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ECONOMÍA Y ESTADO

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fuenzalidaEscribe Javier Fuenzalida A.: “Un examen de la extensa relación de los bienes y servicios que presta el estado nos llevará a concluir que el estado es el peor monopolista”.

En las columnas anteriores me referí a los principios de la libre competencia y eficiencia en relación al “mercado político” y el “mercado de la justicia”. Hay otro, el estado como proveedor de bienes públicos y servicios administrativos, asistenciales y otros. La Fiscalía Nacional Económica acaba de celebrar el “día de la competencia” rindiendo cuenta y publicitando normas, procedimientos y estudios con exclusión de los precios cobrados por el estado por bienes y servicios, muchos de los cuales sus costos de producción ya están cubierto en el presupuesto de la nación.

La FNE concentra su supervisión en el cumplimiento del DL 211 en los mercados de bienes y servicios pero omite fiscalizar al propio estado que en diversas situaciones practica conductas de tipo monopólicas. Fija tarifas, tasas y precios superiores a los que mercado cobraría si hubiese competencia en tales actividades. Interpreta el DL 211 como una normativa que rige solo a los mercados de bienes y servicios privados.

La cuenta del FNE señala que al presente se encuentran investigando cerca de 40 casos en que presuntamente hay prácticas sancionadas por la ley. Sin embargo, esa cuenta omite examinar conductas semejantes practicadas por los partidos políticos y sus gestores, del poder judicial y también del ejecutivo. Por ejemplo, la ley le ha concedido a la Dirección General de Aeronáutica Civil el privilegio para fijar los precios, tarifas y tasas, de todas las actividades que se desarrollan en los aeropuertos. Un primer análisis de las inversiones de los costos de operaciones, incluyendo la remuneración de la inversión, revelaría precios monopólicos. Las tarifas en los puertos es otro caso semejante. Los servicios públicos como el Registro Civil cobra por los certificados que se solicitan, siendo que todos sus costos están cubiertos en la ley de presupuesto: remuneraciones, bienes y servicios para las operaciones, depreciación de las instalaciones, servicios contratados con terceros. No hay una justificación de parte del prestador que indique los precios no son monopólicos. Igual cosa sucede con los productos de otras entidades estatales, el INE y sus publicaciones, el Instituto Geográfico Militar, El Banco Central, las diversas superintendencias por los documentos que expende, las tarifas de notarios, conservadores y archiveros fijados sin fundamentación por el poder judicial, costas judiciales, multas de diversos tipos, tasa de intereses penales usurera del SII, honorarios de síndicos de quiebra, derechos consulares. Los copagos que exige el Fonasa, las mensualidades de institutos de educación del estado. Los servicios del SAG, las tarifas y estampilladas del Correo, etc.

Un examen de la extensa relación de los bienes y servicios que presta el estado nos llevará a concluir que el estado es el peor monopolista que existe en el país y que pasa desapercibido porque nadie osa cuestionar el precio de sus servicios.▄▀

Javier Fuenzalida A.:

Profesor, Universidad Finis Terrae

Temas.cl

30 10 2012

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Un conocido en apuros económicos acudió en busca de consejo a John D. Rockefeller sénior. Su problema era que un individuo que le debía cincuenta mil dólares se había ido a Constantinopla, y él no tenía ningún comprobante o reconocimiento de deuda que le permitiera exigir su pago. Rockefeller le aconsejó:

—Escríbale una carta reclamándole los cien mil dólares que le debe. Seguro que él le contestará diciéndole que está en un error, que no son cien mil, que sólo son cincuenta mil. Y así ya tendrá usted su reconocimiento de deuda.

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Cuando Jean-Baptiste Colbert (1619-1683) se hizo cargo de las finanzas de Francia, hizo llamar a los principales hombres de negocios del reino. A fin de congraciarse con ellos y para ganar su confianza, les preguntó:

—Caballeros, que puedo hacer por ustedes.

—Le rogamos, señor —le contestaron todos a una—, que no haga nada. Déjenos que lo hagamos nosotros.

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