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LA POLLITUD A SALVO

LA POLLITUD A SALVO

LA POLLITUD A SALVO
junio 26

LA POLLITUD A SALVO

nolaEscribe Ruperto De Nola: “En Colchester, en la sala de espera de un dentista, encontré una vez la siguiente receta en una revista de modas, de la cual tomé nota (o arranqué la página, sepa Dios cómo fue)”.

Un alma caritativa me ha dado convincentes explicaciones del porqué es imposible administrar hormonas a los pollos. Me ha vuelto el alma al cuerpo, porque amo estos bípedos. Es admirable su inverosímil valentía en la berma de los caminos, donde picotean lo que hubiere hasta que el “móvil” –como dicen los “amigos en su camino”- está prácticamente encima y les vuelan plumas con el remolino que causa su paso. Cualquier marcial caballo, en análogas circunstancias, pegaría un brinco, daría un relincho escandaloso, y galoparía desbocado potrero adentro, crines al aire, echando espumarajos por los morros, loco de terror. Dígame si no es cierto.

Además, los pollos me traen el recuerdo de deliciosas enfermedades infantiles, nada muy grave, pero que obligaban al doliente a echarse a la cama con cara de circunstancia, no sólo para recuperar su quebrantada salud sino, lo más importante, para capear las horrendas clases de matemáticas que impartía “El Cubo” en el colegio. Se entornaba los postigos (bendita edad y siglo dichoso en que las ventanas eran verticales y tenían postigos); se hacía silencio en la casa; se traía más almohadas para comodidad de la espalda, del cuello; se proveía al paciente de abundante lectura (con monos, para no cansarle la vista) y, “last but not least”, se le traía, en bandeja ad-hoc, una dieta de pollo deliciosa, con trutro largo, que era la presa favorita de cualquier niño. Ah, la mano de la Herminia para hacer esas dietas, con un poquito apenas de arroz, una papa, una zanahoria… Venía marraqueta, luego una maicenita en leche y, finalmente, se iban y callaban todos para permitir al petimetre disfrutar del ocio salutífero en aquella penumbra suave y propicia al sueño y al ensueño. ¡Enfermedades que no volverán!…

Andando la vida, aparecieron pollos más gordos. También algo más pálidos, pero, en fin, no lo queramos todo. Y comenzamos a disfrutarlos de modo más aventurado que la simple dieta. En Colchester, en la sala de espera de un dentista, encontré una vez la siguiente receta en una revista de modas, de la cual tomé nota (o arranqué la página, sepa Dios cómo fue).

Pollo en leche de coco

Troce un pollo. Quítele la piel. Pique en cuadritos 2 cebollas. Dore pollo y cebollas en aceite. Agregue 1 diente de ajo picado, 1 cdta de cúrcuma, 1 de comino en polvo, otra de jugo de limón, 1 palo de canela de 4 cm, ½ cdta de jengibre en polvo, ½ de pimienta machacada, 3 de semillas de cilantro molidas, pizca de pimienta de Cayena o ají picante. Revuelva todo. Cubra apenas el pollo con agua. Cueza. Mientras, remoje 20 min 2 cdas de coco rallado en 125 ml de leche hirviente; cuele esto y agréguelo al pollo poco antes de estar listo, más 125 ml de crema líquida. Espese a fuego suave. Retire la canela. Sirva con arroz graneado. Comen seis. TyN

Ruperto De Nola

El Mercurio

22 06 2014

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