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NO “BALCONEAR” LA VIDA

NO “BALCONEAR” LA VIDA

NO “BALCONEAR” LA VIDA
septiembre 12

NO “BALCONEAR” LA VIDA

balconear

Hablando con un cura del colegio me dio una definición sencilla: «Son viejas teñidas de fe. La fe no se vive desde el balcón, sino caminando».

«Cuando Papa Francisco dijo: “No dejen que otros sean los protagonistas (…), me sentí joven yo también y pensé en lo bueno que era que esa juventud expectante lo comprendiera y en treinta o cuarenta años recordara sus palabras y analizara los resultados»

“Balconear”, en el lunfardo[1] argentino literalmente quiere decir “mirar desde el balcón”. Es una actitud puramente curiosa, sin participación, como un espectador de los demás que no participa de lo que está viendo. Siempre tiene un comentario crítico sobre lo que no le gusta o le parece mal, pero no se mezcla con la gente.

En los años de nuestra adolescencia y anteriores; en aquellos mismos que el joven maestro Bergoglio era nuestro profesor, nuestro Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe participaba, especialmente, en la procesión de Corpus Christi, junto a otros colegios católicos y la feligresía en general. En esa procesión que discurría por el centro de la ciudad en un largo recorrido, era típico ver muchos balconeros.

En algunas casas, alguna imagen y un par de velas centraban la atención sobre una familia que se dedicaba a saludar a los procesionantes y hacer comentarios entre ellos. En ciertas zonas, una o dos casas por cuadra mostraban a un grupo curioso dedicado a la misma práctica. A mí me extrañaba un poco porque mis abuelos maternos, los que aún vivían, aún veteranos y algo achacosos se incluían entre los miembros de su parroquia y no consideraron nunca la idea de balconear.

Hablando con un cura del colegio me dio una definición sencilla: «Son viejas teñidas de fe. La fe no se vive desde el balcón, sino caminando». Una frase que volvería a mi memoria haciendo el Camino de Santiago en 2010 y que remite a una Iglesia en marcha.

Cuando dijo: «No dejen que otros sean los protagonistas del cambio, ustedes son los que construyen el futuro», me sentí joven yo también y pensé en lo bueno que era que esa juventud expectante lo comprendiera y en treinta o cuarenta años recordara sus palabras y analizara los resultados. Luego sentí esa ternura y admiración por el amigo al ver que “le saltaba el porteño [2] que lleva adentro” cuando les insistió a los jóvenes con eso de: «No balconeen la vida, métanse en ella, como hizo Jesús».

Para Francisco —y es difícil que alguien no lo entienda— el cristiano es un protagonista, no un espectador. En poco tiempo nos ha demostrado que desde el único balcón que se puede participar es aquel de la logia, en que una tarde lluviosa se asomó un Papa del fin del mundo y saludó a quienes lo esperaban con un simple Buona sera se ganó el corazón del mundo pidiendo que recen por él…◙

Jorge Milia

Osservatoreromano.va

30 08 2013

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[1] Jerga típica de la ciudad de Buenos Aires, ampliamente utilizada en el tango.

[2] Adjetivo que se refiere tanto a la ciudadanía como al discurso salpicado del “lunfardo”típico de Buenos Aires.

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Humor

Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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