Temas & Noticias



LA MÚSICA PARA CLARA

LA MÚSICA PARA CLARA

LA MÚSICA PARA CLARA
abril 17

LA MÚSICA PARA CLARA

baezaEscribe Jorge Baeza Asenjo: “biografía novelada del gran compositor romántico alemán Robert Schumann y de su esposa Clara Wieck” salido más que de la pluma de Elizabeth Subercaseaux, “pensamos que de su propia alma”.

Elizabeth Subercaseaux es una destacada novelista chilena, autora de una infinidad de novelas que han tenido una amplia acogida y que incluso han sido traducidas a otros idiomas.

Ahora nos sorprende gratamente con un libro salido más que de su pluma, pensamos que de su propia alma: la biografía novelada del gran compositor romántico alemán Robert Schumann y de su esposa Clara Wieck, eximia pianista y también compositora.

Robert Schumann y Clara Wieck se amaron profundamente y tuvieron una vida que en sí misma es una verdadera novela que la autora supo captar con entrañable cariño y sensibilidad luego de una profunda investigación bibliográfica y varios viajes a Alemania. Mal que mal Robert y Clara son sus ancestros directos.

Pienso que la construcción del libro es muy adecuada pues la autora va dedicando un capítulo a Robert y el siguiente a Clara y así sucesivamente. Los capítulos de Robert transcurren en el sanatorio para enfermos mentales al que ha sido internado y en que el enfermo que prácticamente no se alimenta, pues teme ser envenenado, sólo aspira a salir de esa verdadera cárcel, donde no puede recibir a su mujer y a sus adorados hijos. Los capítulos de Clara corresponden a la etapa de su viudez (vivió 76 años y 40 de viudez), rodeada siempre de algunos de sus hijos e hijas y nietos. Ella se dedica a relatarles lo que fue su vida con Robert, la tenaz resistencia a su matrimonio por parte de su padre, pero al final ellos se casan y tienen siete hijos (varios morirán antes que su madre). Fueron un matrimonio inmensamente feliz hasta la enfermedad de Robert, lo que obligó a su asilo, según ya dijimos.

A la muerte de Schumann, ocurrida a los 46 años, Clara se dedica por entero a difundir la música de su esposo a lo largo y ancho de Europa, sin descuidar por cierto a los otros grandes músicos de la época. El Concierto Emperador de Beethoven era número prácticamente obligado en estas fastuosas veladas que se daban en Berlín, Viena, Praga o Londres, incluso San Petersburgo, donde fue recibida por los zares. No olvidemos que, a la sazón, Clara Wieck era considerada la más eximia pianista de Europa, sólo comparable a Liszt. Lo único que Clara siempre lamentó fue la larga ausencia en que dejaba a sus jóvenes hijos, aunque siempre en buenas manos.

Johannes Brahms jugó un papel absolutamente trascendental en la vida de Robert y Clara. Fue alumno de Schumann cuando Clara tenía apenas nueve años de edad y él era catorce años mayor que Clara, pero ello no fue óbice para que Brahms, con el correr de los años, se enamorara perdidamente de Clara, quien, queriéndolo mucho, supo responderle con una gran amistad. Su amor por Robert no tenía límites. Brahms fue el apoyo incondicional con que contó Clara a lo largo de su vida

Quizás si con el paso de los años este cariño pueda haber tenido ribetes cercanos al verdadero amor. En voz de la autora dice Clara en algún momento de su existencia de viuda “No me cabe duda que una parte de mí lo amaba profundamente y en más de una ocasión pude haberle enviado señales contradictorias.” Brahms nunca se casó.

Antes de terminar conviene recordar que Clara Wieck, dentro del escasísimo tiempo de que disponía, compuso diversas obras para piano, para voz y piano, música de cámara y orquestal.

Clara falleció el 20 de mayo de 1896 y fue enterrada junto a su esposo.

Hermoso libro, muy bien escrito, con amor y sentimiento.

Felicitaciones a la autora. T

Jorge Baeza Asenjo

Abogado

Temas.cl

14 04 14

Social

Powerpoint de la semana

Video Recomendado

Impresionantes Pinturas 3D del Artista Edgar Muller
La risa de Juan Pablo II
Lo que está detrás de la ideología de género (Benigno Blanco)
Loving Vincent - Trailer 2016 (web)

Humor

Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

----------------------------------------------------

Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

----------------------------------------------------