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EL COMPROMISO DE LOS CIUDADANOS EN LA VIDA PÚBLICA (I)

EL COMPROMISO DE LOS CIUDADANOS EN LA VIDA PÚBLICA (I)

EL COMPROMISO DE LOS CIUDADANOS EN LA VIDA PÚBLICA (I)

EL COMPROMISO DE LOS CIUDADANOS EN LA VIDA PÚBLICA (I)

compromisoIntervención de Josep Miró i Ardèvol en la mesa redonda realizada en el marco de las Jornadas de Verano de la Universidad de Navarra, en Torreciudad.

El titulo me plantea la necesidad de comenzar con una pregunta cuya respuesta puede servirnos de marco de referencia sobre lo substancial, y lo substancial es el ser cristiano. Pero ¿qué es ser cristiano?, como se preguntaba Hans Urs von Balthasar en su pequeño gran libro. Cristiano es quien sigue a la persona de Cristo y afirma en razón de la fe que le ha sido dada su Encarnación, Muerte y Resurrección. Su naturaleza de Dios vivo Redentor de la especie humana.

Un católico es obviamente un cristiano, que posee unas características diferenciales. Afirma que sólo en la Iglesia Católica se encuentra la verdad revelada, sin menoscabo de la libertad del Espíritu de Dios que sopla donde quiere. La Iglesia es el lugar privilegiado instituido por Jesucristo para vivir la fe en un espacio y tiempo concreto, gracias a los sacramentos, el primado de Pedro, la sucesión apostólica, la continuidad histórica desde los tiempos de Jesús, y la asunción de los Evangelios, de la Sagrada Escritura, leídos desde la Tradición y el Magisterio.

Todo esto es muy sabido, pero en tiempos de confusión, como tan bien explica MacIntyre en Tras la Virtud, puede ser útil recordarlo para establecer el marco de referencia, aunque sea de forma sumaria e incompleta como yo he hecho, porque es desde él, desde este marco, que resulta posible emitir juicios, adoptar criterios, tomar decisiones coherentes con la fe que decimos profesar, y la adscripción a la Iglesia a la que decimos pertenecer. Naturalmente hay otros marcos, otros criterios, con los que dialogar y buscar respuestas para las necesidades humanas, pero desde ellos ya no se habla desde la fe. Es otra cosa.

Establecido el marco en el que debe insertarse toda consideración que se autodefina como católica preciso:

El sentido de la política desde la exigencia católica, es decir, la participación activa como ciudadano de todo católico

En el plenario del CPL del año pasado desarrollé el tema ‘Católicos en la política. ¿Cuáles son las exigencias, las necesidades, los desafíos?’ Voy a utilizar aquel mismo esquema resumido, añadiendo algunas alusiones referidas a nuestra realidad política.

Partía entonces y también ahora de exigencias que Benedicto XVI formuló en su audiencia, que nos concedió a los miembros del Consejo Pontifico para los Laicos, en Noviembre del 2008. Enuncio unas de muy concretas.

Coherencia con la fe que profesa. Se participa en la política desde el sentido de fidelidad y pertenencia a la Iglesia; la consigna política nunca puede imponerse a lo que establece el Magisterio. Ésa es la grandeza y el desafío principal del político católico. Por eso, su patrón es Tomás Moro. Habrá muchos temas donde tal exigencia no opera, pero existen otros donde sí se da de pleno. Señalo tres —que no son las únicas— sobre los que viene insistiendo el Papa. La defensa del matrimonio entendido como la unión entre un hombre y una mujer. La defensa de la vida desde la concepción a la muerte natural, y el derecho de los padres a la educación moral y religiosas de sus hijos.

Un católico no puede asumir en silencio, y menos colaborar, con la ley del aborto que suprime radicalmente el bien constitutivo por excelencia, la vida; el matrimonio homosexual, la discriminación de la educación diferenciada, el adoctrinamiento moral a través de una asignatura obligatoria, o la imposición en la escuela pública de una determinada concepción de la sexualidad humana, por citar unos caso concretos e importantes.▄▀

Josep Miró i Ardèvol
Forum Libertas
20 07 2011

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El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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