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PATINES Y RETROEXCAVADORAS

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julio 10

PATINES Y RETROEXCAVADORAS

patinesMe resulta imposible entender este afán de destruir algunas de las instituciones más emblemáticas y de privilegiar la igualdad por sobre otros valores, afirma Rolf Lüders.

EL EJEMPLO de los patinadores y de los pati-pelados -en que para igualar la cancha para todos corresponde quitarles los patines a los primeros- simboliza a la perfección el deseo de algunos de la Nueva Mayoría de ordenar el sistema económico-social de Chile en función de la búsqueda de la igualdad, prácticamente sin considerar los costos que ello pueda ocasionar. El otro ejemplo famoso y complementario, el de la retroexcavadora, simboliza el deseo refundacional por sobre el de perfeccionamiento.

Me resulta -a la luz de nuestra propia historia y de los resultados del funcionamiento de nuestro actual ordenamiento socioeconómico- imposible comprender, sino en términos meramente ideológicos, este afán de destruir algunas de las instituciones existentes más emblemáticas y de privilegiar desmedidamente la igualdad en detrimento de otros valores, como, por ejemplo, el bienestar material y la libertad de escoger.

Por un lado, desde comienzos de los años 80, el PIB per cápita de Chile ha estado convergiendo rápidamente hacia aquel de los países desarrollados, después de más de seis décadas de divergencia. Chile no sólo tiene el PIB per cápita más alto de la región, sino también la lidera en términos del Índice de Desarrollo Humano preparado por el PNUD. Este indudable progreso económico y social, que incluye una notable baja en los índices de pobreza, se fundamenta en un conjunto de instituciones virtuosas hoy universalmente reconocidas, que conforman la economía social de mercado chilena. Por otro lado, contrariamente a la impresión generalizada existente, el país ha estado, al menos desde 1987, creciendo al mismo tiempo que su distribución de ingresos se ha ido igualando (Grupo Res Pública, 95 Propuestas para un Chile Mejor, 2013). Todo sugiere que es perfectamente posible continuar en esta senda sin tirar fuera de borda lo alcanzado.

Deseamos una sociedad más inclusiva, pero interpreto las encuestas recientes que sugieren reacciones mayoritariamente negativas frente a algunos de los proyectos concretos de reforma presentados por el gobierno de la Nueva Mayoría-, como que la población anhela que esa inclusión se logre -como se puede- sin afectar la tendencia de progreso material |y los grados de libertad para escoger que hemos alcanzado.

Es loable el esfuerzo que el gobierno desea realizar para lograr esa mayor inclusión y para mantener, al mismo tiempo, los equilibrios macroeconómicos. No lo son, sin embargo, algunas de las medidas concretas que está proponiendo la autoridad para lograrlo. ¿Por qué no recaudar eficientemente los recursos que se requieren para la educación, de modo tal de evitar al máximo posible una caída del ahorro y de la inversión, que incidirá casi exclusivamente en la masa salarial? ¿Por qué no dotar a los establecimientos de educación pública -los municipales y los privados subvencionados- de recursos significativamente mayores para mejorar de verdad la calidad de su educación, sin una semi estatización que la experiencia sugiere será muy ineficiente? En general, ¿por qué no perfeccionar el modelo en vez de tratar de refundarlo ?

Rolf Lüders

LA TERCERA, 04-04-2014

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Un conocido en apuros económicos acudió en busca de consejo a John D. Rockefeller sénior. Su problema era que un individuo que le debía cincuenta mil dólares se había ido a Constantinopla, y él no tenía ningún comprobante o reconocimiento de deuda que le permitiera exigir su pago. Rockefeller le aconsejó:

—Escríbale una carta reclamándole los cien mil dólares que le debe. Seguro que él le contestará diciéndole que está en un error, que no son cien mil, que sólo son cincuenta mil. Y así ya tendrá usted su reconocimiento de deuda.

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Cuando Jean-Baptiste Colbert (1619-1683) se hizo cargo de las finanzas de Francia, hizo llamar a los principales hombres de negocios del reino. A fin de congraciarse con ellos y para ganar su confianza, les preguntó:

—Caballeros, que puedo hacer por ustedes.

—Le rogamos, señor —le contestaron todos a una—, que no haga nada. Déjenos que lo hagamos nosotros.

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