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DAMASCO: EL MIEDO Y LOS SUSURROS

DAMASCO: EL MIEDO Y LOS SUSURROS

DAMASCO: EL MIEDO Y LOS SUSURROS

DAMASCO: EL MIEDO Y LOS SUSURROS

damascoEn la capital Siria se respira una aparente normalidad a pesar de los disturbios que tienen lugar en otras ciudades del país.

El ejército sirio inició una operación en la ciudad de al-Rastan, foco de numerosas protestas durante meses.

Según informaron residentes huyendo de la ciudad, tanques y vehículos acorazados entraron en al Rastan, donde se escuchan explosiones y tiroteos. Dos civiles habrían resultado muertos.

Mientras tanto, tras meses de restricciones a los medios, el gobierno finalmente concedió permiso para entrar y reportar en el país a la periodista de la BBC Lyse Doucet, quien escoltada por un funcionario del gobierno describe cuál es la atmósfera que se respira en la capital.

Las calles de Damasco todavía están atestadas de tráfico. El casco antiguo, con sus estrechos callejones, no ha perdido su encanto e incesante trajinar de transeúntes.

La muchedumbre todavía circula sobre las adoquinadas calles pobladas de puestos de venta cubiertos, que exhiben desde pañuelos para la cabeza hasta lo último en entallados pantalones jean.

Pero trascendiendo esta aparente normalidad, está claro que la ciudad está tensa, y su gente preocupada por un futuro incierto.

Los negocios van mal, muchas fábricas tan sólo están pagando el 65% de los salarios y han despedido a parte de sus empleados.

“Estamos sufriendo y sabemos que las cosas van a empeorar antes de que acabe”, dice uno de los más prestigiosos empresarios sirios quien, como muchos otros, sólo habló de forma anónima.

PREOCUPADOS POR EL FUTURO

Casi no hay turistas en lo que fue un destino predilecto para viajeros. Algunos de lo que en los últimos años abrieron exquisitas boutiques en hoteles dicen ahora que quizás se verán forzados a cerrar.

“Estoy preocupado por los días que se avecinan, preocupado por el negocio, el dinero, nuestra vida aquí. Espero que se solucione pronto”, nos dice un vendedor.

“¿Cómo lo arreglará? Adoro al presidente Bashar al-Assad, pero no le dimos solo una, sino cientos de oportunidades para llevar a cabo cambios”.

Otro hombre parado junto a una pila de sacos de arpillera llenos de frutos secos nos grita que los medios extranjeros estamos mintiendo.

damasco“No están diciendo la verdad sobre Siria. Todos aman al presidente. Unas 23 millones de personas lo adoran”, dijo furibundo.

Cuando le preguntamos sobre las protestas en otras ciudades del país, admitió que al menos a “10.000 no les gusta”. Luego añadió una frase repetida por el gobierno señalando que se trata de “bandas armadas”.

En un país donde hablar sobre política en público es peliagudo, los únicos que querían hablar abiertamente eran aquellos que mostraban su apoyo al presidente, quién tomó el poder de su padre Hafez al-Assad tras su muerte en el año 2000.

Pero es imposible saber qué piensa realmente la gente en medio de tanta tensión. Un hombre que insistió en que “no hay ningún problema” rápidamente cambió de tono en cuanto nuestro escolta desapareció de la vista. “No puedo decirles lo que pienso realmente”, susurró furtivamente.
No hay fuerzas de seguridad a la vista en el centro de Damasco, pero se sabe que policías de paisano deambulan por todas partes. De hecho, empezamos a notar algunas caras familiares.

La dura respuesta siria a las protestas, incluyendo la reintroducción de las milicias desplegadas en los años 80, han evitado que manifestantes ocupen una estratégica plaza en el mismísimo corazón de la ciudad.

“UNA FAMILIA”

damascoPero se han dado varias protestas y choques violentos, incluyendo asesinatos planificados en algunos suburbios.

Cualquier atisbo de disidencia en la capital es rápidamente suprimido por las autoridades.

Algunos desafiaron a las autoridades también cerca del centro, pero incluso el más tímido asomo de una bandera o cartel ha sido suprimido en cuestión de minutos.

Se pueden ver algunos coloridos carteles proclamando que “el diálogo es el único modo de resolver nuestros problemas”.

En una tienda acristalada, vemos una colección de souvenirs con el rostro de Bashar al-Assad, que incluye llaveros, platos de cerámica y pegatinas con el slogan “Yo amo a Bashar” o “orgulloso de ser sirio”.

“Es la verdad”, dice nos dice un vendedor.

El café an-Naufara, situado junto a la gran mezquita Ummayad, todavía está abarrotada día y noche con gente bebiendo café y fumando en narguiles.

Incluso su tradicional cuenta cuentos sigue ahí, narrando historias épicas sobre héroes de la antigüedad árabe.
“Todos los sirios son una familia y tenemos un buen futuro”, dijo el cuenta cuentos Shadi Rashid al-Khallah cuando se le preguntó sobre lo que sucede en Siria.

“Pero esta historia todavía tiene que ser escrita y es difícil de contar”.▄▀

Lyse Doucet
BBC Mundo
27 09 2011

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