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EL PAPA Y LA REINA DE INGLATERRA

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EL PAPA Y LA REINA DE INGLATERRA

reina

Francisco recibió en audiencia privada a la reina de Inglaterra y al duque de Edimburgo. Fueron 17 minutos de conversación.

 El papa Francisco recibió este jueves 3 de abril en el Vaticano a la reina Isabel II de Inglaterra y su consorte el duque de Edimburgo, quienes llegaron con unos 21 minutos de atraso, procedentes de un almuerzo que la monarca definió como “muy placentero” con el presidente de Italia, Giorgio Napolitano, en el palacio gubernativo ‘Il Quirinale’.

El portavoz de la oficina de prensa del Vaticano, el padre Federico Lombardi precisó que fueron recibidos no directamente por el Santo Padre, sino por el secretario del estado, el cardenal Pietro Parolín; acompañado por el ministro de Relaciones con los Estados, Mons. Mambertí, y por el subsecretario del mismo dicasterio, Mons. Camillieri. En en ingreso del aula interna estaba también el cardenal Cormac, Murphy O’connor, arzobispo emérito de Westminster.

El Papa los recibió en su estudio del Aula Pablo VI, en el coloquio privado que duró 17 minutos, y no treinta como se preveía. En encuentro no fue en el Palacio Apostólico para evitarle a la pareja real, la reina con 87 años y su consorte con 92, tener que caminar hasta la Biblioteca u otra sala interna.

Al concluir encuentro, en la sala contigua, fue el tradicional intercambio de regalos. La pareja real británica le entregó al Papa una canasta grande con “refinados productos comestibles (mermeladas, bebidas, etc.) provenientes de las diversas posesiones reales”, indicó el portavoz.

Por su parte el Santo Padre le envió al bisnieto de la reina, George Alexander una “cruz de san Eduardo” de plata, puesta sobre una billa del típico lapislázuli azul, que le hace de base. Y al duque de Edimburgo el Papa además le regaló un tríptico con las medallas del pontificado.

Francisco le entregó también un facsímil de un precioso documento conservado en el Vaticano, en el cual el culto del rey británico San Eduardo el Confesor, fue extendido a toda la Iglesia. Se trata de un antecesor de la familia real inglesa y fundador de la abadía de Westminster, lugar en el que está su sepulcro.◙

Sergio Mora

Ciudad del Vaticano

Zenit

03 04 2014

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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