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IMPUESTO QUE GRAVA LA COMPRA DE AUTOMÓVILES

IMPUESTO QUE GRAVA LA COMPRA DE AUTOMÓVILES

IMPUESTO QUE GRAVA LA COMPRA DE AUTOMÓVILES

IMPUESTO QUE GRAVA LA COMPRA DE AUTOMÓVILES

automovilesEl gravamen, establecido en la reforma tributaria, está lejos de ser un “impuesto verde”, y no es más que una carga al consumo.

EL LUNES entró en vigencia el impuesto que grava la compra de vehículos motorizados nuevos livianos y medianos, cuyo monto se determina mediante una fórmula de tres componentes para cada modelo: el rendimiento, las emisiones de óxidos de nitrógeno y el valor de venta. El monto de impuesto fluctuará entre $ 30.000 y $ 5.800.000. No obstante, estarán exentos vehículos como taxis, camiones, camionetas y furgones de más de 2.000 kg., para transporte de pasajeros y otros especiales.

La justificación que se dio para este nuevo gravamen es que protegerá el medio ambiente y que su recaudación contribuirá a financiar la reforma educacional. Sin embargo, el carácter “verde” del mismo no queda claro, porque un tributo que apunte a proteger el medioambiente debiera gravar a los vehículos usados, que contaminan más que los nuevos. Por otra parte, las exenciones que se establecieron dejan fuera del gravamen a algunos que son más contaminantes, como los camiones, buses y taxis (éstos por el uso sostenido que reciben).

Se suele fundamentar el establecimiento de ciertos tributos que se aplican a determinados productos por las externalidades negativas que éstos provocan (en salud o medioambiente), pero en los hechos ello no resulta más que una disculpa, pues el Fisco parte de la base que se obtendrá un mayor nivel de recaudación. Tanto es así, que en este caso se cuenta expresamente con los fondos que producirá para el financiamiento de la reforma a la educación. Pero un impuesto realmente “verde” debiera desincentivar el consumo del respectivo bien, para disminuir la externalidad que le está asociada, y no ser una fuente de recaudación, que supone que no disminuya sensiblemente el consumo.

En la práctica, el impuesto que se ha creado técnicamente no es más que un impuesto al consumo y no un gravamen que induzca a adquirir vehículos menos contaminantes. Ello es evidente cuando se considera que el valor del vehículo es una variable que determina el incremento del monto del tributo, aspecto que no guarda relación con la protección del medioambiente. Más aún, las tecnologías “ecológicas” con que vienen equipados los vehículos modernos encarecen su valor y éste incide en el monto del gravamen, lo que desincentivará la adquisición de ellos.

Por otra parte, al ser un tributo específico que se basa en el precio del vehículo, al menos en parte, no se diferencia mayormente del impuesto que en el pasado se denominaba al “lujo” y que gravaba los vehículos de alto valor. Ello puede provocar tensiones con Estados Unidos, ya que en el tratado de libre comercio que se celebró con este país, Chile expresamente se obligó a suprimir el impuesto al lujo (art. 3.14 del tratado), lo cual pudiera dar origen a reclamos de los fabricantes de vehículos norteamericanos.

Finalmente, dadas las cifras a que llega el nuevo impuesto, puede impactar la adquisición de vehículos nuevos y orientar a los consumidores a la compra de usados, lo que provocará una mayor contaminación a la larga y una caída en la recaudación, con lo que se habrán frustrado todos los supuestos objetivos. Este tributo es otro aspecto que parece no haber sido bien estudiado en la reforma tributaria.

La Tercera. Editorial, 01-01-2015

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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