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TOLSTOI, UN HIJO DE LA DUDA

TOLSTOI, UN HIJO DE LA DUDA

TOLSTOI, UN HIJO DE LA DUDA
octubre 02

TOLSTOI, UN HIJO DE LA DUDA

tolstoi«El grito y las respuestas» del novelista que buscaba el infinito pero negaba la naturaleza divina de Cristo

¡Gran soberano!”. Lo más querido que tenemos en el cristianismo es el mismo Cristo”. Era el 1900 cuando Vladimir Soloviëv hacía decir estas palabras a Juan en el diálogo del Anticristo. ¿Pero quién es el Anticristo? Esta es la pregunta que abre la muestra Tolstoi, el grito y la respuesta que presentará en el Eni Café literario del Meeting de Rimini.

No es una casualidad la elección de las palabras de Soloviëv, el cual quizás veía que en el sistema de pensamiento de Tolstoi faltaba esta adhesión simple a lo esencial de la vida.

La muestra no quiere reconstruir la vida y las obras del gran escritor, el deseo ha sido sobre todo el de poder retomar el diálogo con Tolstoi, para dialogar con nuestros contemporáneos”, explica Olga Sedakova, uno de los encargados de la muestra.

La decisión de traer esta muestra nace de la invitación del Papa a ir a las periferias. Periferias representadas también por la distancia de ese centro a la certeza relatada por Soloviëv”, explica Giovanna Parravicini.

Un gigante del pensamiento y de la literatura, un hombre que escribía de sí mismo en Confesión: “Y bien, serás más famoso que Gogol, que Puškin, que Shakespeare, que todos los escritores del mundo, ¿y después? Nada, no puedo responderte”. Y de nuevo: “mi problema personal, quien soy yo con mis deseos, quedaba completamente sin respuesta”.

Un alma, la suya, que “siente tan alto”, por compararlo con otro genio contemporáneo, Giacomo Leopardi, que hasta el final no parece aproximarse a esa certeza, a ese afecto por la persona carnal de Cristo relatado por Soloviëv.

Pero la figura de Cristo está en el horizonte de Tolstoi. “Está en su búsqueda, en el encuentro y en la lectura de las Sagradas Escrituras que toma como propia la estructura moral del cristianismo, llegando a negar la naturaleza divina de Cristo, a quien le degrada a gran pensador de la historia”, explica Francesco Braschi.

De aquí viene un sistema de pensamiento que toma su nombre, el tolstoísmo, que proyecta su sombra sobre los sistemas ideológicos que tuvieron su existencia en el 1900. Un sistema del cual el mismo Tolstoi escapará al final de su vida.

Al grito del gran ruso, en el interior de la muestra, responden otras personalidades que están invictas en este gran maestro del pensamiento. Como la hermana Marija cuya biografía recuerda Anna Karenina, o bien uno de sus jóvenes discípulos, Michail Novoselov, que en una carta apasionada declara que no llega a realizar ese deseo que el encuentro con el maestro despertó. O bien otro gran ilustre contemporáneo, que nunca llega a encontrarlo: Dostoevski.

Un hijo del siglo, un hijo del escepticismo y de la duda”, como escribe en una carta a Natalia Fonvizina, que al final llega a declarar: “Si me demostrase que Cristo está fuera de la verdad, preferiría estar con Cristo antes que con la verdad”.

Y es esta la dialéctica encendida hasta el final, el coexistir de una genialidad del corazón que nunca se vio abrumado por un racionalismo que parecía quererlo negar.

Hasta el final, con la fuga de casa, los tres días de espera fuera de un convento y finalmente, la muerte en la casa.

Una vida que puede ser resumida por estas palabras escritas en Confesión: “Para que un hombre pueda vivir, él debe, o no ver el infinito, o bien tener una explicación del sentido de la vida tal por el que el fin se iguale al infinito”.

FUENTE: ALETEIA

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