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LUMEN FIDEI: UNA LUZ ENTRE DOS FAROS

LUMEN FIDEI: UNA LUZ ENTRE DOS FAROS

LUMEN FIDEI: UNA LUZ ENTRE DOS FAROS

LUMEN FIDEI: UNA LUZ ENTRE DOS FAROS

navarroEscribe Rafael Navarro-Valls: “El riesgo es recordarla por el ‘a cuatro manos’ y no por resaltar que la construcción cristiana se apoya en la fe”.

Hay encíclicas que se han hecho especialmente famosas por su contenido. Por ejemplo, la Rerum novarum (1891), que inició una verdadera revolución en la doctrina social de la Iglesia, o la Humanae Vitae (1968) , que ratificó la ilicitud de la contraconcepción a través de métodos artificiales. Otras pasarán a la historia por lo inédito de su génesis. Esto ocurre con la Lumen Fidei, que acaba de ser presentada en Roma. Este texto “a cuatro manos” (un guiño de Francisco a la afición a la música del cardenal Ratzinger) tiene de inédito que sus dos protagonistas viven: un papa emérito y otro reinante. No lo sería, si Benedicto XVI hubiera muerto. Por ejemplo, parece que la primera encíclica del papa Ratzinger (Deus caritas est) utiliza material inédito del fallecido Juan Pablo II. Lo inédito, por tanto, no es que aparezcan papas citados en nota, como fuente, sino que aparezcan como coautores. Así expresamente lo dice Francisco cuando afirma, al comienzo de la encíclica, que Benedicto XVI “ya había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones”.

Es curioso que el primer anuncio de esta encíclica sobre la fe se produjera en pleno Vatileaks, hace un año, en agosto de 2012. Iba a ser un análisis sobre la virtud teologal que faltaba a la esperanza (encíclica Spe Salvi) y a la caridad (encíclica Caritas in veritate ), esto es, la fe. Mucha agua ha pasado bajo los puentes del Tiber desde entonces. La renuncia de Benedicto XVI hacía pensar que se publicaría como un trabajo privado del papa emérito. Sin embargo, prácticamente coincidiendo con el próximo viaje de Francisco a los “boat people” de la isla de Lampedusa, aparece la encíclica revisada por Francisco, pero escrita por Benedicto. Hay quien compara esta acción con la delicadeza de Neymar en el tercer gol frente a España, dejando pasar el balón para que su compañero Fred culminara la acción enhebrada por otros.

De este modo —y como dice Piero Schiavazzi—, estos días dos faros se han encendido en Italia: el primero “una luz sobre la fe”, junto al Tiber, y otro, a favor de los pobres del mar, en las playas de la isla de Lampedusa. Ambos prendidos por el papa Francisco. Todo un símbolo.

Si en el siglo XX, Pío XI batió todos los records en materia de encíclicas: escribió nada menos que 41, Francisco acaba de batir el record del Papa que publica una encíclica en menos tiempo después de su elección: cuatro meses. Más veloz aún que Juan Pablo II, que a los cinco meses escribió su programática Redemptor hominis ¿Es también programática Lumen Fidei ? Sí y no. Lo primero, porque el papa Bergoglio desde que fue elegido viene insistiendo en la centralidad de la fe para cualquier actuación verdaderamente cristiana. Lo segundo, porque para Francisco lo programático de su pontificado, probablemente sea lo que se inserta en la última parte de la encíclica —aquella que parece ser la elaborada por el propio Francisco— y que dice: “La luz de la fe no nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo. ¡Cuántos hombres y mujeres de fe han recibido la luz de las personas que sufren! San Francisco de Asís del leproso; la Beata Madre Teresa de Calcuta, de sus pobres.

Esta encíclica corre un peligro: la de pasar a la historia por su peculiar génesis, y no por su excepcional contenido. Es decir, que se vea más como aquella que fue escrita “a cuatro manos” y no como la que recondujo estos 50 años del Concilio Vaticano II a resaltar el cimiento sobre el que toda construcción cristiana se apoya: la fe. Tal vez por eso, en el acto de presentación se ha insistido en lo que la propia encíclica proclama: que el Vaticano II fue sobre todo “un Concilio sobre la fe”.◙

Rafael Navarro Valls

catedrático, académico

autor del libro “Entre la Casa Blanca y el Vaticano”

Madrid

Zenit

09 07 2013

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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