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JOICHI ITO: EL VALOR DE LA DISPERSIÓN

JOICHI ITO: EL VALOR DE LA DISPERSIÓN

JOICHI ITO: EL VALOR DE LA DISPERSIÓN
noviembre 20

JOICHI ITO: EL VALOR DE LA DISPERSIÓN

joichiDejó la universidad porque consideraba que era un sistema poco creativo. Hizo casi de todo y hoy es director del famoso Laboratorio de Medios del MIT, desde donde han surgido tecnologías revolucionarias. “Nos enfocamos en el aprendizaje, que es distinto a la educación. “, afirma.

Si a Joichi Ito no le hubiera ido bien en la vida le dirían simplemente que es un tipo disperso que trata de abarcar demasiado y no se enfoca. Pero muy por el contrario, es considerado una versión moderna del hombre renacentista, tal como lo calificó la revista Time a fines de los 90. Además, en 2011 fue incluido por la revista Foreign Policy entre los 100 mayores pensadores del mundo.

Basta mirar su currículum para entender por qué, con 48 años, este oriundo de Kioto, Japón, tiene un historial de proyectos envidiable que partió en los 80, cuando dejó sus estudios en computación y física en las universidades Tufts y Chicago para convertirse en DJ y animar fiestas. De la música electrónica pasó a Hollywood y en los 90 ayudó a producir la película Indian Runner, de Sean Penn, además de fundar la primera empresa proveedora de internet de Japón. En el 2000 empezó a interesarse en las redes sociales y El laboratorio fue concebido por el arquitecto Nicholas Negroponte, creador de la revista Wired y quien creía que la misión del organismo era promover una escuela de pensamiento antidisciplinario: “Este es un lugar donde gente con conocimientos muy diferentes puede usar e inventar de forma simultánea nuevos medios y donde el computador en sí mismo es un recurso, parte de una red de comunicación entre la gente y las máquinas y no sólo un objeto para sentarse frente a él”, escribió Negroponte en una declaración de principios de 1984.

Ito cuenta que fue esta visión la que lo cautivó cuando fue contactado personalmente por el arquitecto. Para él, que dejó la universidad porque consideraba que sólo enseñaba fórmulas y no la forma de llegar a soluciones creativas, fue como haber encontrado a su tribu perdida. “Se podría decir que la forma en que aquí se piensa la innovación y el impacto que tiene en la sociedad tiene mi mismo ADN. Nuestro anhelo es ser antidisciplinarios, lo que significa llenar los espacios en blanco que hay entre campos como la biología o la ingeniería. Este es un lugar donde puedes permitir que la gente evolucione en distintas áreas y pruebe ideas que tal vez no serían bien vistas en otra institución. Eso calza perfectamente con mis antecedentes, ya que trabajé en muchas cosas que a otras personas les pueden parecer extrañas”.. El emprendedor agrega que un ejemplo de su visión multidisciplinaria es la planificación urbana, un área que le interesa especialmente: “Para que una ciudad sea vivible debe integrar ciencia, una buena ingeniería, un buen diseño e incluso arte”, explica.

Por eso es que L. Rafael Reif, presidente del MIT, dijo en 2011 al diario The New York Times que pese a que Ito no tenía grados académicos su perfil era el indicado para liderar el Media Lab: “Es un innovador que entiende el gran potencial de la tecnología, y en particular de internet, para influir en la educación, los negocios y la sociedad”.

Un nuevo aprendizaje

En el Media Lab, cuyo presupuesto anual llega a 45 millones de dólares, trabajan unas 80 personas y hay alrededor de 150 alumnos de un altísimo perfil. A ellos se suman más de 50 científicos visitantes y 140 graduados universitarios de todo el mundo, los que llegan a trabajar a un recinto que incluso promueve la colaboración científica mediante su estructura. En 2009 se inauguró una extensión diseñada por el famoso arquitecto japonés Fumihiko Maki y que integra grandes paredes de cristal a través de las cuales los investigadores pueden ver lo que hacen los demás para inspirarse. La idea es promover una forma cooperativa de aprender que ha rendido frutos concretos: por ejemplo, el Media Lab diseñó para el famoso músico Yo Yo Ma un chelo con sensores de movimiento. Luego la empresa NEC les dio a esos mismos sensores un fin completamente distinto: los adaptó para que los airbag de los autos pudieran distinguir entre el cuerpo de un adulto y el de un niño.

