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TERREMOTO EN JAPÓN, CENTRAL NUCLEAR DE FUKUSHIMA Y APAGÓN DE CEREBROS

TERREMOTO EN JAPÓN, CENTRAL NUCLEAR DE FUKUSHIMA Y APAGÓN DE CEREBROS

TERREMOTO EN JAPÓN, CENTRAL NUCLEAR DE FUKUSHIMA Y APAGÓN DE CEREBROS

TERREMOTO EN JAPÓN, CENTRAL NUCLEAR DE FUKUSHIMA Y APAGÓN DE CEREBROS

japonEl terremoto frente a las costas de Japón tiene también consecuencias más allá de la materialidad, lejos de las ruinas y los muertos. Asistimos a uno de los momentos cumbres de la deshumanización de las almas.

El pasado viernes, 11 de Marzo de 2011, tenía lugar uno de los mayores terremotos desde que los humanos nos ocupamos de medir la magnitud de estos fenómenos naturales. No importa si se trata del cuarto o el quinto más grande, más terrorífico. Ha sido una catástrofe sin parangón para miles de fallecidos y sus familiares. Ha sido una catástrofe para la economía nipona y sus infraestructuras, y lo ha sido en una dimensión tan gigantesca que es difícil prever cuál será la salida de la crisis postseísmo ni cuánto tiempo será necesario para devolver la “normalidad” a la región afectada.

El terremoto frente a las costas de Japón tiene también consecuencias más allá de la materialidad, lejos de las ruinas y los muertos. Asistimos a uno de los momentos cumbres de la deshumanización de las almas (o como quieran llamarlo): millones de televidentes asisten impertérritos —como mucho con un “qué lamentable es todo esto” susurrado al aire— al espectáculo de muerte y putrefacción que nos ofrecen los medios. Uno podría pensar que las calles de todas las ciudades el mundo se llenarían de velas, recuerdos y oraciones por las víctimas, por sus familiares, por quienes lo han perdido todo. Uno podría pensar que las televisiones ocuparían buena parte de sus emisiones para recolectar dinero, bienes, cualquier tipo de ayuda para paliar —si cabe— la desgracia de cientos de miles de seres humanos. Grave error. Lo harán, por supuesto. No me cabe duda. Pero de momento parece que estamos todos hipnotizados con las imágenes de destrucción y muerte. y que hemos apagado nuestros cerebros.

Las ondas del sismo han llegado a todo el mundo y han vuelto a demostrarnos lo sencillo que es apagar el raciocinio de las masas, su capacidad de pensar, de hacer uso de la lógica. A falta de emociones por los muertos anónimos, los medios de comunicación se dedican a cultivar el miedo por nuestras vidas. Atávico, incivilizado, irracional. Las secuelas del terremoto en las centrales nucleares niponas se han convertido en el pretexto perfecto para lanzar una nueva campaña de desinformación. Qué oportuno este terremoto!

Busco en las primeras páginas de los diarios titulares como estos:

• “La ordenación estatal del territorio y las normas de urbanismo no han servido para evitar más de 10.000 desaparecidos, probablemente miles de muertos en las zonas costeras del norte de Japón”

• “La regulación estatal sobre construcción de viviendas se muestra deficiente e incapaz de limitar el número de víctimas durante el seísmo en Japón”

• “Trenes desaparecidos, industrias químicas borradas del mapa, aeropuertos inutilizados, cientos de muertos en las naves industriales del norte de Japón: dónde queda la labor protectora del estado?”

• “Gracias a las magníficas medidas de seguridad en las centrales nucleares japonesas y a pesar de la magnitud del terremoto, las autoridades logran poner a salvo a 200.000 ciudadanos. Continúan los trabajos para evitar escapes radioactivos y limitar su incidencia sobre las personas y el medio ambiente”

….. y no los encuentro.

Nos han apagado los cerebros.

No importa cuantificar los muertos ni cuántas víctimas se hubiesen podido evitar: son inevitables. Sólo nos queda lamentarlas, y mucho. Poco podemos hacer ante la furia desatada de la naturaleza. O casi nada. Del mismo modo que sería absurdo hacer responsable de la muerte de decenas de pasajeros en los trenes desaparecidos a los directores del sistema ferroviario nipón, del mismo modo que seria absurdo renunciar a construir más lineas ferroviarias y más trenes porque un terremoto —un fenómeno inevitable para nosotros— ha causado infinidad de víctimas mientras hacían uso de sus servicios, sí, del mismo modo es absurdo hacer responsable a la industria nuclear de… algún lector sabe ya cuántos muertos ha causado el incidente de Fukushima? Ya ha conseguido la “prensa de calidad” que olvide las razones por las que existe un accidente nuclear clase 4 (lo dice la AIEA) en Fukushima? Nadie le cuenta que mientras el resto de infraestructuras —TODAS— ha quedado completamente destruídas sin dar tiempo a rescatar a nadie, los estándares de seguridad de la central nuclear nipona han permitido poner a salvo a cientos de miles de japoneses?

Nuestro compañero Manuel Fernández Ordóñez, lleva todo el fin de semana escribiendo y respondiendo a quien le quiera preguntar. Pero el titular no es nunca: “las medidas de seguridad han respondido como se esperaba” o “la planta de Fukushima ha soportado sin ruptura del contenedor principal un sísmo de fuerza inimaginable”. No, los titulares son “es posible que se funda el núcleo”.
Dejamos que nos apaguen a todos el cerebro?▀

Luis I. Gómez

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Humor

Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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