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PROVIDENCIA DEBE SEGUIR LLAMÁNDOSE PROVIDENCIA

PROVIDENCIA DEBE SEGUIR LLAMÁNDOSE PROVIDENCIA

PROVIDENCIA DEBE SEGUIR LLAMÁNDOSE PROVIDENCIA

PROVIDENCIA DEBE SEGUIR LLAMÁNDOSE PROVIDENCIA

lillianEscribe Lillian Calm: “Suman y siguen las noticias, pero son tantas que me asusta que se desdibuje entre todas ellas una de la que cada día ya se está hablando menos”

Año a año, los periodistas solemos pensar que en enero y febrero no se dan muchas noticias duras. Craso error. ¡Si hasta nuestro magno terremoto fue en febrero, como tantos otros grandes hechos que se han registrado en meses de vacaciones!

Es que las noticias no se toman vacaciones. Simplemente suceden, y ello hace que en estos meses hasta se suelan desechar importantes títulos de primeras planas por exceso de informaciones exclusivas.

Este enero que termina no fue menor que otros eneros. Además de las noticias propias de la temporada —como los resultados de la PSU— hubo de todo, desde insospechadas irregularidades detectadas por la Contraloría en respetadas instituciones de la República (con el inicio de los sumarios correspondientes), hasta el anuncio de Barack Obama de su próxima visita a Chile, pasando por el aterrizaje del helicóptero presidencial a campo traviesa, rebeliones en Túnez y Egipto, hasta una investigación judicial para determinar, a estas alturas, si la muerte de Salvador Allende efectivamente se debió a un suicidio. Curioso, cuando este hecho ha sido reconocido por su familia y por sus más cercanos.

Pero parece que los tribunales chilenos no están nada de atochados. Por eso no creo que sea muy peregrino sugerir que de paso también se dicten las primeras diligencias para verificar todo sobre la muerte de Diego Portales y si la del ex Presidente José Manuel Balmaceda se debió o no a un suicidio. Ah… y no por ser guerrillero, releguemos las circunstancias que rodearon a la de Manuel Rodríguez.

Pero dejemos el siglo XIX y 1973 atrás. Volvamos al presente. Suman y siguen las noticias, pero son tantas que me asusta que se desdibuje entre todas ellas una de la que cada día ya se está hablando menos, pero que dejó herido severamente nuestro escuálido patrimonio nacional.

Lamentablemente en este país maravilloso no tenemos demasiado de qué vanagloriarnos arquitectónicamente hablando, y ello por culpa de la picota (que algunos empresarios inmobiliarios suelen accionar con maestría) y por una circunstancia histórica: si comparamos la nuestra con la riqueza patrimonial del Perú, por ejemplo, no podemos obviar que nosotros vivíamos en la pobreza de una simple Capitanía General que contrastaba con el acaudalado Virreinato.

Y es por esto que debemos preservar el patrimonio con el mismo celo que ponen tantos en defender la picota. No sólo se trata de organizar días del patrimonio nacional para que se abran al público los edificios heredados de otros siglos. Se requiere asimismo motivar al chileno para que acuda frecuentemente a recorrer otros barrios, como el centro de Santiago, y conozca al dedillo las calles de las Ocho Manzanas y sus alrededores, y sepa por qué llevan el nombre que les dieron.

En el centro hay verdaderas aglomeraciones, pero ¿qué concita el mayor interés? Un mall, una tienda de retail, los mimos de la Plaza de Armas.

Casi en forma masoquista he pasado una y otra vez frente a lo que quedó de la iglesia de las Hermanas de la Providencia que dieron su nombre a esa avenida, y pienso que si todo ese solar desaparece en aras de modernas construcciones, Providencia tendría que ceder su nombre. Dejar de llamarse Providencia para pasar a ser la avenida Telefónica, la avenida IBM o la avenida Torres de Tajamar, por recurrir sólo a algunos íconos que se levantan en algunas de sus primeras cuadras.

El olor a quemado, las vigas destrozadas, los escombros y la torre mocha sobrecogen. El templo y lo que queda de él está bajo la Advocación de la Virgen de los Dolores, me dicen.

Y ahí, devoradas por las llamas, se hicieron cenizas algunas reliquias de la fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Providencia en Chile, la madre Bernarda Morin, pero una religiosa aclaró que su principal legado, afortunadamente, se encuentra en Roma a buen recaudo para su proceso de beatificación.

El recién asumido arzobispo de Santiago, monseñor Ricardo Ezzati, espera recuperar el patrimonio de las Hermanas con el apoyo de todos. ¿De qué todos? Aunque no lo precisó, se entiende que también con el apoyo de los muchos anónimos que dan sin necesidad de burbujas, de flashes ni de cámaras de televisión. Así se ha logrado reconstruir iglesias después del terremoto. Y la de las Hermanas de la Providencia debe darle a esa centenaria avenida, la posibilidad de seguir llamándose Providencia.▄


Lillian Calm
02 02 2011
Temas.cl

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Humor

El cardenal Richelieu (1585-1642) era hombre de pocas palabras. En una de las fiestas en que se veía obligado a participar, permanecía apartado del resto de los invitados y se dedicaba a observar todo lo que sucedía a su alrededor. Notando su soledad, un duque se le acercó y le dijo:

—¿Se aburre, su eminencia?

—No —contestó lacónicamente Richelieu.

—¿De veras no se aburre, su eminencia? —insistió el duque al rato.

—No, estimado duque; no me aburro jamás, a no ser que los demás insistan en aburrirme.

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El escritor satírico español Luis Taboada (1848-1906) publicó en 1890 un tomo titulado Madrid en broma. A todos y cada uno de sus amigos y conocidos les fue diciendo:

—Perdona, chico, si en mi libro te aludo un tanto así... descaradamente. No hay nada de mala intención. El amigo, intrigado, compraba el libro y no veía en el alusión alguna a su persona. En pocos días se agotó la edición.