En la ciencia tradicional, los investigadores suelen ser preparados para hacer una única cosa y hacerla de forma muy eficiente. ¿Debería haber un mayor balance entre la especialización del conocimiento y una visión más generalizada?

Es importante tener expertos en ciertas áreas para desarrollar investigación, pero para nosotros también es importante que los científicos sean capaces de comunicarse con cualquiera. Lo que siempre trato de plantear es seguir la idea que planteó Albert Einstein al decir que si no puedes explicarle una idea a un niño de seis años, simplemente tú mismo nunca lograste entenderla. Hoy la educación está estructurada para que tengas que elegir una disciplina y te especialices en ella y uno de los problemas en el ámbito académico es que terminas explicando tus ideas sólo a la gente que hace la revisión de pares para la publicación del artículo académico y que son colegas de tu mismo campo. Lo que alienta este modelo es que progresivamente vas sabiendo más y más sobre menos y menos cosas. Lo que queremos es que los investigadores no pierdan la habilidad de conectarse con el mundo.

Por ese motivo, una de sus palabras favoritas es “neotenia”, es decir, la retención de atributos infantiles como la capacidad de asombro. “Cuando somos jóvenes aprendemos, socializamos, jugamos, experimentamos, somos curiosos, cambiamos, imaginamos. En la adultez somos serios, producimos, nos enfocamos, peleamos, nos protegemos y creemos fuertemente en las cosas. Pero el futuro del planeta depende cada vez menos de ser eficientes, producir cosas o proteger nuestro terreno y más sobre trabajar juntos, abrazar el cambio y ser creativos. Vivimos en una era donde la gente se muere de hambre en medio de la abundancia y nuestro mayor enemigo es el afán por controlar nuestro territorio”, plantea Ito en el libro Lo que ahora importa, editado por Seth Godin.

¿Cuál es el rol que tiene el Laboratorio de Medios en ese contexto?

Una de las cosas en que más nos enfocamos es en el aprendizaje, que es distinto a la educación. Aprender es algo que tú te haces a ti mismo y educación es lo que la gente te hace a ti. Para el futuro no necesitamos gente que siga haciendo lo mismo y que obedezca reglas a ciegas, sino personas que piensen creativamente, que cuestionen la autoridad y piensen por sí mismas. Hay cuatro claves del aprendizaje: proyectos, pares, pasión y juego. Aprendes afrontando proyectos concretos, de quienes te rodean, a través de la pasión y jugando. Pero hoy en la mayoría de las escuelas eso no existe y te las tienes que arreglar solo.

Por ese motivo, el Media Lab impulsa varios proyectos en una iniciativa llamada “Aprendizaje en lugar de educación” (http://learn.media.mit.edu). Sus expertos exploran ideas como Storyteller, aplicación que les permite a los padres mover frases de una historia en una pantalla para así personalizar cuentos e incentivar el uso del lenguaje. También hay un proyecto para crear una herramienta que graba audio y traduce de forma casi instantánea. Esta labor y las demás iniciativas del Media Lab cuentan con la ayuda de consultores como el cantante Peter Gabriel y June Cohen, productora de las conferencias TED.

Un futuro sin límites

Ito afirma que hace un par de décadas se necesitaban cientos de millones de dólares y ejércitos de expertos para concretar una investigación importante. Pero hoy cualquiera puede crear el próximo Google desde la comodidad de su casa, gracias a herramientas como el software de código abierto, el acceso generalizado a internet y los computadores de bajo costo como los que ofrece la organización One Laptop Per Child y que también surgieron del Media Lab. Hoy los investigadores del centro buscan aprovechar esta mayor disponibilidad de recursos en más de 350 proyectos simultáneos, donde se usan desde martillos a impresoras 3D y sofisticados equipos electrónicos.

¿Cuáles son las investigaciones más emblemáticas que hoy desarrolla el Media Lab?

