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SOBRA ECONOMÍA Y FALTA POLÍTICA

SOBRA ECONOMÍA Y FALTA POLÍTICA

SOBRA ECONOMÍA Y FALTA POLÍTICA

SOBRA ECONOMÍA Y FALTA POLÍTICA

politicaEscribe Andrés Benítez: “El gran problema de este gobierno no es comunicacional. Por ello, más que tratar de andar mostrando logros, es mejor invertir más tiempo en convencer y negociar”.

Con la caída en la pobreza que mostró la encuesta Casen, el gobierno se anotó otro punto en su manejo económico, marcado hasta ahora sólo por éxitos en materia de crecimiento y empleo, entre otros. Se trata de un logro significativo, considerando el terremoto y las alzas en los precios de los alimentos. Todo aquello, sin embargo, choca con una debilidad evidente en el ámbito de generar acuerdos, incluso dentro de su propia alianza, lo que quedó de manifiesto en la negociación del salario mínimo, que sólo pudo ser aprobado vía veto presidencial.

Sobra economía, pero falta política, podría ser la conclusión de todo esto. Una ecuación que es mejor que la situación inversa —mucha política y poca economía—, pero que sin duda atenta contra el desempeño del gobierno. Porque las peleas legislativas y mal ánimo pueden incluso llevar a que los logros pasen a segundo plano. De esta manera, teniendo el flanco económico relativamente despejado, es evidente de que los esfuerzos deben ponerse en el lado político. Y en esto hay mucho que hacer.

Desde La Moneda tiene que venir la primera señal, partiendo por mantener la filas ordenadas en la propia Alianza. Esta es una tarea que debe enfrentar el equipo político completo. No basta con Larroulet y Chadwick, sino que también se extraña mucho la presencia de Hinzpeter en todo esto. El ministro del Interior tiene una labor fundamental en estas materias y debe asumirlas con propiedad, al menos ordenando su propio partido. Sus recientes conversaciones con Carlos Larraín y otros no deben reducirse a los escenarios de crisis, como ahora, sino que ser una labor permanente de su cargo. Pero eso no es todo. Ministros como Allamand y Longueira también deben colaborar más en este aspecto. De pronto se los ve demasiado centrados en sus carteras o en las próximas elecciones, cuando tienen mucho que aportar ahora en la labor política.

Desde los partidos es evidente que también hay mucho que corregir. Lo sucedido con RN en la discusión del salario mínimo es inaceptable. Otras veces ha sucedido lo mismo con la UDI. Ambos conglomerados deben asumir su responsabilidad en todo esto. Ellos pueden exigir lo que quieran, pero debe primar, por sobre todo, un sentido de unidad. Lo demás es simplemente un contrasentido, porque los mayores perdedores son ellos mismos.

Queda poco tiempo para esto, pero se trata de un tiempo fundamental. Estamos a pocos meses de las elecciones municipales, el primer test de fuerza de la derecha y ese debiera ser un incentivo suficiente para actuar en forma más ordenada. Si ello se logra y la economía se mantiene firme, existe todavía una alta probabilidad de que este gobierno siga mejorando en las encuestas y llegue bien posicionado a las presidenciales. Pero si no se mejora el déficit político, también se puede pasar lo contrario.

El gran problema de este gobierno no es comunicacional, como les gusta pensar a muchos dentro de La Moneda. Por ello, más que tratar de andar mostrando logros, es mejor invertir más tiempo en convencer, aunar criterios y negociar, lo que al final no es otra cosa que hacer política. Mostrarse unidos en torno a los logros conseguidos es la mejor campaña de marketing que pueden imaginar.▄▀

Andrés Benítez

La Tercera”

21 07 2012

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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