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LAS RAÍCES CULTURALES DE NUESTRA CRISIS

LAS RAÍCES CULTURALES DE NUESTRA CRISIS

LAS RAÍCES CULTURALES DE NUESTRA CRISIS
mayo 15

LAS RAÍCES CULTURALES DE NUESTRA CRISIS

Tres grandes corrientes impregnan la cultura actual, causa de una lógica de autodestrucción social.

En su reciente libro sobre La Sociedad Desvinculada (Stella Maris) Josep Miro sitúa, pensamos que con acierto, su raíz en la cultura que impregna la cultura actual y hegemónica. Su origen nace de tres grandes corrientes. Una, el liberalismo neokantiano, que define un sujeto independiente de sus objetivos y fines, porque es la única forma de ser libre en una sociedad libre, donde no puede existir ningún propósito colectivo de vida buena (porque sería establecer un fin). Solo lo correcto, lo procedimental, tiene legitimidad. De ahí surge el rechazo colectivo por la existencia del bien que no surja de la simple preferencia, y las dificultades crecientes de las sociedades, de la propia UE, para establecer el bien común. También el nulo interés que posee la verdad en esta forma de pensar, que incluso es percibida como una de las raíces del fundamentalismo; lo importante es el procedimiento que nos permite alcanzar un acuerdo, y no si este es objeto de verdad o no.

Otro flujo surge de la genealogía moral, es decir de Nietzsche. La moral es una máscara que solo sirve a quienes detentan el poder. Lo auténtico no guarda relación con lo verdadero, sino con el obedecer el impulso del deseo, libre de toda cortapisa, de toda mascara que lo limite, porque solo en su satisfacción nos realizamos.

La tercera y más reciente tiene su génesis en el marxismo freudiano, que eclosiona en la década de los sesenta del siglo pasado. La revolución marxista exige terminar con la familia concebida como la institución básica de la burguesía para reproducir su cultura. Para conseguirlo, la revolución sexual precede y es condición necesaria para el triunfo de los desposeídos. El resultado final es que el marxismo se cayó de la ecuación y solo quedóo el sexo. Su evolución a un nuevo paradigma postmarxista, la ideología de género, la nueva concepción totalitaria.

Lo más interesante de todo es que las tres formas de pensar son opuestas entre sí, pero coinciden en generar unas mismas consecuencias prácticas. Esta multiplicidad contradictoria de sentidos contribuye a la confusión, que impregna nuestra sociedad. Algunos, en plan hidráulico, la llaman la sociedad liquida; eufemismos. Las consecuencias son desoladoras. Porque la sociedad desvinculada es incompatible a largo plazo con el modelo europeo basado en la búsqueda de equilibrios cada vez más avanzados entre eficacia económica, equidad y cohesión social, imposibles sin una idea de bien común, la crítica a un individualismo extremo surgido de la desvinculación, la existencia de normas compartidas para alcanzar el bien, la estabilidad familiar, el encauzamiento de los deseos.

España no escapa a la lógica de autodestrucción, al contrario, la vive con intensidad, sin alternativas. El propio Partido Popular, cuando aprueba una ley de privilegios para gais, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales y transgénero, constituye un ejemplo radical de contradicción y ausencia de alternativa, pero peor es el silencio de los medios de comunicación, y de la propia Iglesia, ante tamaño despropósito. T

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14 05 2014

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Durante el mandato de Napoleón Bonaparte se pintó un banco de los jardines del Palacio de las Tullerías (por aquel entonces residencia imperial). Para evitar que alguna de las damas de la corte manchara su vestido al sentarse, ordenó colocar a un soldado de guardia con el propósito de avisar que la pintura todavía estaba fresca.

Cuando la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III se instaló en el Palacio de las Tullerías se percató que había un soldado de guardia frente a un banco del jardín.

Tras observar varios días seguidos que dicho asiento siempre estaba vigilado por alguno de los soldados del palacio, se interesó por el asunto y descubrió que aquella orden dada por Napoleón I cuarenta años atrás ¡nadie se había ocupado de anularla!

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