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HISTORIA DE LA IGLESIA ROMÁNICA “TRANSPLANTADA” A NUEVA YORK

HISTORIA DE LA IGLESIA ROMÁNICA “TRANSPLANTADA” A NUEVA YORK

HISTORIA DE LA IGLESIA ROMÁNICA “TRANSPLANTADA” A NUEVA YORK
septiembre 25

HISTORIA DE LA IGLESIA ROMÁNICA “TRANSPLANTADA” A NUEVA YORK

iglesiaEn los años 50, la iglesia de San Martín de Fuentidueña fue desmontado pieza a pieza para ser exhibida en los Claustros, en Nueva York

El Románico es un estilo artístico desarrollado en Europa en el período comprendido por los siglos XI y XIII, en los que se emplea de forma exclusiva en arte religioso. En España, este estilo artístico se introdujo gracias al Camino de Santiago y es posible encontrar ejemplos en el norte de la Península.

Paradójicamente, uno de las mejores muestras del Románico de nuestro país no se encuentra en nuestro territorio. Como leemos en la bitácora Meridianos, la iglesia de San Martín, originalmente en la localidad segoviana de Fuentidueña, está actualmente emplazada en Nueva York.

Fuentidueña es una localidad situada al norte de la provincia de Segovia, en un estrecho valle del río Duratón. Su origen se remonta al siglo XI, cuando la provincia fue repoblada tras la reconquista de la margen izquierda del Duero a los musulmanes. El abundante patrimonio del medievo es lo que hace peculiar a esta localidad, y lo que le ha valido la declaración de Bien de Interés Cultural.

Entre los restos de esta época podemos encontrar las ruinas del castillo, el Palacio de los Condes de Montijo y tres iglesias: Santa María, San Miguel y San Martín. Esta última fue desmontada piedra a piedra y trasladada hasta Nueva York en la década de los 50 del siglo pasado.

Actualmente San Martín se exhibe en la sede de los Claustros del Museo Metropolitano. A cambio, España recibió seis pinturas procedentes de la iglesia de San Baudelio de Berlanga. La verdadera iglesia de San Martín es a día de hoy el cementerio de Fuentidueña; una valla metálica recuerda su perímetro.

Pero este templo no es el único monumento que fue trasladado hasta Estados Unidos. El castillo de Benavente, la portada de la iglesia de San Vicente de Frías o la reja de la catedral de Valladolid son algunos de los restos que actualmente se exhiben fuera de su contexto original y que también cruzaron el océano.

El artífice del desmantelamiento de todo este patrimonio fueWilliam Randolph Hearst, uno de los hombres más poderosos de comienzos del siglo XIX. Su afición por acumular objetos del pasado no le impidió saltarse todos los obstáculos legales y así expoliar algunas de las mejores joyas medievales. Su intensa vida fue llevada a la gran pantalla por Orson Welles en «Ciudadano Kane», pero eso es ya otra historia.

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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