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DISCURSOS INMODERADOS A JÓVENES

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enero 23

DISCURSOS INMODERADOS A JÓVENES

discursosEl futuro gobierno de Michelle Bachelet enfrentará el arduo desafío técnico y político de hacer aterrizar las expectativas levantadas por su programa en el terreno de lo posible y conveniente…

Desde trincheras políticas opuestas, un ex senador de la República y un ex ministro de Estado, dirigiéndose a jóvenes militantes de sus respectivos partidos, han incurrido recientemente en conceptos y expresiones carentes del cuidado y los matices que cabe esperar de líderes experimentados y responsables. Habla bien de ellos el que se hayan apurado en presentar excusas públicas por los malentendidos y ofensas causadas por sus dichos, pero el contenido de sus planteamientos y el hecho de que hayan sido efectuados ante audiencias juveniles, posiblemente proclives a abrazar doctrinas exaltadas, denota una tendencia que empieza a apoderarse del discurso político nacional: la inmoderación. Chile ya cayó en ese vicio cincuenta años atrás y pagó caro.

El futuro gobierno de Michelle Bachelet enfrentará el arduo desafío técnico y político de hacer aterrizar las expectativas levantadas por su programa en el terreno de lo posible y conveniente. Cabe esperar que cuente para eso con la colaboración de expertos con visión y experiencia, como, por ejemplo, quienes supieron durante la década de 1990 administrar un proceso que tiene algunas semejanzas con el actual. Por lo mismo, tratándose de un connotado economista de ese equipo y celebrado ministro de Hacienda del Presidente Lagos, no solo la forma, sino también el fondo de las declaraciones de Nicolás Eyzaguirre resultan particularmente desconcertantes.

Aludiendo a un problema real de nuestra sociedad, cual es la falta de movilidad social, Eyzaguirre pasa por alto lo que muchos consideran su causa principal: los defectos de nuestro sistema educacional, en el cual el Estado ha ejercido un rol preponderante. En cambio, desliza que ello obedecería a un intento de las élites por proteger sus privilegios. Tal simplismo no se compadece con la importancia del tema y poco contribuye a resolverlo: parece absurdo que empresas que han debido enfrentar los rigores de la competencia interna y externa, que hoy sobresalen en el concierto latinoamericano, que muchas veces cuentan con socios extranjeros y cuyas acciones se cotizan a elevados precios, vayan a reclutar deliberadamente gerentes poco talentosos, tan solo por sus vinculaciones de clase.

En su polémica alocución, Eyzaguirre se refiere también a las dificultades para financiar la expansión de Codelco y las atribuye a un insólito contubernio entre la UDI y los competidores de la minera estatal, obviando que estos últimos son casi todos multinacionales, difícilmente influenciables por ese partido. La excepción es una minera controlada por un importante grupo nacional, de cuya empresa de televisión el propio Eyzaguirre fue presidente ejecutivo hace unos meses. El ex ministro aboga también contra las leyes de quórum supramayoritario, asemejándolas al voto censitario que nos habría regido durante la Colonia (sic). Por último, exige a sus correligionarios mantener «dos pies en el gobierno y dos en la calle», aludiendo así a una invocación semejante por parte de una dirigente comunista, y ejercer «la presión de la gente»: declaraciones sorprendentes viniendo de quien también fuera alto directivo del Fondo Monetario Internacional, históricamente uno de los blancos más frecuentes de las protestas callejeras latinoamericanas.

La sólida trayectoria del ex ministro lleva a atribuir tales expresiones a un exabrupto y no al fruto de la reflexión serena de quien, al ocupar responsabilidades públicas, demostró comprender con creces los complejos desafíos que ellas involucran y la insuficiencia de las consignas a la hora de abordarlos.◙

El Mercurio

Editorial

22 01 2014

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Humor

El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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