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CÓMO TRATAR A LOS SEÑORES DELINCUENTES

CÓMO TRATAR A LOS SEÑORES DELINCUENTES

CÓMO TRATAR A LOS SEÑORES DELINCUENTES

CÓMO TRATAR A LOS SEÑORES DELINCUENTES

lillianLillian Calm escribe: “Para que el ladrón no sufra shock alguno, el dueño de casa debería ofrecerle un whisky, pero no etiqueta roja que es rasca… sino un buen whisky etiqueta negra”.

No estamos en la jungla. Lo que hicieron fue un delito, porque reaccionaron como animales y no debieron hacerlo”, alegó en entrevista a Televisión Nacional un joven delincuente que fue semi desnudado, envuelto en papel alusa (de ése en que venden las presas de pollo) y amarrado a un poste… me imagino que en espera de la llegada de la fuerza pública.

Se ha hablado de “linchamiento denigrante”. Puede ser.

En todo caso, el angelito en cuestión sólo –reitero, sólo- había asaltado y le había robado el celular a un adulto mayor: a un hombre de 75 años.

Quiero dejar muy en claro que no soy partidaria de que a nadie se lo semi desvista ni tampoco que se lo envuelva en alusa, y menos de que se lo amarre a un poste, pero la situación me ha servido para reflexionar.

Aunque parece que no es políticamente correcto, me imagino que todo esto deriva en que está llegando la hora en que los “otros”, esos que somos todos, comenzamos a salir de nuestro inexplicable indiferentismo y estamos empezando a socorrer a quienes (también somos nosotros) estamos expuestos a la creciente delincuencia que prolifera en Chile. Nunca la inseguridad ciudadana había llegado a tanto.

No pude tampoco dejar de escandalizarme por declaraciones de ciertas autoridades de mando medio que salieron en defensa, ¿saben de quién?, pues no de la víctima sino del victimario: de quien asaltó al adulto mayor, al que convirtieron lisa y llanamente en víctima.

Cooperativa.cl -que individualizó al agresor del adulto mayor como un menor de edad de 16 años-, consignó que el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) condenó su “detención ciudadana”.

Reproduzco textualmente:

A juicio del organismo, esta situación revela que aún falta mucho en materia de respeto por los derechos de las personas, por lo que resaltaron que es la justicia la que debe operar en estos casos. Rodrigo Bustos, jefe de la Unidad Jurídica Judicial del INDH, explicó que ‘tenemos una cultura que en muchos casos muestra señales muy fuertes y preocupantes de violencia y, sin duda, es relevante tomar medidas por parte de todos los órganos del Estado para avanzar en una cultura de respeto’”.

(El personero se refiere, por supuesto, a la violencia contra el delincuente y al respeto al mismo; ni siquiera alude al asalto a un adulto mayor de 75 años, que al parecer ya no tiene derechos humanos).

El mismo funcionario sentencia que si bien comprende la reacción de los transeúntes, el Estado debe garantizar la justicia. “Existen deberes del Estado de que haya un acceso a la justicia eficiente y eficaz, pero eso en ningún caso justifica hechos de violencia o prácticas inhumanas para cualquier ciudadano”, comentó.

Otra declaración:

Es problemático que un menor asalte a un adulto mayor; si eso efectivamente ocurrió es un delito. En ese supuesto, es reprochable. Todo lo que ocurrió luego de que lo agarran, el quitarle la ropa, el amarrarlo, el quedarse sacando fotos, es una actitud criticable, reprochable, en tanto implica vulnerar todo trato con dignidad hacia cualquier persona; es una acción de extrema violencia que es cuestionable”, declaró a “La Tercera” Silvana Lauzan, jefa de la unidad de Estudios del INDH (léase el mismo Instituto Nacional de Derechos Humanos, pero ella por lo menos hace una referencia al asalto al adulto mayor).

Añadió que “más que la práctica de la detención ciudadana, el Instituto rechaza el ajusticiamiento posterior de un presunto delincuente, lo que está totalmente fuera de lo legal y fuera de lo deseable dentro del Estado de Derecho. A quien le corresponde impartir justicia es al Estado y no la ciudadanía (…) Hay cosas bastante dramáticas en este caso por las que vale la pena reflexionar”.

(Sí: hay que reflexionar, digo yo, en la indefensión de la ciudadanía, en la fuerza policial que llega bastante después de ocurridos los hechos, en las cámaras de seguridad que en el preciso momento de un delito curiosamente no se encuentran funcionando, en la puerta giratoria y, me duele decirlo porque no es ni de lejos la de hace unas décadas, en la idoneidad de tantos jueces chilenos. Ahí está quizás la clave de haber llegado a la “jungla”, como el propio delincuente denuncia con tanta razón, eso sí sin reconocer que él también se mueve en su jungla propia).

Pero no sólo hablaron sobre el hecho los mandos medios. Ya con más rango, terció el subsecretario del Interior:

La gente lo que tiene que hacer es contribuir a que se respete el Estado de derecho. Tomar acciones individuales no es correcto. No tiene que ver con el proceso democrático (sic); nosotros vivimos en un país que tiene leyes y la aplicación de la ley no es optativo para los chilenos”, indicó Mahmud Aleuy.

Mientras me devano los sesos tratando de deducir qué tendrá que ver hacerle pasar un mal rato a un ladrón –fueron 20 minutos, se informa- con el proceso democrático, aterrizo nuevamente en las declaraciones del señor Bustos, el del Instituto Nacional de Derechos Humanos. Éste propone avanzar en “una cultura del respeto”.

Muy loable, pero tampoco entiendo bien a qué se refiere. Quizás busque proponer algunas normas que, además, de las que ya existen (leerle la cartilla de sus derechos al delincuente, falta de atribuciones de la policía y tantas otras) podrían ir dirigidas a proteger aún más al malhechor.

Por ejemplo, si es menor de edad, tal vez se le podría prestar un celular (¡ojo, que se lo puede llevar!) para que llame a su mamá y al 133 (¿existe todavía?) para denunciar a esos malulos que han tenido la osadía de defender a la víctima.

Si es mayor de edad e irrumpe en el hogar de una víctima, para que el ladrón no sufra shock alguno (me da no sé qué tratarlo de ladrón porque a lo mejor eso va contra los derechos humanos… me corrijo, para que el señor visitante no caiga en shock), el dueño de casa debería ofrecerle un whisky, pero no etiqueta roja que es rasca… sino un buen whisky etiqueta negra, porque la ocasión lo amerita.

Y naturalmente podría prestarle una van, y si es necesario un container, para que transporte y almacene los objetos por él sustraídos, y éstos le lleguen a quizás a qué reducidor en perfectas condiciones.

Sí. Pero siempre respetando la democracia y los derechos humanos.

Lillian Calm

Periodista

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