Tenemos a todo tipo de gente trabajando en unir la ingeniería electrónica con las ciencias médicas y la biología. Una idea es intentar eliminar las discapacidades, pero el cuerpo humano tiene tantos componentes que algunos problemas debes resolverlos con mecánica, otros con química y algunos con una mezcla de disciplinas. También tenemos el grupo City Science, que congrega a expertos que intentan descifrar cómo la movilidad de las personas, la planificación, la agricultura y el manejo de datos pueden mejorar la vida urbana. Lo que debemos entender es que las ciudades son sistemas casi biológicos con muchos componentes interconectados. No se puede pensar una ciudad sin congregarlos a todos.

Un ejemplo de los estudios que menciona Ito es lo que hace Ed Boyden, elegido en 2008 por la revista Discovery como uno de los investigadores menores de 40 años más destacados. Él es líder del grupo de neurobiología sintética, que busca mapear y tratar males cerebrales como la epilepsia y el párkinson. También está Hugh Herr, director del grupo de biomecatrónica y quien perdió sus piernas en un accidente cuando era adolescente: ya creó una rodilla artificial controlada por computador y trabaja en piel sintética que generará sensaciones tal como si fuese real.

En City Science destaca Jennifer Broutin Farah, quien desarrolla cultivos urbanos aeropónicos, es decir, con vegetales como tomates cuyas raíces crecen en bolsas repletas de una fina niebla de agua y nutrientes en lugar de tierra. Este sistema es controlado por computador y usa un 98% menos de agua y un 60% menos de fertilizantes. También está el City Car, un auto eléctrico que se pliega al estacionarse, y CityHome, un microapartamento cuyas paredes robotizadas se convierten en una sala de estar, un dormitorio o una oficina para aprovechar los espacios limitados y reducir el consumo de energía. Todo estas ideas se conjugan en un rama llamada “análisis urbano” que usa computadores para modelar todo lo que ocurre en una ciudad mediante el estudio de grandes cantidades de datos. Una de sus aplicaciones es el desarrollo de una red inteligente de autos eléctricos compartidos que mediante una aplicación avisará a los usuarios donde recoger y dejar los vehículos.

El santo grial para el Media Lab es crear una red automatizada de autos que se conduzcan solos hasta la ubicación del usuario, pero por ahora el City Car está siendo desarrollado comercialmente en la región vasca de España. Al mismo tiempo el Media Lab establece nexos de investigación con varios lugares de Asia, Latinoamérica y África. Un ejemplo es el concurso Aji Challenge de 2013, promovido por el MIT y que permitió que tres grupos de chilenos presentaran en el Media Lab proyectos como panales de abejas que elevan la producción de miel en un 50%.

¿Cuánto les importa en el Media Lab la mirada internacional y abierta?

Es muy relevante, porque el costo de la innovación cada vez es más barato y así es difícil saber con certeza dónde está surgiendo. Necesitamos estar conectados con todos para saber lo que se está haciendo y por eso intentamos crear una red. No podemos pensar en soluciones para otras regiones quedándonos sentados en Boston. Una de las claves de la modernidad es que cada vez haya menos innovación generada desde los países desarrollados y mucho más diseño y trabajo entre diferentes países.

nuevos medios e invirtió en las primeras fases de desarrollo de Twitter y Flickr. Pero también fue un reconocido líder de clan en el popular juego en línea World of Warcraft y hoy se da tiempo para ser instructor de buceo, nadar con tiburones e integrar el directorio de la Fundación Mozilla, que maneja el navegador Firefox.

Ito, cuya familia se mudó a Canadá y luego a Michigan cuando no tenía más de tres años, se ríe cuando se le pregunta por teléfono sobre su dispersión profesional y dice que su gran problema es que siente “interés en casi cualquier cosa” que se le cruza. Pero cree que esta misma obsesión por aprender de todo fue clave para llegar al codiciado puesto de director del Laboratorio de Medios del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), cargo que ocupa desde 2011 tras superar a 250 candidatos. El famoso Media Lab de Boston es uno de los centros de investigación más prestigiosos del mundo y desde su creación, en 1985, ha desarrollado varias tecnologías de punta. Entre sus éxitos está la tinta electrónica que permite el funcionamiento del Kindle, el software que dio vida al videojuego musical Guitar Hero y los primeros hologramas. Incluso, la interfaz gestual que usaba Tom Cruise en Minority Report fue diseñada por investigadores de este centro del MIT, quienes abrieron su propia empresa llamada Oblong y ofrecen el servicio para realizar presentaciones a empresas como Boeing.

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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