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EL ABRIGO DE DON CORNELIO

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EL ABRIGO DE DON CORNELIO

varelaGerardo Varela: “Todos estos regalos son financiados por alguien y no es el que los anuncia y se lleva los aplausos. Ese señor (a) normalmente no pone ni uno. Al contrario, esos regalos los van a terminar pagando todos los chilenos…”

Cuenta la historia (probablemente apócrifa) que estando don Arturo Alessandri Palma discurseando a su querida “chusma -como la denominaba él-, uno de los presentes le gritó: “¡Tenemos frío!”. Esto despertó la reacción inmediata e instintiva de gran tribuno que era y en un gesto teatral tomó el abrigo de don Cornelio Saavedra, quien estaba a su lado, y lo arrojó a las masas para que se abrigaran. Los vítores -a Alessandri, por supuesto- fueron inmediatos. Y de don Cornelio nadie se acuerda.

Una debilidad de carácter que tenemos las personas es la exuberancia y liviandad con que regalamos lo ajeno, lo que contrasta con la modesta timidez con que nos desprendemos de lo propio. Este defecto no es preocupante respecto de los ciudadanos de a pie porque tenemos una capacidad limitada para disponer de lo ajeno. Distinta es la situación de nuestros políticos que administran el Estado que sí pueden regalar nuestro dinero y llevarse los aplausos por su generosidad. No en vano Margaret Thatcher decía que el socialismo fracasa cuando se acaba el dinero de los demás.

Nuestro anecdotario político es rico en ejemplos de esta propensión. El atronador aplauso que reciben los anuncios de más gasto el 21 de mayo; la reforma agraria sesentera; borrar deudores del Dicom; dar bonos con platas públicas; otorgar certificados a exonerados truchos o aplaudir las alzas de impuestos… Todas versiones de un mismo fenómeno: la generosidad con los bienes ajenos.

Hoy nuestra clase política se ha lucido con un nuevo regalo con plata ajena. Se ha obligado a las radios a poner al menos 20% de música chilena. Es dudoso que esto promueva la cultura, pero sí es indudable que obliga a las radios y auditores a beneficiar a los cantautores chilenos con los royalties que recibirán por sus derechos de autor. De ahí los desinteresados aplausos con que los autores celebran esta contribución a la cultura. Esta ley es un absurdo y atenta contra nuestra libertad y la de las radios. Si se aprueba -lo que espero no ocurra-, debe exigirse a los autores que quieran que su música se escuche que previamente renuncien a sus derechos de autor. Así quedará claro que los inspira la cultura y no el denostado lucro.

En Chile, sin embargo, queda todavía mucho dinero ajeno al que echar mano. Están nuestros fondos en las AFP, que bajo todo tipo de pretextos filantrópicos como ser solidario…, “dele al que no tiene”, “terminemos con la desigualdad”, etcétera, el Estado y los políticos quieren echarles mano y terminar dándole su plata al que más presiona y no al que más lo necesita.

El entusiasmo con estas viejas ideas deriva precisamente de esta propensión humana a regalar lo ajeno. Por eso en Chile parece ser popular subir impuestos. A los chilenos les venden la idea que los demás van a pagar más que ellos y que van a poder sacar más de lo que ponen.

Por eso apoyan también la universidad gratuita. Es obvio que si a usted le preguntan si quiere que los demás le regalen la educación a su inteligente y virtuoso hijo, va a contestar que sí. Distinto sería que le preguntasen si usted quiere pagarles la universidad a los cabros vagos, flojos y matones de la cuadra de al lado. Es como ese comercial de radio que dice: “qué distinto es cuando le agregas un tú”.

Por eso les tengo una mala noticia: todos estos regalos son financiados por alguien y no es el que los anuncia y se lleva los aplausos. Ese señor (a) normalmente no pone ni uno. Al contrario, esos regalos los van a terminar pagando todos los chilenos. Y como pasó en Argentina: en algún momento hay más beneficiados que contribuyentes y entonces colapsa el sistema. Porque, como dijo Thatcher, se acaba la plata de los demás.

Por eso en La Vega, Lo Valledor y en la Bolsa tienen un dicho: “Todos los días amanece un gil; el primero que lo pilla se lo queda y si a las 12 no sabes quién es… eres tú”. Llegó diciembre, son pasadas las 12 y si usted todavía no sabe quién es el gil que va a pagar la cuenta de los bonos y ofertones… le tengo una mala noticia.

Gerardo Varela. El Mercurio, 29-11-2014

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