacita mediante un riguroso Plan de Formación Inicial y luego con tutores que los acompañan mientras ejercen la docencia. Enseña-Chile cuenta con alrededor de 500 profesores, en ejercicio o egresados del programa, seleccionados entre nueve mil postulantes, con una cobertura de formación que ha llegado a 30 mil escolares, distribuidos en seis regiones y en colegios con altos índices de vulnerabilidad social. Los docentes de Enseña-Chile exhiben un alto desempeño en la prueba Inicia sobre conocimientos pedagógicos y comunicación escrita y en las mediciones de impacto sobre la autoestima y las habilidades socioemocionales de los alumnos a su cargo, señales elocuentes de que añaden valor a la docencia.

El proyecto de Carrera Docente está bien encaminado al poner hincapié en un conjunto de incentivos para atraer mejores alumnos a las carreras de pedagogía y evaluar sus habilidades para enseñar. Sin embargo, el Gobierno debe actuar con pragmatismo y enfrentar las defensas corporativas del Colegio de Profesores que pretende frenar la participación leal de profesionales de otras áreas, cuyas probadas competencias y vocación docente permiten tomar atajos para cerrar las brechas de la mala calidad de la educación pública. Cabe esperar que en la discusión en el Congreso se mantenga la norma actual e incluso se perfeccione para que programas como Enseña-Chile puedan acelerar su crecimiento. En Chile, nuestros niños no pueden esperar.

Carlos Williamson B. Profesor titular Universidad Católica de Chile

El Mercurio, Cartas, 24-04-2015

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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