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GRACIAS POR HABERLA ELEGIDO

GRACIAS POR HABERLA ELEGIDO

GRACIAS POR HABERLA ELEGIDO

GRACIAS POR HABERLA ELEGIDO

elegidoPero quizá lo más importante es que esa madre “siempre está”. No porque siempre esté en casa, sino porque tiene la cualidad de la disponibilidad. Se puede estar sin estar disponible, pero no nos engañemos: no es fácil estar disponible si no se está.

Hace unos años, un anuncio publicitario nos presentaba a un adolescente que daba referencias sobre su madre. Hablaba de ella de la siguiente manera:

“Nací en el 86. Desde entonces todos le creamos unas ojeras que no oculta. Ella dice que son producto del amor. Su carrera se ha basado en la persuasión. Me convenció de que las verduras me pondrían los ojos verdes. Imaginación no le falta, no. La llamas, y está, siempre está. Por eso no me he convertido en el imbécil que podría haber llegado a ser. A veces grita, sí, pero cómo no va a enfadarse alguien que lleva toda la vida comiéndose el filete con más nervios. Pero le saca partido a todo. Es un genio. Debería darle las gracias a mi padre por haberla elegido.”

Pocas cosas tan hermosas se pueden decir de una madre. Quizá el objetivo de todas las madres, y todos los padres, sea llegar a escuchar algo semejante de boca de sus hijos, no para propio engreimiento, sino para comprobar que sus esfuerzos han valido la pena. Aunque no es menester escucharlo para saberlo, pues los hijos son el reflejo del estilo educativo de los padres.

La madre de este adolescente ha conseguido tres cosas que van unidas: autoridad, prestigio y admiración.

Esas “ojeras”, “fruto del amor”, manifiestan dedicación intensa a sus hijos, un amor incondicional que lo supera todo, un desvivirse por los demás que deja esas marcas en la cara. Su arma ha sido la motivación (la persuasión). No ha utilizado el socorrido “ordeno y mando”, sino que ha sabido convencer a cada hijo de la conveniencia de hacer algo o de cambiar de actitud. Esa arma la ha cargado con balas de imaginación, capaces de tocar ese resorte interior que cada cual tenemos oculto.

Pero quizá lo más importante es que esa madre “siempre está”. No porque siempre esté en casa, sino porque tiene la cualidad de la disponibilidad. Se puede estar sin estar disponible, pero no nos engañemos: no es fácil estar disponible si no se está.

Ella ha sabido sacar lo mejor de cada hijo, ha cumplido a la perfección el objetivo educativo de la autoridad. El chico reconoce que “gracias a ella no se ha convertido en el imbécil que podría haber llegado a ser”. Esta confesión manifiesta que la madre supo situar a su hijo en un futuro alternativo al que él mismo podría esperar. Por eso, la llama “genio”, porque, como por arte de magia, es capaz de cambiarlo todo, de hacer que lo frío sea cálido, que lo amargo sepa dulce y que “las verduras pongan los ojos verdes”; además, con su varita mágica, le saca partido a todo.

El hijo justifica que su madre se enfade, que grite de vez en cuando, porque lleva toda la vida sacrificándose por los demás, “comiéndose el filete con más nervios”, dejando para sí los peores bocados. Es generosa porque, para ella, ella no cuenta: cuentan sus hijos.

El chico acaba con uno de los piropos más hermosos: “Debería dar gracias a mi padre por haberla elegido”, que pone de manifiesto que la educación de los hijos no empieza cuando nacen, sino mucho antes.▄▀

blogfamiliaactual

04 05 2012

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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