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LA OBRA PÓSTUMA DE UN ESCRITOR IMPRESCINDIBLE

LA OBRA PÓSTUMA DE UN ESCRITOR IMPRESCINDIBLE

LA OBRA PÓSTUMA DE UN ESCRITOR IMPRESCINDIBLE
abril 09

LA OBRA PÓSTUMA DE UN ESCRITOR IMPRESCINDIBLE

libroJosé Luis San Pedro en “Sala de Espera” escribe: «La muerte me lleva de la mano, pero se está portando bien porque me está dejando pensar».

En la sala de espera de la muerte, José Luis Sampedro echa la mirada atrás para relatar sus diez primeros años de vida y reflexionar sobre el destino de la humanidad. La obra póstuma de un escritor imprescindible.

«La muerte me lleva de la mano, pero se está portando bien porque me está dejando pensar». Efectivamente, José Luis Sampedro estuvo pensando, leyendo, anotando y afanándose en escribir hasta el último suspiro. Tenía, en concreto, dos proyectos en marcha: el primero, Los Ríos, y el segundo Sala de espera.

José Luis Sampedro recurría con frecuencia al río como metáfora de la vida, y fue el encuentro entre él y Olga a orillas del río Jalón, lo que le inspiró a escribir el río de su vida.

Empezaron, cada cual por su lado, a escribir retazos de sus vidas, de sus ríos respectivos: el río José Luis confluyendo con el río Olga en su paso por Alhama de Aragón. Lo hacían a hurtadillas, casi en secreto, para preservar el efecto sorpresa cuando llegara el momento de juntarlos.

Tras el fallecimiento de José Luis Sampedro, Olga encontró un texto que llegaba hasta los diez años de la vida de José Luis, y decidió publicarlo, junto con el que ella había escrito de sí misma hasta esa edad. El resultado es un relato conmovedor de dos vidas diametralmente distintas que van a unirse en el río Jalón.

El segundo proyecto, Sala de espera, recoge el sentimiento de rabia y estupor con el que vivió José Luis Sampedro sus últimos años, desde la tragedia de la guerra de Irak hasta la degradación moral de nuestros días. A pesar de quedar inacabado, muestra la honestidad intelectual y emocional de un hombre que se vio obligado a modificar sus ideas sobre los ciclos de la historia y el destino de la humanidad. T

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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