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JEAN MERMOZ EN CHILE

JEAN MERMOZ EN CHILE

JEAN MERMOZ  EN CHILE

JEAN MERMOZ EN CHILE

mermozEscribe Francisco Vargas Avilés: “En 1929 el piloto francés realiza los primeros vuelos experimentales a Chile llevando correspondencia con vistas al trazado de la ruta Buenos Aires-Santiago”.

Era una tarde como cualquier otra en un restaurante de la calle Huérfanos, entre Bandera y Ahumada, donde un grupo de amigos se reunían en torno a un hombre de alta y apuesta figura, rostro quemado por el sol, que bebía lentamente mientras sonreía y hablaba en francés. Todos deseaban saber algo más de su travesía de Los Andes pues Jean Mermoz venía llegando en el “Arc- en- Ciel”, avión trimotor, en uno de sus frecuentes viajes a Chile trayendo el correo.

Su relato estaba pleno de emoción y causaba deseos de iniciar una aventura en quienes seguían atentamente sus palabras y gestos expresivos mientras explicaba su paso entre las nubes y las montañas. Eran los tiempos de la aviación heroica y escuchar a estos hombres que cubrían grandes distancias sorteando toda clase peligros, en frágiles aviones, con campera de cuero, casi sin instrumentos, causaba gran admiración.

mermozMermoz había nacido en Aisne, Francia, el 9 de diciembre de 1901. A los 19 años, al ser convocado al servicio militar donde fue interrogado acerca de cual de las tres armas prefería, tomó la decisión que lo marcaría para siempre: la aviación. Tiempo después se incorporó a las Líneas Aéreas Latécoére, formada a partir de aviones sobrantes de la Primera Guerra Mundial, que luego pasaría a llamarse Compañía General Aéropostale. La empresa pronto se expandió hacia América con el circuito Río de Janeiro-Buenos Aires, siendo Jean Mermoz designado Jefe de Pilotos en Sudamérica, iniciando una brillante carrera.

mermozEn 1929 el piloto francés realiza los primeros vuelos experimentales a Chile llevando correspondencia con vistas al trazado de la ruta Buenos Aires-Santiago. Será en marzo de ese año cuando Mermoz dará muestras de la pericia e intrepidez adquiridas tras tantas horas de vuelo: regresando junto con su mecánico, Alejandro Collenot, de un viaje a Santiago, el Late 25 registró una falla. Esto los obligó a aterrizar sobre una cornisa de piedra en plena Cordillera de Los Andes. Pasaron 50 horas reparando el motor, sin alimentos ni vestimenta adecuada para esas altitudes. Llegado el momento, empujaron el aeroplano hasta un precipicio, de manera que con la caída pudieran poner en marcha el motor. Y lo lograron, llegando sanos y salvos a destino.

A principios de 1930, realizó el primer vuelo con aterrizaje en tierra entre Le Bourget, París, y Buenos Aires a bordo del trimotor «Arc-en-Ciel» (Arco iris) en 16 hs 10′, marcando un trascendente paso para la historia del correo aéreo. En 1932, Air France adquirió los intereses de la Aéropostale, lo cual lo llevó a realizar numerosos vuelos transatlánticos experimentales con el hidroavión cuadrimotor Latécoére 300 «Croix du Sud”. En 1934 fue distinguido como Comandante de la Legión de Honor. En uno de estos viajes, precisamente, un 7 de diciembre de 1936, a menos de 300 Km. de Dakar, sobre el Océano Atlántico, llegó el último mensaje del radio operador de su nave: «Falla el motor trasero derecho». De esta manera, finalizaban las innumerables hazañas de Jean Mermoz: haciendo lo que mejor sabía, unir a las personas más allá de toda contingencia.

El coraje y la suerte, que habían alcanzado estos pioneros postales de la aviación para establecer las primeras rutas entre Europa y Sudamérica, y para salir con vida de infinidad de aprietos, no podían ser eternos. Antoine de Saint–Exupéry, su gran amigo, autor de El Principito, experto aviador, se fue quedando solo. Primero fue Mermoz, en 1936, quien despegó en un avión maltrecho para no retrasar la entrega del sagrado correo. Cuatro años después caería otro héroe, amigo inseparable, Henri Guillaumet, derribado en el Mediterráneo, producto de un combate aéreo con un caza italiano. Y el propio Saint-Exupéry, en plena Segunda Guerra Mundial, moriría frente a la costa de Marsella el 31 de julio de 1944 al ser alcanzado su avión por el fuego enemigo.

En Santiago existió un café o fuente de soda llamada “Mermoz”, al costado de un antiguo cine, el Miami, en la calle Huérfanos, lugar donde iba habitualmente. En las comunas de Las Condes y Pudahuel hay dos calles que lo recuerdan. La Alianza Francesa de Curicó lleva su nombre, así como otros establecimientos educacionales del país y el extranjero. En el Casino de Oficiales de la Base Aérea de Colina había una placa en bronce que daba cuenta de su paso por ese lugar, donde estuvo con frecuencia junto a Saint-Exupéry.▄▀

Francisco Vargas Avilés

Temas.cl

03 10 2012

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Humor

El cardenal Richelieu (1585-1642) era hombre de pocas palabras. En una de las fiestas en que se veía obligado a participar, permanecía apartado del resto de los invitados y se dedicaba a observar todo lo que sucedía a su alrededor. Notando su soledad, un duque se le acercó y le dijo:

—¿Se aburre, su eminencia?

—No —contestó lacónicamente Richelieu.

—¿De veras no se aburre, su eminencia? —insistió el duque al rato.

—No, estimado duque; no me aburro jamás, a no ser que los demás insistan en aburrirme.

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El escritor satírico español Luis Taboada (1848-1906) publicó en 1890 un tomo titulado Madrid en broma. A todos y cada uno de sus amigos y conocidos les fue diciendo:

—Perdona, chico, si en mi libro te aludo un tanto así... descaradamente. No hay nada de mala intención. El amigo, intrigado, compraba el libro y no veía en el alusión alguna a su persona. En pocos días se agotó la edición.