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LA REVOLUCIÓN CUBANA: EL OTOÑO DE LA DICTADURA

LA REVOLUCIÓN CUBANA: EL OTOÑO DE LA DICTADURA

LA REVOLUCIÓN CUBANA: EL OTOÑO DE LA DICTADURA

LA REVOLUCIÓN CUBANA: EL OTOÑO DE LA DICTADURA

cubaUna de las noticias más importantes e impensadas del 2014 fue el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba.

Desde el triunfo de la Revolución en 1959 en adelante, la historia entre ambos países ha estado marcada por los desencuentros permanentes, nacidos al calor de la Guerra Fría, con temores y agresiones recíprocas, que han tenido a Estados Unidos y a Cuba como cabezas de dos modelos de desarrollo para las naciones latinoamericanas. Sucesos como Bahía Cochinos o “el embargo” han sido dos manifestaciones elocuentes de las divergencias, pero en modo alguno agotan el tema, que es más complejo y duro de lo que quisiéramos. Todo con la particularidad de que el problema se mantuvo después del fin de los totalitarismos comunistas tras la caída del Muro de Berlín. Cuba quedó como una especie de museo de la historia, pero siempre con dirigentes orgullosos de su Revolución, intransigentes a cualquier cambio e incluso a la realidad, debatiéndose entre querellas internas y purgas, pero sin márgenes para la renovación doctrinal o las concesiones políticas.

¿Cómo ponderar el acuerdo actual de Cuba con Estados Unidos? ¿De qué manera valorar lo valioso de este anuncio pero sin caer en la complacencia de olvidar los pendientes? ¿O cómo mantener las críticas justas contra la dictadura de los Castro, pero evaluando posibles bienes de este acuerdo? Es lo que ha ocurrido en estas semanas: mientras algunos miran con ilusión otros son más escépticos, si algunos saludan a los líderes otros muestran desconfianza. Obama no está en su mejor momento político, pero sigue siendo el Presidente de la principal potencia mundial. Raúl Castro es un dictador envejecido, pero gobierna Cuba y en estas cosas no hay como contar con los hechos antes de cualquier cosa.

Hay tres consideraciones fundamentales a tener en cuenta en este proceso que viven ambas naciones y cuyas consecuencias impactan a todo el continente.

En primer lugar, el anuncio de restablecimiento de relaciones diplomáticas es un avance, pero no significa nada para el pueblo cubano en la medida en que la dictadura siga entronizada y oprimiendo a quienes llevan décadas sufriendo. Es verdad que después de 56 años esperar unos meses o años más podría ser poco tiempo y que no habría razones para desesperar, pero también es cierto que cuanto antes termine la pesadilla y se organice una transición a una vida digna y libre, tanto mejor. En otras palabras, el mundo sabe mucho de retórica revolucionaria, por lo que un verdadero cambio no se expresa en el plano de las declaraciones líricas, sino en los cambios institucionales profundos.

En segundo lugar, hay un aspecto cultural que es necesario rescatar en este tema. La mayoría de los análisis insisten de manera casi uniforme en los aspectos económicos que se derivarían de las medidas eventuales: más intercambio comercial, más divisas en la isla, mejoramiento de la calidad de vida de una población que hoy está sumida en la miseria. Si bien todo eso es importante, en modo alguno es lo esencial. En esto el siglo XX dio muchas lecciones, pero siempre conviene recordar a figuras como Alexander Solzhenitsyn, Vaclav Havel o Carol Woytila, que no se quedaron pegados en los argumentos exclusivamente económicos, sino que ahondaron en las profundidades del humanismo y oponían al régimen de la violencia y la mentira una opción definida por la paz y la dignidad de la persona. La clave está en comprender la superioridad de la libertad sobre el socialismo que se ha construido en la isla, la primacía de la persona sobre el Estado, la vitalidad de las sociedades libres sobre aquellas gobernadas por el comunismo.

Un tercer aspecto se refiere a la importancia de la solidaridad internacional. El mundo, los países latinoamericanos y sus gobiernos, los intelectuales y tantos otros están en deuda con Cuba y su pueblo. En parte por su condescendencia hacia la dictadura cubana, por su incapacidad para apoyar a quienes han sufrido y siguen sufriendo el rigor de la falta de libertad, la cárcel o el control de sus vidas. Cada vez que se ha levantado una voz valiente para denunciar al régimen de los Castro ha habido muchas voces más intentando acallarla, a través del matonaje o la descalificación. Durante décadas muchos gobernantes y líderes políticos han viajado a la isla y, lejos de comprender y apoyar las causas de los derechos humanos, se encandilaron con Fidel y se manifestaron incapaces de hacer avanzar la historia hacia la libertad. En los últimos años la situación no ha variado radicalmente, por lo que el acuerdo actual brinda a muchos una oportunidad para enfrentar esta etapa decisiva en la historia de Cuba con la frente en alto y un genuino afán solidario hacia el pueblo cubano.

Muchos intelectuales y analistas han manifestado su preocupación sobre una eventual inutilidad del acuerdo Obama-Raúl Castro. Hay muchas razones para pensar de esa manera. En parte porque, como suele ocurrir, el Presidente norteamericano no tardó en reconocer que se equivocó con su política de bloqueo económico, razón suficiente para motivar el cambio al respecto. Pero no ha habido una sola palabra de Castro reconociendo su error y el de los revolucionarios que establecieron una de las dictaduras más largas de la historia universal.

Bien por los dólares que llegarán a la isla dentro de algún tiempo, si perseveran los ánimos de reconciliación manifestados por los gobernantes de ambos países. Muy bien para el sufrido pueblo cubano que pueda disfrutar de algunos bienes que en otros países del continente han existido desde hace años en que la prosperidad se ha crecido como en Cuba se distribuye la pobreza. Es una buena noticia también que los gobernantes busquen acuerdos donde antes repartían armas, ejércitos guerrilleros y golpes de Estado. Lamentable, en cualquier caso, que el pueblo cubano deba seguir esperando para gozar los bienes de las libertades básicas de un régimen civilizado, los aires propios del mundo que se construye con iniciativa privada y participación, con derecho a asociarse y a discrepar, con libertad para organizarse y para aspirar a algo tan básico como cambiar al gobierno por medios pacíficos.

En cualquier caso, ya han comenzado a caer las primeras hojas de los árboles. Seguramente es porque la dictadura cubana ha comenzado a vivir su propio otoño.

Alejandro San Francisco, historiador. El Imparcial, España

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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