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PALIZAS PARA EL PERRAJE

PALIZAS PARA EL PERRAJE

PALIZAS PARA EL PERRAJE

PALIZAS PARA EL PERRAJE

lillianEscribe Lillian Calm: Me carga criticar por criticar, así es que debo reconocer primero que ambos vuelos LAN fueron excelentes: puntuales e incluso muy suaves.

Para ser veraz, debo reconocer que no fue en la Plaza Italia de Santiago como represalia por no pronunciarme contra Hidroaysén, ni tampoco en Valparaíso por haber aplaudido el desfile de los guardiamarinas en homenaje a las glorias navales. Diría que las dos fuertes palizas que me pegaron fueron menos ecológicas.

¿A qué me refiero con esas dos palizas de las cuales recién me estoy recuperando? Simplemente a haber cruzado el charco (Atlántico, debe leerse) en un avión de itinerario Santiago-Madrid y Madrid-Santiago.

Me carga criticar por criticar, así es que debo reconocer primero que ambos vuelos LAN fueron excelentes: puntuales e incluso muy suaves. De la atención a bordo tampoco me puedo quejar, pero aún estoy molida por haber tenido imperiosamente que aprisionarme en un espacio minusculísimo, mi asiento, que se hizo más minúsculo aún cuando el pasajero de adelante reclinó su respaldo y yo tuve que repetir la operación con el mío.

Es que yo viajo con el perraje, es decir, en la mal llamada clase turista, lo que equivale a quinta clase. No me da para ejecutiva ni muchísimo menos para primera, que no conozco… salvo cuando se aterriza y se baja del avión, y se materializa la mala idea de tener que descender por esos pasillos orillados por mullidos asientos donde uno, somnolienta, comprueba lo que se perdió.

Esta vez, antes de que el viaje alcanzara la mitad de su travesía, sentí calambres. Aunque no soy alharaca me acordé, a no sé cuántos metros de altura, de que la inmovilidad produce hasta trombosis y procuré caminar (¡horror si a todos los pasajeros se les ocurriera lo mismo!), y ahí no pude dejar de pispar de reojo a todos esos seres tumbados que de noche parecen perder el pudor en los aviones (yo sólo lo perdí un poco la noche del terremoto, pero estaba en una casa de adobe más que centenaria que se vino abajo).

Ya había llegado extenuada al avión, porque aunque soy una buena caminante, distinto es hacerlo cargando una maleta de mano nada de liviana, y recorriendo no pocos kilómetros dentro del aeropuerto a pie, en tren, en cintas mecánicas, a pie, a pie, nuevamente en cintas mecánicas, a pie, para luego tener más encima que desandar mucho del camino y por una mala señalización retroceder para acudir al famoso tax free, y recuperar algo de impuestos por la gracia de ser extranjera, y luego caer en una segunda revisión del equipaje de mano donde creen que unos rosarios de la beatificación de Juan Pablo II que detecta el visor pueden ser municiones. Les mostré que estaban equivocados, pero me alegró ese trámite. ¡Cuántos pueden pretender llevar rosarios y sólo portan municiones!

Ya en vuelo envidié a los astronautas que tienen su espacio donde flotar a sus anchas. Decía que yo viajaba en el perraje, pero la afirmación no es del todo exacta. Si lo hubiera sido habrían aparecido asociaciones amigas de los animales para remediar la situación. Aquí las ONGs (así parece que se escribe) de derechos humanos, que más bien se mueven por motivaciones políticas, se hacen las sordas cuando se trata de defender los derechos humanos de quienes deben jibarizarse durante trece larguísimas horas sin movimiento alguno posible y, para colmo de los males, pagando por ello.

Por todo esto me ilusioné al leer un artículo de “The Wall Street Journal Americas” publicado en un diario local y titulado “Las promesas de las aerolíneas”. Se alude a “los espacios reducidos en las cabinas de los aviones”, y se anticipa un avión —no entiendo de especificaciones aeronáuticas— que ofrecerá “asientos más amplios”, ya que los fabricantes “también se concentran en dar a los pasajeros más espacio y mayor sensación de privacidad”. Ojala esta vez no sea sólo para “primera” y se evite así que aumenten los trombos en la mal llamada clase “turista”.

Llegamos finalmente a Santiago y, aunque no soy milagrera, reconozco y agradezco que se produjera un milagro portentoso: ¡mi maleta venía en el mismo vuelo que yo!▄▀

Lillian Calm
Temas.cl
23 05 2011

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La joven milenial al enamorado que le propone matrimonio:
-Me encanta lo simple, pero no como marido.
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El político y economista francés Jean-Baptiste Colbert (1619-1683), confesaba que:
—El arte de los impuestos consiste en desplumar el ganso en orden a obtener el máximo de plumas con el mínimo de alaridos.
El jefe de gobierno de la Unión Soviética, Nikita Kruschov (1894-1971) decía:
—Cuando despellejes a tus contribuyentes, déjales algo de piel para que crezca de nuevo; así podrás hacerlo más veces.
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