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PROCESO DE NOMBRAMIENTO DE MINISTRO DE LA CORTE SUPREMA

PROCESO DE NOMBRAMIENTO DE MINISTRO DE LA CORTE SUPREMA

PROCESO DE NOMBRAMIENTO DE MINISTRO DE LA CORTE SUPREMA
diciembre 05

PROCESO DE NOMBRAMIENTO DE MINISTRO DE LA CORTE SUPREMA

corteNo es positivo, pues, para el prestigio de la Corte el que las propuestas del Presidente sean sometidas a vaivenes propios de cualquier proyecto de ley o de la discusión política…”

Un nuevo capítulo de tensión institucional se vive con la postergación de la ratificación por el Senado de la propuesta del Ejecutivo para designar al ministro de la Corte de Apelaciones de Rancagua Carlos Aránguiz como nuevo ministro de la Corte Suprema. Cabe recordar que la Constitución dispone desde 1997 que el nombramiento de los ministros del máximo tribunal se hará, además de su origen en una quina elaborada por ese mismo tribunal y posterior selección por el Presidente de entre los nombres incluidos en ella, por aprobación de los dos tercios del Senado.

Promovido en su momento como un mecanismo de legitimación ciudadana y democrática de los ministros así nombrados, el riesgo de agregar elementos excesivamente políticos al proceso de nombramiento se ha venido confirmando penosamente. Si bien en algunos países extranjeros como Estados Unidos los ministros de su máximo tribunal son sometidos a durísimos procesos confirmatorios en el Senado —que incluso pueden llegar a ser, por momentos, agraviantes—, Chile no debe perder la dignidad y sobriedad con que trata a sus magistrados.

No es positivo, pues, para el prestigio de la Corte el que las propuestas del Presidente sean sometidas a vaivenes propios de cualquier proyecto de ley o de la discusión política. Tampoco resultan sanos —ni atenidos a la Constitución— los vetos públicos y anticipados provenientes de senadores, anteriores a la audiencia en que el magistrado expone y es interrogado. Es en dicha audiencia que esa corporación debe formarse convicción. El Senado debe ahí ejercer su atribución con la categoría propia de tratarse de una Cámara Alta, de reflexión, de acuerdos, con visión de Estado y ajena a la fiscalización política.

Es, en consecuencia, lamentable que se dilate la votación en el Senado del ministro Aránguiz, actual presidente de la Corte de Rancagua, de comprobada independencia. En este contexto debe reconocerse la altura con que el senador Letelier (PS) —reelecto por amplia mayoría y procesado en su oportunidad por este mismo magistrado— señaló no tener objeciones al nombre de Aránguiz como futuro ministro de la Corte Suprema.

El sistema introducido en 1997 está dando muestras de notoria inadecuación a las expectativas cívicas. Por cierto, la intervención del Senado en este proceso brinda una irrenunciable oportunidad de escrutinio público, y es incomparablemente mejor que lo dispuesto por la Carta de 1925, en que solo intervenían los poderes Ejecutivo y Judicial, resolviendo lejos del conocimiento ciudadano. Pero tampoco es satisfactorio el procedimiento actual, en el que el gobierno y la oposición de turno negocian indefinidamente durante meses algo que, en los hechos, aparece como un cuoteo de un ministro para cada uno, por turnos, y sujetando todo a las preferencias político-ideológicas que cada coalición le atribuya al magistrado propuesto, a la luz de cómo perciban sus fallos anteriores, sin mayor consideración para con su valía jurídica.

Todo indica que este indeseable fenómeno —que no aporta al prestigio de los poderes del Estado— se ve, además, estimulado por el hecho de que el Ejecutivo no tenga un plazo constitucionalmente fijado para formular su propuesta, una vez que recibe la quina de la Corte Suprema. Si dicho plazo existiese, las negociaciones referidas probablemente se circunscribirían a un marco mucho más razonable. Hay aquí un mejoramiento pendiente, pero ningún gobierno ha querido autoimponerse esta limitación de plazos mientras está ejerciendo el poder. Entretanto, el país debe contemplar cómo el máximo nivel de su judicatura queda entregado a un juego político obviamente lesivo para la confianza ciudadana.◙

El Mercurio

Editorial

04 12 2013

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Humor

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