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¿QUÉ GUSTO TIENE LA SAL?

¿QUÉ GUSTO TIENE LA SAL?

¿QUÉ GUSTO TIENE LA SAL?
junio 09

¿QUÉ GUSTO TIENE LA SAL?

sal

En Buenos Aires combaten el salero. Y usted ¿sala sus alimentos?

Salar o no salar, esa es la cuestión. El Gobierno de la Provincia de Buenos Aires firmó un acuerdo con los gastronómicos y panaderías para ayudar a reducir el consumo de sal en los comensales. El acuerdo no es ley, no es obligatorio y los productores pueden adherir o no, sin ser sancionados por ello. En restaurantes, no habrá más sal en las mesas, sino que se le deberá pedir al mozo. En panaderías, el compromiso pasa por reducir las cantidades del mineral en la producción de pan. ¿Esa es la cuestión?

Me aburre mencionar los efectos nocivos de la sal, que son más que conocidos por una población que sigue eligiendo salar de más sus comidas. A esta altura, y con el altísimo manejo de información diario, el que quiera mirar para otro lado, que mire y sale. El asunto no sólo se mete en los gustos y salud propios (temas siempre incómodos) sino en la línea divisoria entre lo público y privado. ¿Qué le importa al Estado cuánta sal consumo yo? Lógicamente mucho, sobre todo si después tiene que gastar sus recursos en atenderte. Además, las políticas de Salud Pública, bien entendidas, pensadas y debatidas, deberían ser aceptadas con cierta alegría. El problema es que acá, los que no van a estar nada alegres van a ser lo mozos, que van a tener que llevar y traer los saleros de la cocina a la mesa y viceversa.

Si Carlitos Balá no sabía qué gusto tiene la sal, se ve que estaba bajo una estricta dieta por hipertensión, porque es muy fácil encontrarse consumiendo productos con demasiada sal. No en términos médicos, sino simplemente para el paladar.

Creo que, si bien este esbozo de norma del Gobierno debe ser adoptado (sobre todo la parte de las panaderías, ya que en promedio, el 25% del consumo de sal de una persona proviene del pan), es necesario pensar realmente por qué consumimos tanto este producto:

-La diferencia de distinción entre “salado” y “gustoso” casi desapareció. Y si lo hizo, es porque el sabor de muchos productos de consumo diario también casi desapareció. Tomates, pollo, queso… Hace cuánto no pruebo uno de estos productos con sabor fuerte y real que no esté tapado (a conciencia) por la sal. De hecho, creo que nunca llegué a saber cuál es el verdadero sabor de un tomate, y en casa es casi un mito alimentado por mi padre y mi abuela Titi: “Te acordás de los tomates de antes…” seguido de “Pero si ahora no se pueden ni comer”. En cualquier momento, “¡Callate, tomate larga vida!” se erige como máximo insulto familiar.

-Automatismo. Falta de conciencia de los actos. No hablo de algo muy grave, sino que el otro día vi a una señora ponerle sal a la pizza de Güerrín y me pareció que ni se daba cuenta de lo que estaba haciendo. Entender profundamente que lo que comemos realmente ingresa en nosotros y termina formando parte de nuestro cuerpo (¿Con cuántas porciones de Fugazza estará hecho mi corazón? ¿Cuánto de mi cutis le debo a la Muzza?), es empezar a comer conscientemente.

-Falta de tradición en el uso de especias. Culturalmente, no somos un país que condimente (excepto algunas pocas regiones) y nos falta todavía aprender mucho sobre cómo agregar sabor sin agregar sal. No quiero pecar de medicinal, pero así como se sabe de lo malo de la sal, no se sabe de lo bueno de otros ingredientes, y es una lástima. Respeto mucho a cocineros mainstream como Juliana López May que de a poco nos van introduciendo en ese mundo, taaan lejano para porteños come-milanesas-con-papas-fritas-con-sal como yo.

Como siempre, en estos casos, los únicos que dirán la verdad son el tiempo y los corazones (afectados). Mientras tanto, mis únicas recomendaciones son visitar la dietética del barrio en busca de nuevos condimentos interesantes y ponerle cara extra-simpática al mozo cuando le pida la sal.
Usted, lector ¿sabe demasiado bien qué gusto tiene la sal o prefiere otros sabores?
MonSendra

Mon Sendra estudia Psicología en la Universidad de Buenos Aires, pero lo que más le gusta hacer es tomar el té con masas, dibujar y leer. Está en constante lucha interna para lograr no ponerle extra-sal a las papas fritas.▀

Guía Óleo
Argentina
09 06 2011

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Humor

Durante un viaje en avión a Chicago, un amigo del multimillonario Philip Knight Wrigley (1894-1977) le preguntó que por qué seguía promocionando los chicles que fabricaba su empresa si esta ya era la más exitosa de todos los tiempos en todo el mundo. Wrigley le respondió:

—Por la misma razón que el piloto de este avión deja los motores en marcha cuando ya estamos en el aire.

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Al devolver un original no solicitado a un autor novel, el sabio estadounidense Samuel Johnson (1709-1784), sin más miramientos, le dijo:

—Su manuscrito es a la vez bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena.

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