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UNA EMPUJADITA:

UNA EMPUJADITA:

UNA EMPUJADITA:
agosto 07

UNA EMPUJADITA:

borrachoentaquillaA las 3.00 a .m., suena el timbre, abre la puerta el dueño de casa y se encuentra con un completo desconocido y borracho diciéndole:

Señor, por favor,¿ me haría el favor de empujarme un poco, que… ?

El señor le interrumpe indignado: Pero como se atreve a tocar a mi puerta a las 3 a.m.!

Yo a usted ni lo conozco y en tres horas me tengo que levantar para irme a trabajar. ¡Deje de molestarme y váyase de mi casa!

El borracho se disculpa y se va obediente y cabizbajo.

El dueño regresa a su cuarto, muy molesto; se queda insomne y empieza a sentir un poco de remordimiento de conciencia y piensa:

Y si me hubiera pasado a mí? Y si mi coche se quedara tirado en medio de la madrugada y nadie me ayudara a empujarlo?

Debemos ayudar al prójimo…. ¡…Sabe Dios lo lejos que estará de su casa… ¡ ¡¡¡¡¡ ….Hay que ser solidario total …!!!!!…

Y se decide a salir a buscar al borracho. .Abre su puerta y ya no había nadie, no vio más que el parque público de enfrente a su casa, que se encontraba medio a oscuras, y decidió gritar:

Dónde está el señor que necesita que lo empujeeeenn?

Y en eso se oye el grito de respuesta a lo lejos del borracho: – ¡¡¡Aquiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!…¡En los columpioooossss!!!!!

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Humor

El cardenal Richelieu (1585-1642) era hombre de pocas palabras. En una de las fiestas en que se veía obligado a participar, permanecía apartado del resto de los invitados y se dedicaba a observar todo lo que sucedía a su alrededor. Notando su soledad, un duque se le acercó y le dijo:

—¿Se aburre, su eminencia?

—No —contestó lacónicamente Richelieu.

—¿De veras no se aburre, su eminencia? —insistió el duque al rato.

—No, estimado duque; no me aburro jamás, a no ser que los demás insistan en aburrirme.

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El escritor satírico español Luis Taboada (1848-1906) publicó en 1890 un tomo titulado Madrid en broma. A todos y cada uno de sus amigos y conocidos les fue diciendo:

—Perdona, chico, si en mi libro te aludo un tanto así... descaradamente. No hay nada de mala intención. El amigo, intrigado, compraba el libro y no veía en el alusión alguna a su persona. En pocos días se agotó la edición.