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EL GRAN ERROR DE LA EX MINISTRA

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EL GRAN ERROR DE LA EX MINISTRA

lillianLillian Calm escribe: “La ministra saliente no sólo habló en los términos que la llevaron a la calle. Ya en la calle hizo diversas declaraciones de las cuales, porque ameritan un estudio profundo, yo rescaté dos…”.

No voy a detenerme aquí en la declaración de la ex ministra Helia Molina sobre aborto, clínicas cuicas e hijas de familias conservadoras, simplemente porque esas palabras no resisten análisis alguno (“en todas las clínicas cuicas de este país muchas de las familias más conservadoras han hecho abortar a sus hijas…”, dijo).

Ella es médico, aseguran, y repaso a médicos connotados y no encuentro a ni uno solo (connotados, digo) que esté a favor del aborto con ninguno de sus apellidos (terapéutico o como se le quiera llamar).

Repaso a los ministros de antaño… y qué altura de miras tenían tantos de ellos.

La ministra saliente no sólo habló en los términos que la llevaron a la calle. Ya en la calle hizo diversas declaraciones de las cuales, porque ameritan un estudio profundo, yo rescaté dos:

La primera: “No soy una rockstar”. Nunca pensé que lo fuera pero, por si acaso, revisé el significado de “rockstar”. Apunta un diccionario: “Un miembro de una banda de rock o un artista en solitario en el género (el término suele implicar un estatus de celebridad o fama)”.

No sé si la ministra procura aclarar que no pertenece a banda alguna, ni tampoco que es una artista en solitario… porque celebridad, de hecho, no es. Yo jamás había oído su nombre antes de que se designara el primer gabinete de este segundo gobierno de Bachelet. Eso sí, todo puede obedecer a una ignorancia mía.

Segunda frase post-caída que me caló hondo: “Al que le venga el sayo, que se lo ponga”. Esto lo dijo después de afirmar que no se arrepentía de sus dichos.

Quizás yo soy un poco intransigente, pero cuando oigo a equis persona hablar en refranes me pongo muy nerviosa. Lo disimulo. Y, lo que es a una autoridad o a quien fue una autoridad, no le admito refrán ninguno. Simplemente la borro. Es terrible ser tan intransigente.

En resumen, no creo que esta columna sea, esta vez, el escenario para analizar el por qué el aborto, sea cual sea, es el asesinato de un ser humano.

Tampoco voy a referirme a las consecuencias de la ideologización y del resentimiento.

Para mí el tema es otro. Es el verdadero error que ha cometido la ex ministra: ¿cómo se le ocurre a alguien que quiere seguir manteniendo una posición (y supongo que ése es el afán que mueve, con escasísimas excepciones, a quienes ocupan cargos altos) militar en el PPD y no en el Partido Comunista?

Y lo digo porque la ex ministra es militante del PPD, cuyo presidente es el mismo que se desprestigió al acuñar su dicho sobre la famosa retroexcavadora. No creo que ése señor pese tanto (ni haya pesado antes de la retroexcavadora), como el mandamás del Partido Comunista.

Y si no que lo diga el excelentísimo señor embajador de Chile ante Uruguay, quien demostrando que no era tan excelentísimo no sólo hizo, en el extranjero, declaraciones pavorosas en contra de la Democracia Cristiana y de la derecha empresarial (“¿A quién le interesan los actos terroristas? A la derecha, la derecha empresarial”), sino que a raíz de ellas renunció para luego, sin que mediaran demasiadas horas, aferrarse al cargo, bien apadrinado por supuesto por el PC, y de paso dejar en el suelo hasta la credibilidad del Canciller.

Y el cuento terminó con él, militante comunista (a los que no se los toca), bien apernado en su resort uruguayo, mientras el vocero del Gobierno calificaba el caso como “superado”. Todo un tongo diplomático.

Mal ojo tuvo la ex ministra. Se equivocó al elegir donde debía militar. No todos pesan igual en el reino de La Moneda.

Lillian Calm

Periodista

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Paseaban por el campus de la Universidad de Princeton el matemático Oswald Veblen y el periodista del Manchester Guardian J. G. Crowther.

– Allí viene Einstein, debe Ud. conocerle, dijo el matemático.

Se acercaron y Veblen lo presentó como “el corresponsal científico del Manchester Guardian”. Einstein se inclinó y dijo:

– El Manchester Guardian es el mejor periódico del mundo.

Cuando el periodista regresó a Londres, uno de los ejecutivos del diario le preguntó si había oído ciertos rumores sobre Einstein.

– ¿Qué rumores?

– Corre el rumor en Fleet Street de que se ha vuelto loco.

– Si es así – dijo Crowther – es una desgracia para el Manchester Guardian.

– ¿Qué quiere decir?

– Le conocí hace poco y me dijo “el Manchester Guardian es el mejor periódico del mundo”.

– ¡Oh!, - contestó el ejecutivo- es evidente que nuestra información es incorrecta.

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