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EN DAMASCO SE PUEDE MORIR DE VARIAS MANERAS

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EN DAMASCO SE PUEDE MORIR DE VARIAS MANERAS
noviembre 13

EN DAMASCO SE PUEDE MORIR DE VARIAS MANERAS

damascoEl Arzobispo maronita de Damasco, Samir Nassar, conversó con la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (AIS) sobre la vida en Siria y las dificultades por las que pasa la población en esa región en guerra.

En Siria la guerra dura ya más de tres años. ¿Cómo se vive en esa situación?

Los problemas aumentan. La economía está muerta. La gente no tiene trabajo. La inflación crece. Nuestra moneda está perdiendo agigantadamente valor frente al dólar. Todos se van empobreciendo poco a poco. La gente se ha gastado ya sus ahorros. Todos necesitan ayuda. Como Iglesia, intentamos ayudar a tantas familias como sea posible; actualmente son unas 300 a 400 familias cristianas. El problema es hacerles llegar la ayuda, pues no deja de ser peligroso: podríamos ser asaltados o secuestrados; pero tenemos que asumir ese riesgo. De lo contrario, la gente se va. Ya hemos tenido que cerrar tres parroquias, porque los feligreses se han ido. Es decir, si no ayudamos al resto que se ha quedado ya no habrá Iglesia en Damasco. Gracias a Dios, AIS nos apoya en estos tiempos difíciles.

El Estado sirio, ¿está en condiciones de prestar ayuda?

No. La gente depende de sí misma; pero, como decía, incluso los que tienen trabajo se empobrecen por la inflación. Además apenas hay trabajo. Especialmente duro es, naturalmente, para las personas de avanzada edad, que hasta ahora contaban con el apoyo de las familias; pero estas tampoco tienen nada. Es decir, que nosotros intentamos ayudar. Tenemos un programa para ayudar a personas de la tercera edad a recibir las medicinas que precisan.

¿Cómo se puede imaginar uno la vida diaria en una región en guerra?

Mire; ahora estamos en el cuarto año de la guerra. Al principio, todos tenían miedo de las luchas, las bombas, los misiles. Ahora se han acostumbrado. La vida tiene que seguir; pero naturalmente intentan tener mucho cuidado. Es mejor estar en casa que en la calle. En Damasco se puede morir de varias maneras; por ejemplo, por francotiradores o coches bomba. Y, por supuesto, por granadas de mano. Pero también se puede morir por falta de medicamentos cuando se está herido. Los hospitales no tienen suficientes medicamentos. Una granada de mano puede matar a tres o cuatro personas directamente y quizá herir a otras treinta o cuarenta. Como consecuencia morirán otras diez, por no poderles atender suficientemente. Y también se puede morir por falta de alimentación; por ejemplo, si usted es diabético y necesita una dieta, que no puede conseguir, morirá antes. La situación de la alimentación es, también en general, mala. Tenemos dos millones de niños que no pueden ir a la escuela; muchas escuelas están destruidas. Y las que quedan, están abarrotadas. Hay unos sesenta alumnos por clase.

¿Cómo es la situación alimentaria? ¿Se puede comprar alimentos si se tiene dinero o no hay nada?

Sí se pueden comprar cosas, sobre todo conservas. Pero lo que falta son alimentos frescos como verduras, queso y carne. El problema, además, es que los alimentos frescos tienen que almacenarse en frío, por el calor. Desgraciadamente, también tenemos problemas con la electricidad; por eso, comemos sobre todo conservas y alimentos conservables, como arroz o lentejas.

¿Tiene la impresión que la guerra y las necesidades han ayudado a que sus fieles profundicen en la fe?

Sí. Hay una vuelta a la fe. La gente reza mucho más. Las iglesias están mucho tiempo abiertas; allí acuden muchos fieles, que frecuentemente se pasan horas rezando en silencio. No tienen nada más que la fe. Están en un callejón sin salida esperando la muerte. Al final de la Misa se despiden porque no saben si se volverán a ver al día siguiente. Hay un ambiente de resignación. Las personas se abandonan a su suerte. Es decir, es una situación muy difícil. Como Iglesia, hacemos ahora no tanto labor pastoral, sino más bien social e intentamos mitigar las necesidades de las personas. Esto es lo único que tenemos actualmente, pues no hay ninguna otra ayuda. La familia es, en realidad, la única institución intacta. La familia es lo que ayuda, comparte y apoya. La identidad familiar está muy acentuada. Sin familia, sería un desastre total.

¿Dispone de cifras sobre cuántos de sus fieles han abandonado Siria?

No. No tenemos estadísticas; pero observamos cómo el número de sacramentos que se administran desciende fuertemente de año en año. En 2012 hubo más bautizos y bodas que en 2013. Ahora, lo que aumenta es el número de entierros. Tenemos que ampliar nuestro cementerio. Antes, nuestros proyectos eran un jardín de infancia o una escuela; ahora es ampliar el cementerio cristiano.

Desde que comenzó la guerra en marzo de 2011, AIS ha destinado un total de 4,15 millones de euros a la población en Siria y a los refugiados sirios de los países vecinos. Tan solo en 2014, la Fundación ha enviado una ayuda de emergencia total de 1.234.700 euros.

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Durante un viaje en avión a Chicago, un amigo del multimillonario Philip Knight Wrigley (1894-1977) le preguntó que por qué seguía publicitando los chicles que fabricaba su empresa si esta ya era la más exitosa en todo el mundo. Wrigley le respondió:

—Por la misma razón que el piloto de este avión deja los motores en marcha cuando ya estamos en el aire.

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El rey español Felipe IV (1605-1665) le pidió al escritor Francisco de Quevedo (1580-1645) que improvisara una cuarteta.

—Dadme pie —le dijo Quevedo.

El rey, creyendo hacer una gracia, le alargó la pierna. Pero el escritor, que siempre fue de respuesta rápida e ingenio agudo, lejos de darse por vencido, improvisó, como le habían pedido, la siguiente cuarteta:

—En semejante postura / dais a entender, señor, / que yo soy el herrador / y vos la cabalgadura.

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