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IRAN, ¿DEL “EJE DEL MAL” A ALIADO CLAVE DE OCCIDENTE EN ORIENTE MEDIO?

IRAN, ¿DEL “EJE DEL MAL” A ALIADO CLAVE DE OCCIDENTE EN ORIENTE MEDIO?

IRAN, ¿DEL “EJE DEL MAL” A ALIADO CLAVE DE OCCIDENTE EN ORIENTE MEDIO?

Hasan Rohani, Presidente de Iran

El régimen de los ayatolás presta colaboración “informal” contra Estado Islámico.

Fue el 29 de enero de 2002, durante el discurso del Estado de la Unión. Apenas habían pasado cuatro meses del atentado contra las Torres Gemelas, el mayor ataque en suelo estadounidense desde el bombardeo japonés a Pearl Harbour, cuando el entonces presidente George W. Bush acuñó el término ‘Eje del mal’ para referirse a una tríada de estados patrocinadores del terrorismo internacional: Irán, Iraq y Corea del Norte.

Trece años después, en un contexto sociopolítico muy diferente, el régimen de los ayatolás puede darle la vuelta al ostracismo en el que le sumió la Casa Blanca entonces y ser la pieza clave que persigue Occidente en la lucha contra el avance de Estado Islámico en Oriente Medio.

La llegada de Hasan Rohani a la Presidencia iraní, con un discurso más moderado que el de su predecesor, Mahmoud Ahmadineyad, ha permitido que Iran sea visto con otros ojos por la comunidad internacional.

En apenas 24 meses, el estado persa ha pasado de estar en la mira de un posible enfrentamiento armado con Estados Unidos a completar conversaciones a cuenta de su programa nuclear con el Grupo 5+1(EEUU, Francia, Reino Unido, Rusia y China) y obtener “muchos progresos”, en palabras del secretario de Estado John Kerry.

Después de casi tres lustros como uno de los grandes apestados de la diplomacia internacional, Irán es un país con inmensas posibilidades. No obstante ser uno de los mayores exportadores de crudo del mundo, está devastado económica e industrialmente fruto del embargo impuesto por Occidente y que ha mermado su capacidad de crecimiento. Además, ha desaparecido en gran medida el componente islamista que regía la vida de los iraníes, una sociedad con claros tintes progresistas, e, incluso, de su aparato estatal, en palabras de Ramin Jahanbegloo, politólogo e intelectual iraní.

Así, el líder supremo de la República Islámica, el ayatolá Ali Jamenei, consciente del hastío de su población, de mayoría chiíta, ha aprovechado el auge de Estado Islámico, un actor sumamente desestabilizador en Oriente Medio, para mover ficha y presentarse como una opción válida y viable en la lucha contra la organización terrorista de Abu Bakr Al-Baghdadi, de confesión suníta.

Amigo ideológico del régimen sirio de Baschar al Assad, Irán se ha mostrado muy activo, de un modo u otro, en el escenario reciente de Oriente Medio porque, por encima de todo, es demasiado peligroso tener por vecino a una organización terrorista con millares de miembros fanáticos y ávidos de violencia sectaria.

Estado Islámico ha llegado a controlar zonas de la provincia iraquí de Diyala que distan apenas 30 kilómetros de la frontera persa, incluyendo la ciudad de Mosul. Esto ha provocado que la ayuda financiera y logística iraní al Gobierno de Bagdad y a los kurdos, con los que Teherán mantiene una buena relación, fluya desde hace meses como estrategia preventiva.

Sin formar parte oficial de la coalición internacional, Irán se ha involucrado activamente en los bombardeos contra posiciones estratégicas de EI, ha entrenado a unos 10.000 sirios para combatir a los islamistas, ha sido clave en la reconquista de la ciudad de Tikrit y actúa de cortafuegos para que la amenaza yihadista no contagie de manera irremediable estados como Líbano o Yemen.

Además, ha conformado milicias de tropas chiítas no regulares bajo el mando del comandante Qasem Soleimani, el poderoso jefe de la sección extranjera de la Guardia Revolucionaria, que combaten en Siria e Iraq contra los yihadistas, si bien siempre se ha negado este extremo desde Teherán.

Por contra, Occidente, con Estados Unidos al frente, ve en Irán un potencial aliado de peso en la región, aunque siempre sea vista como una “colaboración informal” por la ausencia oficial de relaciones diplomáticas entre ambas partes desde la crisis de los rehenes de 1979.

Primero, porque Obama busca un tanto de mérito que anotarse en materia de política exterior de cara al final de su mandato. Tras el deshielo histórico de las relaciones con Cuba, Oriente Medio sigue siendo una asignatura pendiente del presidente estadounidense.

Segundo, porque la influencia iraní, tanto política como religiosa, en la región es inestimable y que en la ofensiva contra el yihadismo radical se vean implicados el mayor número de países musulmanes es vital, razón que cobra mayor importancia si en esta coalición figuran estados de diversa confesión, desde los wahabíes de Arabia Saudí a los chiítas de Irán.

Tercero, porque Estados Unidos sigue recelando del liderazgo saudí en la lucha contra EI y las relaciones con Israel, que sigue alertando de la amenaza nuclear que representan los ayatolás, no pasan por su mejor momento y la relección de Netanyahu no tiene visos de mejorarlas.

Y cuarto, porque las Fuerzas Armadas iraníes abren la posibilidad a una hipotética intervención terrestre en Iraq y Siria por parte de un contingente muy preparado y conocedor del terreno en caso de necesidad.

Borja M. Herraiz. El Imparcial, España, 20-03-2015

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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