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EL PAPA FRANCISCO BEATIFICÓ A PAULO VI

EL PAPA FRANCISCO BEATIFICÓ A PAULO VI

EL PAPA FRANCISCO BEATIFICÓ A PAULO VI

EL PAPA FRANCISCO BEATIFICÓ A PAULO VI

papaEl Papa Francisco beatificó este domingo a su predecesor Paulo VI en una multitudinaria ceremonia en la Plaza de San Pedro, donde se destacó su gran labor evangelizadora y papel como gran timonel de la Iglesia, especialmente durante el Concilio Vaticano II y los años siguientes.

Al pronunciar la fórmula de beatificación, el Papa dijo que “nosotros, acogiendo el deseo de nuestro hermano Luciano Monari, Obispo de Brescia, de muchos otros hermanos en el Episcopado y de muchos fieles, luego de haber tenido el parecer de la Congregación de las Causas de los Santo, con Nuestra Autoridad Apostólica concedemos que el Venerable Siervo de Dios Paulo VI, Papa, de ahora en adelante sea llamado Beato y que pueda celebrar su fiesta, en los lugares y de acuerdo a las reglas establecidas por el derecho, cada año el 26 de septiembre. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

La reliquia del nuevo Beato es una camiseta con su sangre, consecuencia del atentado que sufrió el 27 de noviembre de 1970 en el Aeropuerto Internacional de Manila (Filipinas), cuando una persona con problemas mentales que se había disfrazado de sacerdote se acercó con una daga para herirlo dos veces.

A la ceremonia también asistieron Benedicto XVI y los cardenales Paulo Evaristo Arns y William Wakefield Baum. Los tres fueron creados cardenales por el ahora beato.

El Beato Paulo VI nació en Lombardía (Italia) el 26 de septiembre de 1897 y falleció en Castel Gandolfo el 6 de agosto de 1978, tras un pontificado de 15 años iniciado en 1963.

El milagro que hizo posible la beatificación sucedió en los Estados Unidos en 2001, cuando un feto en el quinto mes de embarazo entró en condiciones críticas por la rotura de la vejiga fetal, la presencia de líquido en el abdomen, y la ausencia de líquido en la bolsa amniótica. El diagnóstico médico preveía la muerte del niño en el vientre materno, o si sobrevivía indicaba inevitables malformaciones.

Aconsejaron a la madre que interrumpiera el embarazo, pero ella rechazó la propuesta del aborto. Acompañada por una religiosa italiana recurrió a la intercesión de Paulo VI. A continuación la situación fue mejorando y el niño nació bien a los ocho meses en un parto por cesárea.

La consultoría médica de la Congregación para las Causas de los Santos, certificó el 12 de diciembre pasado lo inexplicable de la curación desde el punto de vista de la ciencia médica y el 18 de febrero los teólogos del dicasterio reconocieron que el milagro había sucedido por la intercesión pedida a Paulo VI.

El Beato protagonizó importantes cambios en la Iglesia. Algunos de naturaleza ecuménica, como su célebre abrazo con el patriarca Atenágoras en 1964 y el mutuo levantamiento de excomuniones. Otros, de índole pastoral, como haber iniciado la era moderna de los viajes pontificios con visitas a los cinco continentes, así como a Tierra Santa y la ONU. Además promulgó en 1969 la reforma litúrgica.

Las encíclicas escritas por el beato son Ecclesiam Suam (6 de agosto de 1964), Mense Maio (29 de abril de 1965), Mysterium Fidei (3 de septiembre de 1965), Christi Matri (15 de septiembre de 1966), Populorum Progressio (26 de marzo de 1967), Sacerdotalis Caelibatus (24 de junio de 1967), y Humanae Vitae (25 de julio de 1968).

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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