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HUNGRÍA Y SU CONSTITUCIÓN VALIENTE

HUNGRÍA Y SU CONSTITUCIÓN VALIENTE

HUNGRÍA  Y  SU  CONSTITUCIÓN  VALIENTE

HUNGRÍA Y SU CONSTITUCIÓN VALIENTE

cuervoEscribe Luis Fernández Cuervo sobre la nueva Constitución húngara para la cual el matrimonio es entre un hombre y una mujer y defiende la vida del que está por nacer.

En medio de tantas malas noticias con que amanecemos cada día, resulta muy grato enterarse de que Hungría, pequeño país europeo de sólo 10 millones de habitantes, tiene una nueva Constitución donde se protegen la vida y las libertades y valores humanos fundamentales. Sustituye con ésta a su vieja Constitución comunista, mal adaptada, con parches, para un estilo de vida democrático.

Digo que esta nueva es una Constitución valiente porque su espíritu y sus principios legales están muy lejos de los intereses que mantiene en Europa la insistente cultura de la muerte. Por lo tanto el griterío mediático no se ha hecho esperar y algunos se han atrevido a denunciarla de violar los “estándares europeos”. Griterío que proviene de un partido socialista húngaro minoritario y que aumentan los lobbies de gays y lesbianas, Amnistía Internacional y los semiocultos poderes del imperialismo antinatalista.

La nueva Constitución, aprobada por una amplia mayoría del Parlamento (384 votos a favor, 44 en contra, una abstención y 77 que se salieron sin votar), proclama el respeto a la vida humana desde la concepción, el valor central de la familia, el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación y “el papel del cristianismo en la pervivencia de la nación.” Los sondeos de opinión también le dieron un apoyo mayoritario.

Los socialistas acusan al primer ministro, Viktor Orbán, de ser el artífice “autoritario” del texto aprobado. Mejor sería que acusaran a los votantes, al pueblo, pues el partido de Orbán obtuvo una aplastante mayoría.

En el preámbulo —al revés de la mano peluda que lo suprimió en el de la Constitución europea— se reconoce “el papel del cristianismo en la pervivencia de la nación” y subraya “que la base de la existencia humana es la dignidad humana”. Esos dos párrafos reflejan la lúcida y dolorosa experiencia de un país que estuvo sometido largamente a la tiranía comunista, aniquiladora de toda dignidad. Añade que protegerá “la institución del matrimonio como una comunidad de vida entre un hombre y una mujer y la institución de la familia”, dice que “la familia y la nación constituyen el marco principal de nuestra convivencia y que nuestros valores fundamentales son la fidelidad, la fe y el amor”. También que “la vida del feto deberá ser protegida desde el momento de la concepción”. Es más que suficiente para el griterío insultante de los que entienden la libertad de pensamiento y acción sólo cuando se está de acuerdo con sus consignas y su modo de vida.

Si alguien pensara que en ese texto hay algún artículo “contra algo” estaría muy equivocado. Todo en él es positivo, está lleno de sentido común, de experiencia de siglos y de humanidad. Ante la realidad de un índice de fertilidad suicida (como en toda Europa) de sólo 1,3 hijos por mujer, lejos del 2,1 (crecimiento cero), en vez de suprimir la vieja ley que permite el aborto a petición hasta la duodécima semana de embarazo, el gobierno promueve una campaña para reducir el número de abortos animando al valor de la vida. Sus anuncios son muy comprensivos y realistas: “Entiendo que no estés preparada para tenerme, pero podrías darme en adopción, ¡Déjame vivir!”.

Sin embargo las asociaciones feministas alegan que eso viene a decir que el aborto es un asesinato… lo cual es una realidad con todo peso científico y ético. Lo que habría que preguntarse es por qué la cultura de la muerte lo sigue promoviendo y por qué presiona y chantajea a los países pobres para que acepten esa barbaridad.

Sería una ingenuidad pensar que son dos modos antagónicos de filosofar: ésta Constitución, que merece el aplauso y apoyo de toda persona civilizada y la cultura de la muerte. No, esta última no es un modo honesto de pensar; es pura falsedad, va contra la naturaleza, la moral natural, y la experiencia de siglos. No es humana. No tienen verdad, sólo tiene intereses, políticos y económicos. Algunos de ellos son mezquinos, otros son criminales y todos atentan contra la libertad de las conciencias, el amor verdadero y la felicidad humana. Por eso sus ideas no se basan en la inteligencia, no tratan de convencer, sino de vencer. Son una violencia contra la razón con su tremendo poder millonario para dominar la opinión pública mundial y entontecer a las masas. Esta anticultura controla las instituciones globalizantes (Fondo de Población, UNICEF, OMS, PNUD, IPPF, OEA, UE, etc.) pero su derrota será su desaparición, no en una guerra sino por el suicidio demográfico que conlleva, donde ya está sumida toda Europa, varios países de Hispanoamérica y donde es una creciente amenaza para EE. UU. por el mayor número de hijos del componente hispano y asiático.

Hungría no quiere morir. Y eso lo plasma con sabiduría en su flamante texto constitucional.▄▀

Luis Fernández Cuervo
El Salvador
luchofcuervo@gamail.com
31 05 2011

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Paseaban por el campus de la Universidad de Princeton el matemático Oswald Veblen y el periodista del Manchester Guardian J. G. Crowther.

– Allí viene Einstein, debe Ud. conocerle, dijo el matemático.

Se acercaron y Veblen lo presentó como “el corresponsal científico del Manchester Guardian”. Einstein se inclinó y dijo:

– El Manchester Guardian es el mejor periódico del mundo.

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– ¿Qué rumores?

– Corre el rumor en Fleet Street de que se ha vuelto loco.

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– ¿Qué quiere decir?

– Le conocí hace poco y me dijo “el Manchester Guardian es el mejor periódico del mundo”.

– ¡Oh!, - contestó el ejecutivo- es evidente que nuestra información es incorrecta.

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