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CUANDO LA CALLE SUSTITUYE A LA CIENCIA

CUANDO LA CALLE SUSTITUYE A LA CIENCIA

CUANDO LA CALLE SUSTITUYE A LA CIENCIA

CUANDO LA CALLE SUSTITUYE A LA CIENCIA

fuenzalidaEscribe Javier Fuenzalida A.: “No se cuestiona lo que la calle vocifera. Esa calle es muy heterogénea, amorfa, en que mezclan desadaptados, encapuchados, contentos y descontentos, analfabetos y alfabetizados, serios y light, cultos e incultos”.

El desprestigio de la clase política se debe en parte a una mutación intelectual en que, frente a cada idea o proyecto sobre el que hay que tomar decisiones políticas como gobernar, dictar normas, legislar, se mira a la calle y a las encuestas para ver si aumenta la popularidad, y se desecha el conocimiento que subyace en cada caso. No se cuestiona lo que la calle vocifera. Esa calle es muy heterogénea, amorfa, en que mezclan desadaptados, encapuchados, contentos y descontentos, analfabetos y alfabetizados, serios y light, cultos e incultos, y que en su conjunto no aceptan lo que el conocimientos explica sin reparar en las consecuencias.

Se acaba de dictar la ley de las “antenas” que prohíbe su instalación en las cercanías de escuelas, hospitales, hogares de ancianos ¿Por qué? Porque alguien le dijo a la calle que emitían ondas que producen radiaciones nocivos a la salud. Lo curioso es que afectarían solo a los niños que están en la escuela, los enfermos de los hospitales y los ancianos de los hogares de reposo y como se permite en otros lugares, quiere decir que no afectan a esos mismos niños, enfermos y ancianos cuando están en su casa.

¿Se preguntó algún parlamentario o autoridad de gobierno si esas radiaciones son nocivas o pudieran serlo? La OMS señala que no porque las ondas de baja frecuencia de telefonía móvil no causan calentamiento porque traspasan el cuerpo humano. Además el cuerpo tiene su propio sistema de refrigeración. Se dijo que las radiaciones en frecuencia de 2Hz a 200 Hz son peligrosas porque es la misma frecuencia con que las neuronas envían a través de los neurotransmisores sus mensajes y que estos podrían ser interferidos. No hay ninguna evidencia científica alguna sobre tales efectos.

Las matemáticas y la economía han elaborado índices de diferente índole que se basan en el comportamiento de los consumidores, entre ellos los índices de precios como el IPC, promedio ponderado de un conjunto de precios de bienes que suman cerca del 95 % del consumo familiar, ponderados por las cantidades consumidas. El proyecto de ley que modifica las isapres inventó un nuevo indicador el IPC-Salud que mezcla precios con cantidades resultando un híbrido que es un índice de gastos y que la Superintendencia de salud lo está publicitando engañosamente como índice de precios y que las Isapres ya lo están utilizado como tal, sin serlo, y antes que la ley lo haya aprobado.

Las políticas ambientalistas dan por un hecho, no comprobado, que el calentamiento global no es un fenómeno astrofísico sino que es antropogénico, en circunstancias que el IPCC, organismo que ha estudiado el tema, reconoce que la información que posee es de tal precariedad que aun se requieren mas complejos estudios para explicar el fenómeno. Es mas, los datos ni siquiera sirven para hacer proyecciones confiables, y sus conclusiones se basan en “escenarios” sobre el futuro, basado en supuestos que reflejan el comportamiento humano. O sea, habrá un calentamiento global porque el escenario así lo supone. Petición de principio, lo menos científico que hay.▄▀

Javier Fuenzalida A:

Profesor, Universidad Finis Terrae

21 06 2012

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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