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fontaineJuan Andrés Fontaine: “La pregunta recurrente entre los observadores internacionales es por qué Chile -que parecía avanzar triunfante por la senda del desarrollo- de pronto parece ir marcha atrás…”

Una economía estancada, que apenas crece al 1% el último trimestre, una ciudadanía desconcertada por el vuelco de la economía y asustada por el futuro de la educación de sus hijos, un debate político cada vez más polarizado; nada de eso es lo que Chile merece. La pregunta recurrente entre los observadores internacionales es por qué Chile -que parecía avanzar triunfante por la senda del desarrollo- de pronto parece ir marcha atrás.

La responsabilidad recae principalmente sobre el Gobierno: su equivocado programa debe ser rectificado. En lo económico, se funda en la idea que ya Chile es suficientemente próspero como para descuidar el crecimiento y priorizar la redistribución. Ello lo llevó a propiciar una reforma tributaria que, aunque morigerada gracias a la presión ciudadana, desalentó la inversión, provocó incertidumbre y subió el costo de vida de la clase media. El alto IPC de octubre -trepó 1% en el mes- en parte refleja las alzas de precios gatilladas por los nuevos impuestos.

En lo social, el Gobierno propicia un nuevo rol para el Estado como proveedor monopólico de bienes públicos, tales como educación. Pero no es eso lo que la gente quiere: de acuerdo a la Encuesta Bicentenario PUC-Adimark, en igualdad de condiciones, un 69% prefiere colegios particulares subvencionados, frente a solo un 24% que se inclina por los municipales. Los considera superiores en rendimiento escolar, disciplina, valores e, incluso, diversidad. Masivamente prefieren también los colegios no religiosos (55% versus 33%), muchos de los cuales, por ser sociedades con fines de lucro, la reforma persigue terminar.

Pero también hay responsabilidad en la oposición, que no ha presentado y defendido con claridad que existe un camino alternativo. Chile debería estar hoy sacando mucho mejor provecho de la actual recuperación de los mercados de nuestras exportaciones agrícolas, forestales y pesqueras. Contamos con inmejorables condiciones de tipo de cambio y tasa de interés para dar un salto adelante. La fuerte caída del petróleo favorece nuestra competitividad.

Cada mes hay nueve mil nuevas empresas que se crean -tres veces más que hace cuatro años-, gracias a las facilidades introducidas en el gobierno anterior. Podemos seguir siendo destino atractivo de la inversión extranjera. Hay una cola de miles de millones de dólares en proyectos de inversión esperando las autorizaciones burocráticas correspondientes. Deberíamos saber estimular esa ola de emprendimiento e innovación desencadenada en los últimos años a buscar soluciones para las limitaciones en energía, competitividad y calidad de la educación con las que hemos topado.

Es tiempo que la oposición saque la voz.

Juan Andrés Fontaine. El Mercurio 16-11-2014

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Un conocido en apuros económicos acudió en busca de consejo a John D. Rockefeller sénior. Su problema era que un individuo que le debía cincuenta mil dólares se había ido a Constantinopla, y él no tenía ningún comprobante o reconocimiento de deuda que le permitiera exigir su pago. Rockefeller le aconsejó:

—Escríbale una carta reclamándole los cien mil dólares que le debe. Seguro que él le contestará diciéndole que está en un error, que no son cien mil, que sólo son cincuenta mil. Y así ya tendrá usted su reconocimiento de deuda.

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Cuando Jean-Baptiste Colbert (1619-1683) se hizo cargo de las finanzas de Francia, hizo llamar a los principales hombres de negocios del reino. A fin de congraciarse con ellos y para ganar su confianza, les preguntó:

—Caballeros, que puedo hacer por ustedes.

—Le rogamos, señor —le contestaron todos a una—, que no haga nada. Déjenos que lo hagamos nosotros.

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