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ANDREI SÁJAROV TAMBIÉN FUE ACADÉMICO EN ASUNTOS DE DISIDENCIA

ANDREI SÁJAROV TAMBIÉN FUE ACADÉMICO EN ASUNTOS DE DISIDENCIA

ANDREI SÁJAROV TAMBIÉN FUE ACADÉMICO EN ASUNTOS DE DISIDENCIA

ANDREI SÁJAROV TAMBIÉN FUE ACADÉMICO EN ASUNTOS DE DISIDENCIA

sajarov

Andrei Sájarov
© RIA Novosti. Vladimir Fedorenko
Andrei Sájarov, que el pasado 21 de mayo, habría cumplido 90 años, fue un cúmulo de contradicciones.

Para comprobarlo, basta leer el primer párrafo de su biografía en cualquier enciclopedia: “eminente físico nuclear ruso, disidente del régimen soviético y defensor de derechos humanos, Premio Nobel de la Paz en 1975…” .

Sorprende que todo ello se refiera a una sola persona.

LA VIDA COMO LUCHA

Es cierto que en el curso de su vida el académico Sájarov experimentó un verdadero proceso de evolución. La visión que tenía del mundo en 1953, cuando participó en la creación de la bomba de hidrógeno, fue muy diferente de la que tuvo en 1980 cuando fue forzado al exilio a la ciudad de Gorki (actual Nizhni Nóvgorod).

Pero también hay evidencias de que ya en 1955 participó en la vida pública de forma muy activa. Entonces, firmó entonces una carta abierta escrita por científicos contra la escuela científica falsa promovida por el académico Trofim Lisenko.

El joven físico, galardonado por varios premios y órdenes ya, no temía perder su trabajo, arriesgar su profesión y carrera por defender sus ideas.
La verdad es que el riesgo de perderlo todo no era tan evidente, porque tras la muerte de Stalin en 1953 la autoridad de Lisenko se vio muy floja y por primera vez surgió la posibilidad para criticarle.

Pero Sájarov no se contentó con aquello, y se convirtió en el disidente No. 1 en la Unión Soviética.

A pesar de que a veces este papel se asigna a Alexander Solzhenitsin, que en realidad, ante todo, fue escritor. Precisamente entre la intelectualidad soviética, Sájarov fue el más notable defensor de los derechos y luchador contra el régimen.

Escribió cartas a los líderes del Estado y redactó comentarios políticos que distribuyó por todo el mundo. Se pronunció contra los procesos judiciales contra otros disidentes, contra la pena de muerte, contra los ensayos del arma nuclear y la guerra en Afganistán.

Esta última protesta suya sirvió al gobierno soviético y a la KGB de motivo para ordenar su exilio. Fue entonces cuando intentó realizar varias huelgas de hambre y se vio ingresado en un hospital donde le alimentaron por la fuerza mediante una sonda en el esófago, lo que fue toda una tortura.

PREMIOS, MÉRITOS Y TÍTULOS

Algunos comentarán que, con todo y esto, Sájarov tuvo suerte, porque en los tiempos de Stalin le habrían mandado al campo de concentración. Esta relativa suerte se deberá a que el nombre de Sájarov ya fue conocido y respetado en todo el mundo.

En lo que al título se refiere, cuenta una anécdota, que una vez al académico eminente Petr Kapitsa le invitaron al Politburó del Comité Central del PCUS para preguntar si se podía despojar a Sájarov de su título académico. Kapitsa contestó, no sin ironía, que existía sólo un precedente: cuando después del año 1933 la Academia de Ciencias de Alemania privó de títulos a todos los académicos de nacionalidad judía.

Cuentan que precisamente después de ello, nadie intentó desposeer de su título al académico Sájarov.

Por eso, todas las enciclopedias soviéticas debían tener artículos sobre Andrei Sájarov, pero con una frase añadida al final del texto “últimamente se alejó de la actividad científica”.

Sí, le dejaron el status del académico. Pero, según una orden del Presidio del Soviet Supremo y la del Consejo de Ministros, le privaron de todos los demás títulos: tres títulos del Héroe del Trabajo Socialista, el del laureado con el Premio del Estado (conocido antes como Premio Stalin, que había recibido en 1953), con el Premio Lenin, y con la Orden Lenin.

Este intento de anular de manera retroactiva los méritos ante la ciencia soviética se vio absurdo y humillante. Sin embargo, el propio científico atribuyó poca importancia a aquella vanidad de vanidades.

UN CÚMULO DE CONTRADICCIONES

Independientemente de la actitud hacia el contenido de los trabajos publicistas de Sájarov, no se puede sino reconocer que en ellos renunció, conscientemente, al cargo de académico soviético en el paraíso comunista por seguir fiel a sus ideas hasta el final, portándose como un noble romántico y altruista.

A principios de los 80 no temió persecuciones. A fines de la década, resistió la tentación de tender la mano a Mijaíl Gorbachov. Siempre decía lo que pensaba y lo que consideraba oportuno, en las ruedas de prensa, en las entrevistas a los periodistas occidentales y desde la tribuna del Congreso de los Diputados del Pueblo de la URSS.

En cuanto a las ideas del académico, son todo un cúmulo de contradicciones, donde la perspicacia de un genio se entrelaza con las fantasías utópicas.
Ya en 1974 predijo la invasión de la internet en su artículo “Mundo en medio siglo”: “En una perspectiva, quizás, más larga de 50 años, supongo la creación del sistema de información mundial, que hará accesible para cualquier hombre en un minuto el contenido de cualquier libro, cualquier artículo, que permitirá recibir cualquier certificado. (…) A diferencia del televisor, este sistema prestará a cada uno la libertad máxima en la elección de la información y exigirá una actividad individual”.

UN MONUMENTO A ABERRACIONES

Pero el mismo académico Sájarov redactó un proyecto muy alejado de la realidad titulado “Constituciones de la Unión de Repúblicas Soviéticas de Europa y de Asia” . El artículo 17 del dicho proyecto es una buena ilustración de lo extrañas que fueron a veces sus ideas: “El ingreso de una república en la Unión de Repúblicas Soviéticas de Europa y Asia se realizará a base de un Acuerdo de la Unión en conformidad con la voluntad de la población de la república, de acuerdo con la decisión del órgano legislativo superior de la república.

Las condiciones adicionales del ingreso de esta república en la Unión se formularán en un Acta Especial de acuerdo con la voluntad de la población de la república. No se tratará de ninguna unidad de división nacional y territorial que no sea una república. Aunque la Constitución de la Unión no lo prevé, una república puede ser dividida en varios municipios administrativo-económicos”.

También proponía hacer igualmente fácil el proceso de la salida de una república de la Unión: “El derecho fundamental y de prioridad de cada nación y república será en derecho a autodeterminación”. Así, el académico estaba convencido de que Georgia tendría todo derecho de salir de la Unión, así como la Osetia del Sur y Abjasia, de Georgia.

Andrei Sájarov se guió por ideas más elevadas, convencido de que todo hombre, como él mismo, era capaz de superar los intereses mercantiles y conflictos étnicos y de que diferentes pueblos serían capaz de unirse en una gran familia.

Pero no tomó en consideración que los habitantes de Georgia, por poner un ejemplo, o de otras formaciones nacionales, no compartían con él sus ideales.
Estas tesis tan suyas muestran una vez más que el académico Sájarov era una persona singular y nunca tendría iguales.▄▀

Nikolai Troitski
Ria Novosti
31 05 2011
La opinión del autor no coincide necesariamente con la agencia rusa Ria Novosti

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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