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VIGILAR AL PODER. Por Mario Luis Fuentes

VIGILAR AL PODER. Por Mario Luis Fuentes

VIGILAR AL PODER. Por Mario Luis Fuentes

Ante la resistencia permanente de los gobiernos a rendir cuentas y a transparentar sus acciones, es de vital importancia que la ciudadanía no deje de participar activamente en la denuncia de abusos y excesos cometidos por la autoridad.

Las sociedades están siempre en proceso de cambio y transformación. En algunas ocasiones, tales cambios son producto de una acción o un conjunto de acciones deliberadas, ya bien de los gobiernos, de los partidos políticos, de líderes empresariales o de la sociedad civil.

Hay otros casos en que las transformaciones o aparición de factores de transformación surgen como “efectos no buscados” de otros procesos. Uno de ellos al día de hoy es el uso intensivo de las redes sociales con propósitos políticos, pero también de denuncia ciudadana.

Sería difícil decir que alguien pudo haber previsto, hace 10 años, el impacto que tendría la masificación del uso de dispositivos electrónicos y teléfonos móviles, asociados al uso intensivo de las redes sociales, frente al ejercicio cotidiano de la política y el gobierno.

Este cambio ha generado nuevas opciones y posibilidades para México. Por ejemplo, a nivel social, han sido expuestos casos paradigmáticos de discriminación, abuso y violencia y otras formas de intolerancia y discriminación, que han derivado en recomendaciones y acciones ejemplares de instancias como el Conapred, por citar sólo un ejemplo.

En el ámbito del gobierno ya ha habido consecuencias importantes por el uso que se da a las redes sociales, ya sea por quienes tienen alguna responsabilidad pública, o por sus familiares, como fue el caso del entonces titular de Profeco, quien luego de haber sido expuesto en las redes por un uso abusivo de sus funciones tuvo que dejar el cargo.

El caso más reciente lo enfrenta el titular de Conagua, David Korenfeld, quien ha sido expuesto en las redes por haber utilizado un helicóptero institucional, para fines que no tenían nada que ver con el desempeño de sus funciones.

Estos y otros casos de abuso del poder, de violencia policiaca injustificada, de excesos y actos de corrupción de autoridades de tránsito e incluso de actos delincuenciales, muestran un aspecto sobre el que todavía no se ha reflexionado de manera suficiente: el papel de la ciudadanía como contrapeso efectivo del poder, a través de la denuncia pública en redes sociales.

Así, ante la ausencia de un sistema nacional anticorrupción; ante el retraso e incluso intentos de regresión en el debate sobre la Ley General de Transparencia y ante la resistencia permanente de los gobiernos, del Congreso e incluso del Poder Judicial a rendir cuentas y a transparentar sus acciones, sin duda alguna es de vital importancia que la ciudadanía no deje de participar activamente en la denuncia de abusos y excesos cometidos por la autoridad.

Al respecto es importante decir que hoy como nunca la ciudadanía ha encontrado, sin que haya habido una mediación o una acción planeada de las instituciones públicas, canales para la denuncia y la generación de altos costos políticos para quienes nos gobiernan, nos representan o aspiran a hacerlo.

El asunto es mayor, pues permite generar sanciones y costos públicos para los políticos, logrando superar la lógica inaceptable de pretender que, si algo es legal, necesariamente es legítimo y, más aún, éticamente aceptable. Hoy la cuestión se ubica en el ámbito de lo legítimo y de la sanción ciudadana; y eso es algo digno de proteger, salvaguardar, pero, sobre todo, de alentar, porque si algo es necesario al día de hoy, eso es precisamente una vigilancia constante frente al poder.

Mario Luis Fuentes. Excelsior, México, 06-04-2015

*Investigador del PUED-UNAM

Twitter: @ML_fuentes

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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