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NO RECTIFICAMOS, RATIFICAMOS

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contreras

Eduardo Contreras, ratificado embajador en Uruguay

La entrevista con el embajador de Chile en Uruguay, Eduardo Contreras, que publicamos en la edición del miércoles 15 de octubre fue reproducida por medios chilenos y generó una polémica, mediática y diplomática.

A raíz de esa situación, el embajador dio a conocer esta tarde un comunicado en el que pide “sinceras disculpas” por las “molestias que involuntariamente se hayan podido ocasionar” con sus declaraciones (ver Palabras vienen).

Pero en lugar de finalizar el comunicado con esas disculpas, Contreras -o quien haya redactado ese mensaje- señala:

“He solicitado a ese medio periodístico (por la diaria) que reconozca y recoja las precisiones y rectificaciones a lo que efectivamente planteé en una conversación estrictamente privada con la periodista autora de la entrevista”.

No corresponde que reconozcamos o recojamos ninguna rectificación o precisión. La entrevista con Contreras se realizó el jueves 2 de octubre en la sede de la embajada chilena en Ciudad Vieja. La hicieron Marina González, periodista de la sección Internacional, y el fotógrafo Sandro Pereyra. Duró una hora y media, y se registró el audio con un grabador a la vista del embajador.

Contreras declaró todo lo que le atribuimos en ese artículo. Fue una típica entrevista periodística en la cual todos los participantes saben (y avalan) que todo lo dicho puede ser publicado; por lo tanto, no es correcto decir que se trató de una conversación privada.

El artículo sigue estando disponible, con todas sus letras, aquí.

La Diaria, Uruguay

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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